
La mascota del Mundial 94: Stricker
Por Eduardo Tarnassi Para La Nación
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Los aires futbolísticos ya nos han invadido. No podemos dejar de pensar que la Brujita Verón, el Bati o cualquier jugador nos brindarán alegría con sus triunfos, en medio de tantas exigencias internacionales.
Cuando en 1994 se jugó la Copa Mundial en los Estados Unidos (aquella en la que le cortaron las piernas a Maradona y Brasil se consagró tetracampeón), los norteamericanos eligieron como símbolo Ñpor primera vez en la historia de los mundiales de la Federación Internacional de Futbolista Agremiados (FIFA)Ñ un perrito que se parecía mucho a Huckleberry Hound. La mascota vio la luz el 14 de enero de 1992 en los estudios de la Warner Brothers Animations. La idea de los creativos fue tan bien recibida que se decidió consultar entre los más de 250 millones de habitantes del país organizador (amante del béisbol, el basquet y el hockey sobre hielo) para encontrarle un nombre al simpático baticola.
Así los sponsors de ese Mundial pensaron despertar el amor por el fútbol entre los norteamericanos. El fracaso fue mayúsculo. Durante seis semanas esperaron las respuestas que, suponían, lloverían como las llamadas telefónicas a cualquier concurso de algún popular programa de televisión.
Nada de eso pasó. Sólo 25.000 personas votaron por su nombre favorito. Así, a partir del 22 de octubre de 1992, el perrito con botines de fútbol pasó a llamarse Striker (es decir, delantero). Desde ese momento, el delantero de cuatro patas engalanó papelería, banderas, globos y todo lo que pudiera imaginarse relacionado con la justa deportiva. Los norteamericanos, amantes de los perros, supusieron que la representación era óptima. Por su parte, sus creadores lo consideraron "un símbolo de juventud, de vitalidad y de la emoción del fútbol".
Sin embargo, su vida fue efímera. El día de la inauguración oficial las agencias de noticias consignaron: "Striker, la mascota canina del Mundial, fue condenada a la perrera porque el productor del show inaugural en Chicago la consideró demasiado tonta".
En ese entonces, lo que se pensó fue: "Ese bombero que sacó del medio al pobre perro, ¿no sería un criador de gatos?" Como conclusión, ni antes ni ahora un pichichus tuvo la suerte de rodar una número 5 en un acontecimiento de esta mangnitud.






