
"LA FANTASIA QUE TENGO ES HACER UN DIARIO"
¿Es Chiche Gelblung un personaje controvertido? A él no le molesta pelear: dice que todos los periodistas de hoy son unos brutos
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Allá por los años 70, cuando reinaba en los dorados e irrepetibles días de la redacción de la revista Gente, impuso una orden no escrita, pero pavorosamente obedecida: "Nunca dejes que la verdad te arruine una buena nota".
Cuando viajó para cubrir los efectos en el medio ambiente después de que Francia realizó una prueba nuclear en el atolón de Mururoa, como no tenía forma de registrar el episodio compró en un mercado una bolsa llena de pescados, los desparramó en la playa y sacó la foto principal.
En Memoria, hace pocas semanas, se las ingenió para armar la historia de la rata asiática en Puerto Madero. Pasado y presente. Ambos ejemplos apuntalan aquel mandamiento.
Para los redactores consagrados, la máxima, sin embargo, no pasaba de ser una de las tantas salidas de El Ruso. Y así la tomaban. Con los cronistas y colaboradores, en cambio, la cosa era distinta: supuestamente, lo decía en broma. Pero para los más jovenes, esa frase era como el preámbulo del himno gelbluniano. Entonces, era más importante entusiasmar al jefe que contar la verdad.
A estos últimos, Chiche los llamaba La Armada Brancaleone. "Mandá a un branca de guardia a la casa de la Legrand y que se quede a vivir. Si no vuelve con la nota y con la foto, echalo de mi parte", le ordenaba al coordinador.
Los que integraban la Armada eran los gurkas de Gente. Eran los que se comían todas las guardias, los que iban a buscar material periodístico a Ezeiza que enviaban los corresponsales. Eran los que cuando le entregaban una nota recibían, como toda respuesta, esta frase lapidaria: "Llevásela al Pingüino (Alfredo Serra) y que la traduzca al castellano".
Gelblung tiene una intuición salvaje. Muchas de las notas que convertirían a Gente en un fenómeno editorial surgían de su ingenio, de su enorme percepción en el gusto de los lectores. Su forma de manejar la redacción le deparó odios y amores. Si una de sus principales virtudes como periodista y editor era conocer la piel del lector, su peor costado era la arbitrariedad y su tono despectivo. "Nunca leo una nota que empieza con la palabra cuando", le dijo en una oportunidad en la cara a uno de los principiantes. Y no la leyó.
Hubo una vez un caso en que un redactor estrella leyó una nota y le dijo: "Chiche, acá tenés la historia". La leyó y le encantó. El redactor le preguntó: "¿Te gustó? Yo no le toqué ni una coma, todo el mérito es de Fulano". Chiche lo mandó llamar a su novel gurka, le extendió la mano y lo felicitó. Fue en ese momento cuando el apichonado cronista se dio cuenta de que, por fin, había cruzado esa raya invisible, pero dolorosa, que muchos llaman derecho de piso. Y fue en ese momento -no antes- cuando Chiche reconoció que tenía otro pollo en sus dominios.
El hombre tiene esas cosas. Es tal cual aparece en Memoria: transparente e indescifrable a la vez. La charla con Gelblung en las oficinas del canal será extensa. No muy lejos, la hamburguesa gigante, el control remoto, Isidoro Cañones, Mafalda y Patoruzú ("son los iconos de la cultura popular, por eso los pongo", explica) descansan hasta que empiece Memoria, uno de los pocos programas periodísticos que sobreviven en la televisión.
-¿Extrañás la gráfica?
-Y... qué sé yo... A la gráfica la vivo como una gran frustración... Podría escribir, claro, pero no tengo tiempo. Siento una nostalgia muy grande. Extraño mucho.
-¿Cómo fueron los primeros tiempos frente a una cámara de televisión?
-Terroríficos. Los dos primeros años fueron una pesadilla.
-¿A pesar de tu experiencia en el periodismo?
-Mirá, después de 30 años de periodismo gráfico, cuando uno empieza a transitar un medio distinto la gente te para por la calle y te pregunta: ¿Usted qué hacía antes? La gráfica, en ese sentido, es muy infame. Es apasionante, pero es muy injusta.
-Y ganás menos plata.
-Te equivocás. Yo, en la gráfica, proporcionalmente quizá ganaba más plata que con la televisión. Yo siempre gané mucha plata; era uno de los tipos mejor pagos del país. Hoy, en cambio, sí es un problema de dinero la gráfica. Hoy cualquiera que empieza en la gráfica gana manguitos, y cualquier movilero de radio o de televisión gana tres veces más, probablemente con iguales o menores méritos. Salvo dos o tres medios, la gráfica está pasando por una crisis muy compleja.
-¿A qué lo atribuís?
-Algunos diarios tienen menos problemas que muchas editoriales de revistas. La única que está zafando es Perfil. Pero porque fue la que llegó a darse cuenta a tiempo de colgarle cada vez más cosas a sus revistas. El tema es que cambió el mercado. Y los diarios fueron los primeros en darse cuenta de que el mercado estaba cambiando. La Guerra de Malvinas, por ejemplo, fue un golpe demoledor para las revistas. Y, curiosamente, no lo fue para los diarios. A partir de Malvinas, las revistas entraron en una vorágine de decadencia por la crisis de credibilidad que tuvieron: las revistas que compraron el triunfo, después recibieron un golpe decisivo. Hace veinte años, un periodista de revista era mirado con desprecio en los diarios; hoy, los más importantes periodistas de los diarios han salido de las revistas.
-¿Disfrutás más de la radio o de la televisión?
-Me divierte más la televisión. La radio es mucho laburo... No es fácil levantarse todos los días a las cuatro y media de la mañana...
-Puede ser causal de renuncia...
-Y, mirá, es causal de disgusto permanente. Ahora, pasado el período de terror de la televisión, si te va bien, zafás. Pero si te va mal, la televisión no te perdona, es despiadada.
-Vos siempre fuiste un tipo seguro de lo que hacía. ¿Cuál fue el mayor obstáculo que encontraste en la televisión?
-El terror escénico. ¡Qué iba a cambiar yo la dirección de Gente para hacer televisión!, decía. Porque ya en esa época había quienes me querían llevar a la televisión. Para mí era un género menor, sentía como un desprecio... Pero, en realidad, me estaba autoengañando, porque lo que sentía era pánico. Es lo que se llama terror escénico.
-¿Memoria es un título tuyo?
-Sí.
-Hoy parece no responder a ese nombre.
-Te equivocás. Lo que pasa es que antes tenía un esquema más fijo. Memoria siempre fue un programa de actualidad con un título tramposo. El título fue, en realidad, una trampa que le habíamos hecho a Romay. Yo no quería hacer el programa, porque Romay tenía en la cabeza hacer un programa que era la continuidad de Parece que fue ayer, era la competencia de Siglo XX Cambalache. Y yo le dije a Romay: Mire, a mí la nostalgia no me interesa un pito; yo soy un periodista de actualidad. Por ese entonces, Hugo Moser era director artístico y el impulsor de que yo hiciera televisión, y me dijo: Hacé lo que vos sabés hacer y ponele un título que lo tranquilice a Alejandro. Total, me decía Hugo, es verano. En verano nadie te va a dar bola. Romay se va a Punta del Este, ni siquiera va a ver el programa, vos no te calentés. Y ahí surge el título. Y Romay compra. -¿Qué rating tenés?
-Entre 8 y 10 por Ibope y entre 10 y 12 por Mercados. No es un mal rating. Para el canal es muy bueno.
-¿Por qué quedan tan pocos programas periodísticos en la televisión?
-Porque los canales tienen un cierto temor por estos programas. Y no sé muy bien por qué. Creo que Teleshow está rescatando un poco la esencia de lo que es un programa periodístico tradicional. CQC es periodístico, y la gente lo mira. Nosotros tuvimos una gran experiencia con Tucumán y el Operativo Independencia. Fue un programa duro, denso, y la gente se prendió. Tuvimos catorce puntos. La gente responde a los programas periodísticos.
-Una de las críticas que te hacen es que pasás de un tema a otro con la velocidad del rayo.
-Sí, es cierto; y también tenemos críticas peores. Mirá, yo les doy la razón a todos. Nosotros hemos hecho temas únicos, excluyentes, como el caso Cabezas, o Yabrán, aunque no es lo que a mí me interesa hacer. Yo siento a veces que el tema está agotado, al menos en el tratamiento televisivo. Nunca en las dos horas de programa hemos abordado más de tres temas. Jamás. El de Grondona es un programa mucho más denso, más profundo, más académico. Es diferente del mío, sin duda. Lo que yo pretendo es instalar una duda, una polémica, un cuestionamiento antes que resolver problemas.
-La gente, sin embargo, parece querer que la televisión resuelva cosas. Las cámaras ocultas andan muy bien, los informes de Telenoche lo mismo.
-Sí, pero no es lo que a mí me gusta. Yo le tengo terror a la cámara oculta, no comparto esa idea. No es mi estilo.
-¿Por qué?
-Porque Memoria no es un programa de denuncias.
-Muchos te comparan con Mauro Viale.
-No me molesta, para nada. Pero creo que es una crítica injusta. Nosotros estuvimos tres meses con el caso Cóppola, y Viale, un año.
-¿Memoria está entre Grondona y Viale?
-No se puede comparar. Son públicos diferentes. Yo jamás me pondría debajo de Grondona. Son diferentes espectros y diferentes tratamientos. El público de Mariano es más masculino, y el mío, más femenino.
-Recreás noticias. Algo que no es frecuente en televisión.
-Eso es cierto. Nosotros recreamos nuestra propia actualidad. Es la diferencia. Una vez Raúl Naya me dijo una cosa que fue un desafío. Me dijo: El programa es bárbaro, pero tenés un problema, no lo vas a poder sostener más de un año porque no hay ideas para mantenerlo. Yo le respondí: Por las ideas, quedate tranquilo que yo no voy a tener problemas. Cada vez que nos encontramos me dice: La verdad, tenías razón.
-¿Qué fue Gente para vos?
-Hay mucho mito respecto de ese período de Gente en el que varios creen que era la magia de un solo tipo. Yo no me resto méritos, pero era más fácil vender revistas antes que ahora. Hoy vos tenés que poner compact, videos, es como una droga. Y una vez que pusiste eso en una revista, perdiste.
-¿Te gusta XXI, la de Lanata?
-Yo le llamo a eso hipercreatividad. Pero creo que tiene un punto de quiebre que puede jugar en contra. Está como sobreactuada... Creo que lo del agujero está sobreactuado. Yo hice algunas experiencias en La Semana, con tapas sobreactuadas, y no nos fue bien. En la época de la híper pusimos de regalo en la tapa un billete de un peso. Era divertido, muy comentado, pero no vendimos un ejemplar más. Otra vez hicimos una votación en la tapa de la revista cuando Menotti generaba grandes polémicas. Hicimos dos tapas: una de Menotti con la boca tapada y otra con la boca abierta. Menotti tiene que hablar o no tiene que hablar. La gente no lo entendió. La gente no entiende eso. Yo te diría que son divertimientos entre periodistas dando muestras de creatividad. De todos modos, creo que el éxito de hoy de la revista de Lanata se basa en que ha recuperado el viejo espíritu amateur de las revistas. La hace como se hacía Gente hace treinta años.
-¿Cuál fue el pico de mayor venta de Gente?
-Llegó a más de 600.000 durante el Mundial de fútbol del ´78. Claro, era un hecho excepcional. Pero el mayor pico de venta fue una tapa que vendió 430.000 ejemplares y hubo que reeditarla, y que fue la muerte de Picasso.
-Hoy hay otra generación de periodistas. ¿Cómo la ves?
-En aquellos años había cierto grado de bohemia. Yo creo que hoy los periodistas son más incultos; vemos cronistas de peor calidad intelectual (en general); es gente más bruta, menos leída, menos preocupados, escriben peor... No tenés tipos como Tomás Eloy Martínez haciendo periodismo, como Ramiro de Casasbellas, como Osiris Troiani, como Pepe Eliaschev, como Rolando Hangling. Eran muy importantes en el mundo de las revistas. Los periodistas de ahora son todos unos brutos.
-¿Y vos?
-Yo era pésimo escribiendo. A mí me divertía más editar que escribir. Yo, en realidad, empecé a escribir hace seis años, en Ambito. No es lo que más me gusta. Tenía rigor informativo, pero me costaba horrores escribir. Me gusta más la edición.
-Ese rigor que imponías en Gente, ¿lo reeditás en Memoria?
-¡Ehhh...! ¡No me vas a poner como un monstruo!
-Bueno, podría recordarte ciertas cosas...
-Sí, está bien, reconozco que era un tipo jodido, muy exigente. Lo sigo siendo. Pero por eso mismo nunca hago responsable a nadie de los fracasos. Y los éxitos los comparto.
-¿Cómo fue tu experiencia en Córdoba?
-Fue una experiencia atractiva. Un día me llaman para pedirme que me hiciera cargo del diario Córdoba. Llegamos a un acuerdo por seis meses. Era un diario muy costoso. Tenía el doble de páginas que La Voz del Interior. Una locura. Y encima era muy malo. Tenía 282 personas trabajando y vendía 600 ejemplares, o sea que con lo que recaudaba no pagaba medio sueldo de la recepcionista. Era rigurosamente así. Se mantenía porque de algún lado venía la plata.
-Era un desafío.
-Fue una experiencia bárbara; dimos vuelta el periodismo en Córdoba. Un delirio. Ponemos las cosas en relativo orden, y hacemos el lanzamiento. Me acuerdo que reuní a todos y les dije: Miren, yo no sé cómo se hace un diario. Pero sí sé cómo vender diarios. Entonces hice como una química que funcionó: ellos hacían el diario y yo lo vendía. La instalación del caso María Soledad Morales fue mérito del diario Córdoba. Fue el primero que lo tomó como caso. Ni siquiera los diarios de Catamarca le daban esa trascendencia y vendíamos cuatro veces más que todos los diarios de Catamarca juntos. En Córdoba capital estábamos vendiendo 4000 ejemplares. Fue una revolución. Trabajar en ese diario me produjo un quiebre espiritual con las revistas. A partir del momento de conocer la dinámica de un diario, dejé de amar las revistas.
-¿No te seduce ninguna revista?
-Sí, sí, hay notas. Yo veo buenos reportajes en la Revista La Nación , y los gozo. Ahora, si me sacan los pirulines de Dolores Barreiro, ¡qué querés que te diga! En Viva hay algunos informes bien escritos. Pero porque están prolijos, nada más.
-¿Quién fue el mejor redactor que tuviste en Gente?
-Están en bandera verde Rodolfo Bracelli y Alfredo Serra.
-¿Y Renée Sallas?
-Renée es la mejor reporteadora que existe en gráfica. No tengo dudas. Pero no es redactora. En entrevistas, debe haber sido la más aguda. Al menos en mi época de Gente.
-¿Cuántos episodios te produjeron arrepentimiento?
-Mirá, yo no me arrepiento de nada de lo que hice en mi carrera. Me siento absolutamente responsable. Pero cometí errores.
-¿De quién fue la idea de poner en la tapa Gente se equivocó? ¿De Constancio Vigil?
-Yo no hablo de los muertos: la idea fue mía. El que aparecía como director de la revista era yo: la idea fue mía. Yo me hago cargo de mis errores. De cualquier modo, frente a todo el período oscuro de nuestra historia reciente, yo exhibo con más orgullo nuestro producto que lo que muchos otros pueden exhibir, ¿está claro?
-Me gustaría que profundices más ese aspecto, el de la orientación política de Gente, de la editorial, en realidad, en tiempos de la dictadura.
-Mirá, hemos tenido errores, pero también grandes aciertos en ese período, donde era muy difícil hacer periodismo. Muy difícil. Es decir, cuando vos vas a comer a un lugar con una 9 milímetros abajo de una servilleta. Había que hacer periodismo en esa época. Nosotros tuvimos muchos muertos en nuestra redacción, tuvimos montoneros, tuvimos erpianos, tuvimos tacuaras, tuvimos de todo. Gente habrá tenido, yo calculo, entre diez y doce muertos. Tuvimos dirigentes montoneros importantes, como Bonasso. Hay gente que se olvida de su pasado. Yo no me olvido del mío. Te digo, no me arrepiento, pero no me hago cargo de cosas que no hice, como lo de la foto de Balbín.
-Eso pasa porque te asocian muy íntimamente con Gente.
-Sí, hay una asociación con cierto tono de periodismo escandaloso. Me hago cargo de eso. Yo no digo que soy el periodista que nunca ha rozado la zona del escándalo. Yo siempre he caminado en la cornisa. Lo de Sofovich -cuando le pusimos una gorra militar en la cabeza- lo hicimos como un chiste y terminamos en cana. En otra ocasión lo disfrazamos de Dante Caputo a Mario Sapag, lo mandamos a Chapadmalal y lo dejaron entrar; nosotros no calculamos que los policías podían ser tan tontos de no darse cuenta y dejarlo pasar...
-¿Esas son las tropelías de las que siempre hablás?
-Sí, qué sé yo. Con Mirtha Legrand tuvimos veinte años de enojo porque le publicamos una foto que no la mostraba muy agraciada. Lo que pasa es que vos no podés sostener un éxito periodístico sin pelearte con alguien. Un diario que no se pelea todos los días con alguien, no existe.
-¿Mirtha nunca más te saludó?
-Yo sé que me odia, pero nos saludamos, nos damos un beso si nos vemos, tengo gran admiración, estuve en el velatorio de su marido... es otro tipo de ruptura.
-¿Cuál fue tu mejor idea? -La mejor idea que tuve no la pude hacer todavía. ¡Pero no te la voy a contar porque si no me la afanan!
-De hacer revistas, ni hablar entonces.
-No, nunca más. Pero diario, sí.
-¿Es una de tus fantasías?
-Es mi única fantasía. Me encantaría hacer un diario, pero no tengo plata.
-¿Creés que hay mercado para más diarios?
-Siempre hay mercado para todo. Lanata metió cien mil ejemplares con XXI, ¡y mirá que hay que meter cien mil ejemplares! No es fácil.
-¿Te animarías a decir que sos un transgresor, tal vez del mismo tipo que en su tiempo lo fue Nicolás Mancera?
-Sí, me considero un transgresor. Igual que Tinelli. Y no quedamos muchos.
-Vos no te vestís por canje, ¿verdad? Me dijeron que la ropa es otra obsesión, parte de tu personalidad.
-¿Vos viste qué parecen los tipos que se visten por canje? Te sobra cuello, te falta manga, te chinga todo.
MEMORIA I
Yo toqué el timbre de Azopardo 579, donde está Editorial Atlántida, durante seis meses buscando laburo.
"Fontanarrosa, que era el director, me hacía hacer seis horas de amansadora, y yo iba a pedir laburo. El 28 de julio cuando cae Illia dije: Esta es la mía, o me toman ahora o no me toman nunca. Y Portas, que era el jefe de redacción, me manda a la casa del hermano de Illia, donde estaba don Arturo. Había decenas de periodistas, pero nadie podía entrar. Pero yo tenía una ventaja: mis 19 años. Mi ventaja era ser pendejo, y el fotógrafo también. De pronto veo venir un grupo de la Juventud Radical de Avellaneda. Me metí con ellos, y entré con el fotógrafo, que llevaba la cámara escondida en la campera. Estuve dos horas allí, hasta que uno de los tipos me dice: ¿Vos de dónde sos? Yo... trabajo en Gente, le digo. Bueno, me sacaron a patadas, obviamente. Cuando volví a la redacción y conté lo que tenía, no lo podían creer. Al día siguiente empecé a trabajar. Al poco tiempo me hicieron redactor. Fui creciendo profesionalmente, cubrí Vietnam y la guerra en Biafra, entre otros hechos importantes. Al cuarto año de estar en Gente, me ascendieron. Y terminé como director de la revista."
MEMORIA II
Samuel Gelblung (54) se inició en el periodismo a los 19, en la Editorial Atlántida, como colaborador. Hasta ese momento, era "una especie de corresponsal" para un diario de Comodoro Rivadavia.
Entre 1966 y 1981 trabajó en la revista Gente.
Pasó por la Editorial Perfil, entre 1981 y 1982. Tuvo a su cargo la revista La Semana.
Estuvo radicado en España hasta 1985. A su regreso al país, creó una editorial de fascículos pensados para su distribución en diarios del interior.
En 1990 lo llamaron para hacerse cargo del diario Córdoba.
En 1991, Julio Ramos lo incorporó a Ambito Financiero. A partir de 1995 empezó a incursionar en radio y en televisión, en el Canal 9.
Casado desde hace veintiún años con Cristina Seoane (ex modelo, muy conocida en esos tiempos por una publicidad de Cinzano, dirige ahora su propia empresa de publicidad).
Samuel Gelblung tiene tres hijos: Federico (18), María (16) y Magdalena (11).
Nació en Devoto. Vive en Abasto.






