
La Fura dels Baus
El irreverente grupo catalán pondrá en escena su última creación, inspirada en el Fausto de Goethe, entre el 17 del actual y el 4 de julio, en el teatro Lola Membrives
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Nada de nuevo tiene la leyenda fáustica en la que un hombre hace un pacto con las fuerzas del infierno. Desde la literatura popular hasta la monumental obra de Goethe, las versiones sobre el mito se suceden y complementan alimentadas por la insaciable necesidad de los humanos de sumergirse en el mundo oculto.
Lo que sí es nuevo es la versión de la saga que la catalana La Fura dels Baus estrena el jueves 17, en el teatro Lola Membrives.
La agrupación despertó en-los públicos del mundo un raro vicio: ser partícipe de sus espectáculos multidisciplinarios en los que la provocación y la estimulación sensorial eran el eje del juego.
Esto no quiere de ninguna manera decir que la irreverente Fura haya sentado cabeza. Sus integrantes siguen sin ser Vittorio Gassman , a pesar de que el Fusto versión 3.0 se sube a un escenario y está construido con los textos de Goethe.
¿Pero qué se les dio -dirán sus seguidores- por abandonar los estadios y los sótanos? "Esta necesidad surgió después de una trayectoria de algo más de quince años, haciendo un tipo de espectáculo en el que los actores trabajan al mismo nivel que el espectador -analiza Alex Ollé, responsable junto a Carlos Padrissa de la puesta en escena-. Entonces, con el paso de los años, a uno le apetece cambiar, porque estos cambios suponen investigar y, de alguna manera, aportan cosas al propio lenguaje. Todo esto vino también guiado por un encargo que nos hicieron después de las olimpiadas para hacer La Atlántida , de Manuel de Falla, que es una cantata escénica; ésa fue la primera vez que nos metimos sobre un escenario. Luego hicimos otra ópera, El martirio de San Sebastián , de Debussy, y entonces fue cuando le tomamos realmente el gusto."
Por placer o por afán de investigación, lo cierto es que ésta es la primera vez que las huestes fureras se le animan a la palabra escrita. Sus integrantes son virtuosos de lo físico, pero ¿qué pasa cuando hay un texto que decir?
"En la obra hay un disc-jockey y siete actores. De los siete, tres son actores que ya habían trabajado con nosotros, y los otros cuatro son intérpretes de teatro de texto, sobre todo los que hacen de Fausto y Mefisto -dice Alex en tren de delinear el montaje de su Fusto -. Digamos que además de venir del campo del texto, vienen de un tipo de teatro bastante más convencional que el de La Fura. O sea que, entre otras cosas, para el Fusto hubo que ensamblar estas dos formas de trabajar; los nuestros tuvieron que aprender el trabajo con teatro de texto y los otros, una manera más física y energética."
Imágenes
El despliegue corporal de La Fura, entonces, se nutrió de la sapiencia tradicional, pero no abandonó su estética, alimentada de cuanto elemento se podía echar mano. Por eso, el mito goethiano versión furera , "ya tiene todo el aprendizaje que acumulamos en la utilización de imágenes. Aquí se juega con ocho pantallas como las de oficina -explica Ollé-, y entre las ocho hacen una gran pantalla. Cada una de ellas tiene un motorcito que permite girarlas y tenerlas todas negras para los juegos con luces o linternas, y cuando queremos se las da vuelta y quedan blancas y aptas para las proyecciones. Son casi el único dispositivo escenográfico, a partir del cual se crea una multitud de juegos. La gente se sorprende mucho más que si fuese una escenografía teatral, que siempre se ve de cartón piedra. La imagen audiovisual, como el cine, engaña porque parece más viva."
La acción y la palabra
Como es lógico, no fue el ensamble de conocimientos y estilos lo más arduo en el armado de este Fusto . La Fura dels Baus conoce de sobra la mayor parte de los elementos que se pone en juego en el espectáculo. El gran tema fueron los textos. Por suerte, ninguno de ellos se cree Peter Brook.
"El tema de los textos ha sido lo más complicado -confiesa el director-. Si bien el espacio a la italiana ya es difícil para nosotros, tener que hablar fue mucho más dificultoso porque no contábamos con tanta experiencia. Tuvimos el acierto de no pecar de pretensiosos y querer dirigir a actores con texto cuando no lo habíamos hecho nunca. Para eso llamamos a Magda Puyo, que es una directora que tiene un grupo que se llama Metadonas. Ella tiene la virtud de haber destrozado siempre a los clásicos, con un trabajo actoral muy poco convencional, razones por las cuales era ideal para hacerse cargo de la dirección de actores. Por otro lado, para hacer la dramaturgia convocamos a Pablo Ley, dramaturgo y periodista, que se sumó a Magda Puyo para realizar la versión libre. La verdad es que esta obra, ya en el proceso de armado, ha sido una experiencia muy enriquecedora."
Una visión atea
Dios. Mefistófeles. Fausto. El pacto con el demonio. Nada de eso. La Fura dels Baus prefiere otra lectura. "Nosotros tomamos la figura de Mefisto y nos la planteamos desde un punto de vista ateo; es decir, Mefisto no es el demonio, sino la parte oscura de Fausto. De este modo, sin querer ser mesiánicos, planteamos la importancia de llegar a un equilibrio entre las dos partes. Fausto busca la felicidad y por eso dice:"Si algún día llega el instante en que pueda decir: detente instante, eres tan bello, entonces seré feliz". Lo que La Fura dice es que para conseguir aunque sea ese instante hay que hacer un pacto con uno mismo. Ese demonio, en definitiva, lo tenemos todos dentro, Fausto somos todos; es la lucha entre la razón y la emoción."
Para espectadores
Alex Ollé advierte y aconseja: "El espectáculo se ve bien desde cualquier ubicación de la sala, aunque yo recomiendo de la mitad de la platea hacia atrás. Es importante que los lectores sepan que van a ver algo muy atípico en la historia de La Fura; que no esperen ver performances ahí dentro. Sigue siendo un clásico, más allá de que el lenguaje sea actual. Yo nunca lo digo para no alardear, pero es un espectáculo para verlo dos veces. Hay mucha información que digerir y la segunda vez se ven ya los detalles. El público ha respondido muy bien en todo el mundo, aunque, por suerte, siempre hay cinco o seis personas que se levantan y se van. Tampoco me gustaría que todos dijeran: "Mira qué bonito, ahora lo hacen a la italiana, no te escupen y te puedes sentar a verlos. Se han hecho grandes igual que nosotros y ahora los puedes ver sentadito cómodamente". Eso sería patético. Siempre es sa no generar un poco de rechazo."
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