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Historias para conocer

La "isla de los muertos" que espera revivir gracias a la los vecinos de Venecia

Flavia Tomaello
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25 de febrero de 2019  • 18:07

En tiempos de la posverdad, esta no parece ser una tendencia tan actual. A la isla de Poveglia le tocó transitar aguas poco claras que nada tenían que ver con los canales de la Serenissima. Detrás de la pequeña industria alrededor del "noir" veneciano se fundó una historia que ha sido replicada hasta hacerla casi verdad.

Venecia es un archipiélago, un grupo diverso de islas conformado por 118 trozos de tierra más o menos próximos unos de otros. Entre los mitos que rodean a esta en particular, está que en épocas de la peste, durante el Renacimiento, se arrojaban allí cadáveres que podían contaminar más las otras islas. Algunos aseguran que llegaron a dejar allí más de 160 mil cuerpos sin vida.

La región tuvo una segunda oportunidad al haber sido elegida sede de asentamientos religiosos que la habitaron en épocas de debates sobre las sedes papales. En sitios recónditos, a los que el transporte no llegaba por meses, las comunidades religiosas montaron pequeñas colectividades autosustentables. Las invasiones napoleónicas sumieron a Venecia en un caos rebelde: la reina del comercio no deseaba bajar la cabeza frente al conquistador. Entre sus indicaciones figuró la de cerrar todos los templos de inmediato. Los sagaces religiosos con arraigadas ideas del véneto, reformularon sus conventos y los convirtieron en centros de salud. A Poveglia le tocó alojar el geriátrico. La clínica funcionó hasta 1968.

Poveglia hace 30 años, completamente abandonada
Poveglia hace 30 años, completamente abandonada Crédito: Flickr/Luigi Tiriticco

Páginas ocre

En el siglo IX, estaba poblada por unas doscientas familias: el personal del Dux Pietro Tradonico que murió en 864, como resultado de una conspiración. Entonces, los sirvientes se atrincheraron durante cuarenta días en el Palazzo Ducale exigiendo justicia. Fue Orso Partecipazio, el sucesor del doge asesinado, quien resolvió la cuestión: les permitió vivir en la isla y los enriqueció con muchos privilegios. En menos de un siglo, la comunidad de Poveglia se expandió: se construyeron numerosos edificios y la isla se enriqueció con viñedos y salinas.

Hubo un tiempo en que la iglesia estaba dedicada a San Vitale, y mantuvo un famoso crucifijo, que ahora se conserva en Malamocco, y una pintura de Tiziano, pero fue cerrada en 1806 y destruida. Todo lo que queda es el campanario, una vez utilizado como faro cuando la isla alojó buques en cuarentena.

El hospital psiquiátrico abandonado
El hospital psiquiátrico abandonado Crédito: Flickr/True British Metal

Cuatro amigos en un bar

Como ha sucedido con otras islas, el municipio decidió llamar a concurso de explotación. En 2004, el Estado inició un proceso de privatización para conceder la explotación a fin de reducir la fuerte deuda pública surgida, sobre todo, gracias a los -hasta ahora- ineficientes proyectos de impedir el "aqua alta", las inundaciones citadinas que se repiten año a año con el progreso de la marea. Aunque el proceso enfrentaba protestas de los locales, hartos de perder espacio público frente a las construcciones ofertadas a los conglomerados turísticos con aroma a corrupción, la gota rebalsó la paciencia cuando, luego de arribarse a las instancias cuasi finales, trascendió que el proyecto ganador que se había promocionado como un centro de salud, devendría en un spa siete estrellas.

Con el pliego a la firma, un grupo de ciudadanos de Venecia se organizó bajo el nombre de "Poveglia per tutti" (Poveglia para todos), con el fin de detener la concesión, y crearon una cooperativa que tiene hoy más de 5000 socios, con el afán de convertirse en los administradores de una nueva licitación por 99 años, con el único fin de mantener a Poveglia como espacio abierto.

El hospital y la torre de la iglesia en reconstrucción
El hospital y la torre de la iglesia en reconstrucción Crédito: Wikicommons

Es extraño cómo a veces las cosas simplemente suceden. Cuatro ciudadanos en un bar se dijeron "si alguien puede comprar Poveglia, entonces la compramos. Queremos permanecer indignados pero no detenernos en la indignación".

Desde entonces, Poveglia ha sido el centro de una enconada competencia entre la asociación de ciudadanos, el Estado y un empresario local, Luigi Brugnaro, quien en 2015, curiosamente, también fue alcalde de la ciudad.

El diálogo con Propiedad del Estado, entidad administrativa competente, parece un camino cuesta arriba. Lorenzo Pesola, arquitecto, presidente de Poveglia per Tutti, ciudadano de la isla de Giudecca, indica que "las decisiones involucran a un grupo cada vez mayor de ciudadanos y voluntarios de todo el país que quieren cuidar el bien público, pero no pueden hacerlo por oposición de una burocracia sin preparación, un partido y cultura anticuados".

Han reunido 400 mil euros en efectivo que se destinarán a un proceso virtuoso que detendrá el deterioro y hará renacer el espacio para el uso local. "El Estado sólo visualiza las plazas hoteleras en los espacios disponibles", sentencia Pesola. De hecho, la oferta de los ciudadanos se acerca sustancialmente a los 513 mil euros que sugirió Brugnaro.

Todos para uno...

Agrupaciones de vecinos están dando su apoyo para que la isla vuelva a brillar
Agrupaciones de vecinos están dando su apoyo para que la isla vuelva a brillar Crédito: Shutterstock

Los luchadores activistas de Poveglia no se habían desanimado cuando parecía que no lograban su objetivo. Instalaron mesas públicas, tradujeron sus proyectos a más de 5 idiomas, fueron invitados a hacer relato de su historia fronteras afuera. Los rechazos al proyecto eran contundentes. Hasta que el Tribunal de Administración Regional (TAR) hizo caso a la apelación de la organización ciudadana. Según el TAR el Estado, con un exceso de poder injustificado y arbitrario, sería culpable de no tomar en consideración con justificaciones no respaldadas por ninguna ley vigente, la oferta presentada por la Asociación. La mera presencia de un competidor social generalizado ha constituido una especie de disuasión moral contra otros actores privados.

"La verdadera innovación de esta experiencia radica en adoptar métodos de participación y compartir opciones de forma abierta y transparente. El "qué hacer en la isla" surge de un proceso participativo, en el que se valora todo el conocimiento, más o menos experto. Una especie de laboratorio, donde ninguna idea o proyecto es a priori excluido o privilegiado en esta etapa, siempre que respete los principios que nos hemos fijado", especifica su presidente.

La isla que se sueña es la del domingo con barbacoas, picnic y remo. Aquella puesta en una venta de garage como un adorno usado que se está cansado de mirar es, en cambio, para los ciudadanos un sitio que frecuentan y viven como un lugar en su ciudad. Venecia es impensable sin sus islas, sin cada una de ellas, con el tinte que le aportan individualmente. Esa que fue asentamiento, fortificación, refugio de mar... 7,5 hectáreas con campanario y jardines. Una isla que desea volver a abrirse a todos. Su gente está dispuesta a ser garante de esta nueva historia que, por cierto, no se vende.

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