
La memoriosa
Incansable y obsesionada por el pasado de su país, Almudena Grandes prepara una saga de seis novelas sobre la Guerra Civil Española
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Llevo muchos años viviendo una época que no es la mía", dice la escritora española Almudena Grandes, la voz rotunda, los ojos en los ojos de quien la escucha. Tan cabalmente aquí y ahora. Y, sin embargo, tan anclada en un mundo muy otro, el de la Guerra Civil que desangró su país entre 1936 y 1939, y el de la dictadura que siguió después, hasta bien avanzada la década del 70 (ver recuadro El nuevo libro). En ese mundo estaba cuando, hace tres años, publicó El corazón helado, una monumental novela de casi 1000 páginas en la que, a través de la historia de dos familias madrileñas, la Grandes recorrió los efectos de la guerra a lo largo de tres generaciones -los combatientes, sus hijos y sus nietos-, en una compleja trama de citas históricas, destinos cruzados, alusiones al difícil trabajo de la memoria y relatos de amores tan extremos como las vidas de esos personajes arrasados por la guerra y su pesada carga de herencias.
Tras semejante empresa podría suponerse que el tema de la conflagración española estaría de algún modo saldado. Pero no. Aquel no tan lejano acontecimiento, con su sabor a trauma irresuelto y su enorme caudal de contradicciones, sigue tomando la pluma y los días de Almudena. A saber hasta cuándo.
"En realidad, el tema me ha estado guiñando el ojo siempre. Desde el principio", comenta la autora de Las edades de Lulú. Y es verdad. Desde la publicación de aquella novela erótica con la cual, a los 29 años, irrumpió en el panorama de la literatura española, el aguijón insistente de la Guerra Civil se hincaba en casi todas sus novelas y relatos. Siempre como un dato extra, recuerdos de algún personaje, susurros dichos al pasar. Pero invariablemente presente. "Hay libros que uno los escribe cuando puede y no cuando quiere -continúa-. Yo tenía que tener cuarenta y tantos años, mayor seguridad en mí misma y la sensación de ser capaz de afrontar el desafío. Recién entonces pude escribir algo como El corazón helado."
-¿Y ahora? ¿Cómo sigue la vida luego de ese libro?
-Tras terminarlo, estuve mucho tiempo paralizada. Con el empeño que supuso esa novela... Era muy difícil. No iba a encarar otro libro de esa envergadura. Pero a ver, tampoco podía pensar en una novela negra de 200 páginas. Generalmente, cuando estoy en esa situación de no saber qué hacer, termino dedicándome a cosas raras. Esta vez, decidí que iba a filmar una película.
-¿Como contrapartida a los numerosos films que se hicieron a partir de sus novelas (ver recuadro Vida y obra)?
-No, en realidad lo que pasaba es que me habían quedado muchas historias fuera de El corazón helado. Una es la de la invasión del valle de Arán. ¡Me llama tanto la atención que actualmente nadie sepa nada de aquello! Ocurrió en 1944, en plena dictadura franquista: 8000 hombres armados cruzaron la frontera entre España y Francia, y lograron que durante nueve días el valle de Arán estuviera en manos republicanas. Estuve un año y medio, desde el otoño de 2006 hasta principios de 2008, intentando escribir un guión sobre todo esto. Pero la película resultó ser carísima. Los productores me decían: "¿Realmente quieres ver a 4000 hombres bajando por los Pirineos?" Nadie la compró, y creo que esa fue una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Porque tuve una especie de iluminación: "Tengo que escribir novelas, que es lo que sé hacer", me dije. Así que decidí hacer una especie de Episodios Nacionales del siglo XX, tomando como referente los que escribió Benito Pérez Galdós a fines del siglo XIX. Como España es un país ingrato, Galdós está considerado un escritor antiguo y polvoriento. Sin embargo, el modelo de los Episodios... se anticipa en muchos años a un tipo de novela que ahora mismo está de moda, la que mezcla ficción y no ficción. Decidí hacer lo mismo que Galdós. En una época distinta, de una manera distinta, pero siguiendo el mismo modelo. Me inventé historias de ficción situadas en escenarios reales, con los personajes de la historia verdadera interactuando con mis personajes de ficción.
-¿Serán varios libros?
-Seis novelas, que van de la inmediata posguerra hasta el año 64. Cuentan la historia de la resistencia a la dictadura desde ángulos diferentes. La primera acaba de salir publicada, se titula Inés y la alegría, y se basa en la invasión del valle de Arán. Está narrada desde la perspectiva de una mujer republicana, una chica de buena familia de Madrid que se hace comunista durante la guerra. En 1944, cuando se entera de que va a haber una invasión, roba un caballo y, con cinco kilos de rosquillas y 3000 pesetas, se va a buscar a los guerrilleros. Los encuentra y se convierte en la cocinera del cuartel general. El personaje es una ficción hecha con muchos pedacitos de la verdad. Inés tiene un poco de todos los desclasados de la República, que hubo muchos. Cantidad de familias que apoyaban el golpe de Estado tenían hijos republicanos, que fueron muy radicales, y lo dieron todo.
-¿Su familia estuvo vinculada con esta resistencia?
-Hubo de todo. Mi abuelo paterno era un republicano moderado, que tenía un hermano socialista radical y otro hermano de la Falange [partido de la derecha radical española]. Mi abuelo materno era militar de carrera y se sublevó contra la República. El suyo es un caso muy llamativo porque en 1941 dimitió de un puesto ministerial y, a la vez, pidió la baja en el ejército. Nunca quiso contar por qué lo había hecho. En Madrid, mi familia vivió la defensa de la ciudad, la represión atroz que vino después; el hambre de antes, durante y después de la guerra.
-¿Qué significan estas herencias?
-En España es muy claro lo que pasó. La segunda generación, la de mis padres, se crió en el silencio. Ni siquiera era algo así como "no hables de la guerra, que es horrible porque pasó esto y lo otro". Lo que se decía era: "No hablemos de cosas tristes". Y ya. Los secretos se fueron pudriendo sin que nadie los aireara. Esa es la generación que hizo la transición [del fin de la dictadura al retorno democrático: entre 1975 y principios de los 80]. Luego está la mía, que es la que ha venido a mirar esta historia. Dicen que cada generación tiende a reivindicar a los abuelos en contra de los padres. En nuestro caso, ese vínculo es inevitable: nos parecemos mucho a nuestros abuelos y nada a nuestros padres. Es que en España el progreso jamás ha sido una línea recta. Hubo un momento de progreso, un retroceso brutal y luego otra vez adelante. Entonces llegamos nosotros, los primeros que en muchos años vivimos en una España sin miedo. Fuimos los que aprendimos idiomas y anduvimos por el mundo: los de la movida, los de la fiebre española. Hasta que de repente cumplimos 40 años, que es la edad de hacerte preguntas y ponerte a pensar. Así que también fuimos los primeros que nos atrevimos a preguntar.
-Como varios de sus personajes, acusados de "preguntar demasiado".
-Preguntan porque son valientes. De hecho, creo que la expansión del movimiento de la memoria en España ha sido posible porque es la consecuencia de los procesos interiores de mucha gente de mi edad. Desde hace 15 o 10 años, muchos hemos estado recuperando los lazos con el pasado de forma individual, familiar, íntima. Hasta que nos dimos cuenta de que no estábamos solos, de que éramos centenares, miles de ciudadanos atravesando el mismo proceso.
-¿En busca de reparar viejas heridas?
-No solamente eso; también se trata de pensar en el futuro. Plantear cuál es la situación real del Estado español en este momento y de qué modo se puede superar la debilidad congénita de la democracia española. Porque institucionalmente la transición fue un éxito indiscutible, que produjo la democracia más sólida y estable que haya habido jamás en España, pero moralmente ha sido un fracaso. Produjo un Estado sin memoria ni raíces. Es muy vistosa, lucida, sale bien en las fotos, pero está edificada en el aire.
-¿Comparte todo esto con sus hijos?
-Mira, creo que en este tema, el de la memoria, estábamos al límite. Es lo que pasa con las terceras generaciones: nosotros habíamos conocido gente que vivió esa época, teníamos relatos de primera mano. Si no los recuperábamos, se perdían. Mis hijos han nacido en democracia, así que lo que saben del franquismo lo saben por los libros o las películas; no tienen ninguna experiencia directa de aquello. A la gente de su generación le interesa mucho esto, porque es como la gran épica a su alcance. En países como Francia, Inglaterra o incluso Alemania, que hicieron su propio relato, con héroes y villanos que todo el mundo conoce, la gente de veinte años puede permitirse decir "qué aburrimiento; eso a mí no me interesa". Pero en un país donde no hay panteón ni héroes o villanos oficiales, la posibilidad de conquistar una épica es demasiado tentadora. Aunque haya cosas en la historia reciente de España muy difíciles de entender.
-Si se trata de temas difíciles de entender, también los hay en las pequeñas historias familiares, una cuestión que aparece en toda su obra.
-La familia es uno de los grandes temas. Bueno, yo vengo de un determinado tipo de familia. La vida es diferente para alguien que se cría en una familia nuclear (madre, padre, hijo), que para alguien que viene de una familia como la mía: muy extensa, donde se mantienen muchas relaciones entre tíos abuelos, sobrinos nietos, primos, primos segundos, tíos. Una gran familia se articula como un mundo en miniatura. Siempre digo que los que venimos de familias grandes tenemos más desarrolladas las habilidades sociales y la noción de los mecanismos del poder. Viví en un medio en el que, por debajo del nivel general del cariño, había unos maremotos terroríficos, unas batallas por las influencias... Ni siquiera se peleaba por el dinero: la cuestión era imponer tu modo de ver las cosas. De repente, algo tan idiota como una boda o una cena de Nochebuena podía convertirse en una batalla campal. He aprendido a mirar el mundo a partir de mi familia, en lo fácil y en lo complicado.
-A partir de Los aires difíciles (2002) aparece la ambigüedad moral en sus personajes. ¿A qué se debe?
-Mis primeros cinco libros están muy marcados por un impulso testimonial. Son como una crónica sentimental de mi generación. Pero cuando estaba terminando Atlas de geografía humana me di cuenta de que se estaba terminando el filón. Decidí que ya estaba bien de contar esas historias porque se me habían acabado los héroes. De hecho, los protagonistas de Los aires difíciles son dos personas normales, buenas, que descubren que pueden hacer cosas horribles. Las hacen de forma consciente; ni siquiera son meros instrumentos del azar. En determinado momento deciden convertirse en delincuentes, y son capaces de hacerlo. En El corazón helado también hay esa ambigüedad. Porque ya es una manera de mirar, ¿sabes?
-Tendrá que ver con que todos los seres humanos, finalmente, tenemos nuestras zonas oscuras.
-Sí, pero hace falta llegar a la madurez para comprenderlo [risas]. Cuando era más joven me dejaba llevar por una especie de idealismo rousseauniano. Mis personajes tenían que ser buenos para que yo los quisiera. Ahora lo he superado: los puedo querer aunque no lo sean.
VIDA Y OBRA
Almudena Grandes (Madrid, 7 de mayo de 1960) publicó su primera novela (Las edades de Lulú, ganadora del XI Premio La Sonrisa Vertical) en 1989. Entre otras, siguieron Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Modelos de mujer, Los aires difíciles, Castillos de cartón y El corazón helado.
Varias de ellas fueron llevadas al cine: Las edades de Lulú (Bigas Luna, 1990), Malena es un nombre de tango (Gerardo Herrero, 1995), Atlas de geografía humana (Azucena Rodríguez, 2007), entre otras.
Alguna vez estudiante de Geografía e Historia en la Complutense de Madrid, tenaz defensora de las corridas de toros, se ha hecho conocida tanto por su vigoroso don narrativo como por sus posiciones políticas de izquierda y la afilada franqueza de las columnas que firma en el diario El País.
Está casada con el poeta Luis García Montero, con quien vive, junto a sus tres hijos, en Madrid.
EL NUEVO LIBRO
Inés y la alegría. Episodios de una guerra interminable I . Colección Andanzas, Tusquets Editores
Recientemente llegada a las librerías argentinas, la novela se basa en hechos históricos vinculados con la Guerra Civil Española. Este conflicto se inició en 1936, a partir de un levantamiento militar contra el gobierno de la II República (acuciada, asimismo, por una extrema polarización entre los sectores de la derecha y la izquierda políticas). Finalizó en 1939, con la derrota de los republicanos. Numerosos historiadores la han considerado como el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial.
En su novela, Almudena Grandes cuenta la historia de Inés, quien, tras haber apoyado la causa de la República, vive recluida y vigilada en casa de su hermano, partidario de la dictadura impuesta al fin de la guerra. Impulsada por las noticias que difunde una radio clandestina, Inés se une a la operación Reconquista de España, organizada por guerrilleros españoles que colaboraron con la Resistencia francesa y ahora, en 1944, tras el desembarco aliado, están convencidos de que es posible invadir y establecer un gobierno republicano en el norte de su país.
En internet www.almudenagrandes.com






