
La nueva fe: ¿en qué creen los argentinos?
Los cultos que llegan de las provincias a la gran ciudad –San La Muerte, el Gauchito Gil– o la adoración de ánimas como Gilda y el Frente Vital son apenas muestra de una tendencia que crece: las creencias alejadas de las religiones tradicionales. Un fenómeno que gana adeptos en una sociedad sin certezas
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La Virgen llegó hace poco. Siete años, pero ya hizo muchas cosas. La más impresionante, prodigarse en milagros. La menos, quedarse con el nombre de la parroquia de San José del Talar: ahora todos la conocen como iglesia de la Virgen Desatanudos.
Es jueves por la tarde y la iglesia está repleta. En un edificio contiguo, el despacho del padre Alejandro Russo es un lugar en ebullición. Tiene a su cargo una parroquia a la que, los 8 de cada mes, llegan miles de personas. Y en el Día de la Virgen, pleno diciembre, 50.000.
-Todo empezó con el cuadro. Antes no venía nadie. El título, Virgen Desatanudos, aportó al fenómeno. La gente católica está sensibilizada con lo esotérico, y esto de desatar los nudos, que suele asociarse con ese tipo de prácticas, debe haber ayudado.
Eso, y el fervor creciente que provocan las Vírgenes entre los argentinos. Cada año son más los que van a Luján en procesión, los que acuden a Itatí, y el 25 de septiembre último se juntaron 400 mil fieles en el santuario de otra Virgen: la del Rosario de San Nicolás, que se presentó hace exactos veinte años ante la humilde vecina de esa ciudad, la señora Gladys Quiroga de Motta, y desde entonces no deja de cobrar cada vez más fama y popularidad.
En la iglesia donde vela la Virgen Desatanudos, Olimpia y Rosa esperan mansas para pasar a ver al diácono que, cerca del altar, escucha, entiende, impone las manos.
-La Virgen te da fuerzas, te clarifica, te hace sentir que sabés qué camino tomar -dice Olimpia-. Lo que no entiendo es la fe de la gente en Gilda, por ejemplo.
Rosa dice que ella entiende.
-Si una señora muy humilde le pide a Gilda, y siente que Gilda le ha dado algo, para ella va a ser una santa. Quién es uno para juzgar. Basta de separar. Ya hemos separado mucho.
Menú a la carta
En 2001, la empresa Gallup International dio a conocer los resultados de una encuesta acerca de la religiosidad en el nuevo milenio. El 87% de la población mundial manifestó formar parte de algún tipo de culto. En la Argentina, si en 1992 el 84% de los encuestados por Gallup en un trabajo similar decía pertenecer a alguna religión, en 1999 el porcentaje había trepado a un 93%. El 83% declaraba formar parte de la Iglesia Católica Romana.
La religión goza de buena salud, adquiere más y mejores formas. Cultos tradicionales de las provincias, como el de San La Muerte o el Gauchito Gil, llegaron a la ciudad. Ayudado por la difusión mediática, crece como nunca el culto a las ánimas: Rodrigo, Gilda, el Frente Vital, reciben ofrendas cual santos en sus tumbas de tragedia. Y dentro de la Iglesia Católica el movimiento de Renovación Carismática no deja de crecer.
La encuesta de Gallup marcaba un aumento significativo de la creencia de un dios personal: si un 56% decía creer en una especie de dios a la carta en 1992, ese porcentaje había subido a un 72% en 1999. Dios ya no es un dios institucional, regido por normas de una Iglesia con nombre y apellido, sino un dios a imagen y semejanza.
-Siempre se parte de un supuesto falaz -dice el sociólogo Alejandro Frigerio-: que la Argentina es un país ciento por ciento católico. Pero la gente que se declaraba católica siempre profesó una serie de cosas que no tenían mucho que ver con lo que la Iglesia proponía, sólo que ahora es más visible, desde los años 80, con la democracia.
Ernesto Meccia es sociólogo y coordinador general del Seminario Sociedad y Religión, de la carrera de sociología de la UBA.
-El creyente hace un bricolage de creencias. No siente contradicción entre pertenecer a la Iglesia Católica, tener creencias umbandas y hacer yoga. Hoy, las parroquias católicas ofrecen contención psicológica, ayuda material. Es un paquete de servicios. Lo que antes era el feligrés, hoy parece un cliente. Hay un retorno a lo religioso muy fuerte, pero en una sociedad que está secularizada.
Evangelismo y después
El crecimiento de las iglesias pentecostales, furibundo en los años 90, parece haberse haberse estabilizado. El último gran desembarco en la Argentina fue el de la Iglesia Universal del Reino de Dios. Sus multitudinarias expresiones de fe, sanación y conmoción pueden verse todos los días en cadena nacional, cuando dejan de transmitir los canales de aire. En el hall del templo principal, en calle Lavalle de la ciudad de Buenos Aires, hay afiches tentadores: Pare de sufrir. Mariel llegó a la reunión que comienza a las 8 de la noche, tres horas antes.
-Es que se llena. Yo soy católica, pero acá sentís que el pastor te habla a vos. Oré con todo mi corazón, y el Señor me curó mis ojos, que tenían alta presión.
Las religiones afroamericanas crecieron considerablemente desde los años 80. En el templo de la Asociación Religiosa Argentino Africana de la mae Peggie se respira un aire de extraña sofisticación. Peggie tiene modos de condesa. Era profesora de inglés y católica. Desde que pasó a mae fue presa muchas veces por portación de religión distinta.
-Acá hay hipocresía -dice-. Las religiones que no son católicas son toleradas, nada más. Nosotros estamos inscriptos en el registro de cultos desde 1979, pero los requisitos para inscribirse son dificilísimos. A esta casa viene gente muy humilde y gente que no. Como empezaron a creer en el valor energético, el reiki, el chamanismo, y todo eso suelto es muy desordenado, buscan ordenarse con algo que sea más estructurado. El argentino tiene pensamiento mágico. Pero nadie se atreve a decirlo.
Sin embargo, en cuanto a aceptación de religión diversa, la Argentina 2003 no es el peor de los escenarios posibles.
-En el país ahora la diversidad religiosa está más afianzada que hace algunas décadas -asegura el sociólogo Pablo Semán-. Cuando la Iglesia Católica se preocupa porque estas iglesias avanzan en su terreno, puede reaccionar buscando la paja en el ojo ajeno, pero muchas veces atiende la viga en el propio y permite que en su seno se desarrollen alternativas capaces de atraer a los fieles: así nacen autorizaciones para los santos populares o se desarrolla una tolerancia con el movimiento carismático, que en el catolicismo argentino era casi clandestino hasta hace 15 años.
María Livia, allá en Salta
Tres Cerritos es un cerro cercano a la ciudad de Salta. Allí María Livia vio a la Virgen en 1990. Durante años la Virgen le pidió que callara, pero hace seis María Livia contó. Sus imposiciones de manos, sus curaciones, traspasaron las fronteras de la provincia. Más de cien mil personas fueron a verla el año último. Lizzie Adhemar es joven, tiene tres hijos y vive en Pilar. El año pasado su padre tuvo una infección en el páncreas.
-Una amiga mía que había estado en Salta viendo a María Livia me dio una estampita de la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús. Empezamos a rezar esta oración, y mi papá tuvo una mejoría increíble. Fuimos al cerro a agradecer y desde entonces es impresionante cómo la Virgen está presente en nuestra vida. Yo tengo una hija con problemas de comportamiento, le pedí a la Virgen y ahora ella es otra persona. Dos veces por semana va al psicólogo, pero hay una alegría en su cara que no es de psicólogo.
Lizzie organiza peregrinaciones al cerro. Salen, cada dos meses, dos aviones y diez colectivos llenos. Unas 600 personas.
De frente y vital
Sabina Sotelo impresiona. No todos los días se encuentra uno con la madre de un santo. Es la madre de Víctor Frente Vital, que era ladrón, pero también su hijo. Ella lo quería. Quería, más que nada, sacarlo del consumo de todas las sustancias, de tanto robo. El Frente era un delincuente muy joven, de los que cada tanto alimentan la leyenda Robin Hood. Robaba y repartía. Plantaba un camión de leche recién robado en medio de la villa y dejaba que los vecinos tomaran a su gusto. Desde que las balas de un policía lo acribillaron a traición, el barrio entero le pide a su hijo cual si fuera santo. Es lunes por la tarde. El túmulo del Frente, en el cementerio de San Fernando, refulge. Botellas y flores de plástico. Los delincuentes jóvenes llevan lo que le gustaba: cigarrillos, latas de Pronto Shake, marihuana, cerveza. A cambio le piden que todo salga bien, y eso quiere decir que no haya muertos.
-La gente me iba contando -dice a la sombra de los nichos-. "Ay, señora, el Frente me ayudó en esto, en lo otro." Yo decía: Esta mina está loca. Respeto a la gente, aunque a veces pienso que están locos. Delincuente, y después decir que es santo. Yo tengo fe, pero me quedé resentida porque me he ido caminando a Luján, he hecho promesas a San Cayetano para curar a mi hijo de las drogas. Y me enojé, porque todos esos santos no me ayudaron.
El Santito
Calavera, mantita negra y guadaña a la cadera. Así es el Santito. En las provincias de la que es originario (Chaco, Corrientes) a San La Muerte le dicen Pirucho o Santito. Perla es cuidadora del santo, casi una sacerdotisa. Tiene un altar de San La Muerte en su departamento de Once, y en eso le va la vida. No sale al cine, al teatro ni a una confitería. Su casa ínfima está abierta para los devotos todos los días. Su devoción no es algo que oculte. Tampoco hay cómo; el altar ocupa toda la pared del living tres por cuatro. Sobre un paño caliente y enrojecido hay cientos de imágenes del don de la guadaña, sus velas negras todas encendidas.
-Este es un Santo de Dios -dice Perla-, que viene a buscar las almas antes de morir. En la vida te protege. Los seres humanos somos los que pedimos cosas malas. Yo soy católica, pero mucha gente que viene acá se quedó decepcionada de la Iglesia Católica.
Cuenta historias de repeluz. Una chica que abandonó una estampita del Santo sobre un colectivo y empezó a padecer todo tipo de desastres. Su propio ex marido, que se negó a pagar una ofrenda de flores para la tremenda figura, murió en breve.
-Pero si vos le pedís perdón, el santo escucha -aclara Perla-. El santo no mata. Te hace acordar. La gente tiene cumplimientos, un cumplimiento es como una ofrenda. Le traen flores, le hacen promesas. Le dejan guadañitas de oro, anillos, perfumes.
Gilda
La tumba 3536 del cementerio de la Chacarita no está en calma. Veinte personas se afanan pegando pósters en los nichos, sacudiendo el polvo de las flores, desplegando trapos con inscripciones de fanatismo declarado. Es la tumba de Gilda, princesa de la bailanta, muerta joven en 1996, en un accidente de ómnibus camino a Chajarí. Los deudos son miembros del fan club No me arrepiento de este amor. La muerte inesperada generó el culto por su alma buena.
-Estuve enfermo, tenía esclerosis múltiple, plomo en la sangre, y estuve cuatro meses sin caminar -dice Marcelo Coria, un morocho aferrado a dos bastones quebradizos que viene desde Moreno-. Ahora camino gracias a ella.
Silvia Corazón Valiente es una estrella, un clon muy voluntario de la chica muerta. Dos dijes, el Sagrado Corazón y Gilda, le bailan en la meseta de ese cuello que se alza como un lirio. Es, como Gilda, autora y cantante. Le hizo un día un pedido, una promesa. Las dos se cumplieron mutuamente.
-Me salió un juicio bien, y ahora yo le cumplo la promesa de grabar un CD con todas sus canciones. Gilda es una intercesora entre nosotros y Dios. Pero yo voy a la iglesia también. Creo en los santos católicos.
-Cantale algo, Silvia -le piden las costureras, los heladeros, los ex policías, las amas de casa. Son muchos, son más de veinte detrás de la bandera que atrona Gilda, la leyenda continúa. Silvia sacude el pelo, se dispone. A la santa también le gusta esto. Este regocijo. Una mujer besa un rosario. Muchos se quedan quietos. Son más los que cantan.
Por su parte, el Movimiento de Renovación Carismática surgió dentro de la Iglesia Católica, no tiene líderes y se nutre de los llamados grupos de oración, haciendo hincapié en la experiencia personal con Jesús. Así lo cuenta Franco Benedetto en su libro Nacer de nuevo. Benedetto está bautizado, comulgado y casado católico. Era empresario y hasta los 40 tuvo tres autos, casa en el country, nunca fue a misa. Un mal manejo económico en los años 80 lo arruinó. Quedó sin casa y con unas neuralgias de terremoto. Entonces llegó a un grupo de oración de la Renovación, se curó y se quedó, como tantos: de 1200 millones de bautizados católicos en el mundo, se cree que al menos entre 90 o 120 millones conocieron la experiencia de la Renovación.
En los grupos de oración se ora y se reciben los carismas. Las manifestaciones de esos carismas pueden parecer alarmantes. Gente cayendo al piso, personas que oran en lenguas y desgranan profecías por boca de divinidad.
En el subsuelo de la parroquia de Nuestra Señora de la Guardia, en Florida, provincia de Buenos Aires, se reúne un grupo de oración que espera con ansias la visita del hermano Carlos Merlo, guatemalteco, coordinador diocesano de San Francisco, Estados Unidos. Peinado al gel, corbata floja, cuenta su antigua vida disipada, el despilfarro, las infidelidades y, sobre todo, qué risa, la risa que le daban los carismáticos. con chistes más o menos fáciles:
-Estos están locos, pensaba yo.
Pero gracias a un grupo de oración, Merlo cayó en los brazos del Señor para nunca más salir.
-Quienes sepan orar en lenguas, hermanos, pueden hacerlo.
Se levanta un murmullo en lengua indigerible. Las mujeres avanzan de a una en fondo, y Merlo les habla en voz baja, les abre las manos para que reciban. Ellas -prolijas, embarazadas, teñidas, secretarias, jóvenes, canosas- se caen. Una después de otra, tan rendidas, en los brazos de la fe que supieron conseguir.
Producción de tapa y retoque Nunö - Foto Daniel Caldirola
Asistente Graciela Calabrese
Fe y curación
- Según una encuesta realizada recientemente por la revista Newsweek, el 84% de los estadounidenses cree que orar por una persona puede tener efectos positivos en la salud del enfermo. Un 74% declaró que eso sucedería aunque el paciente fuera un desconocido. Los médicos, por su parte, están revisando sus convicciones acerca del divorcio entre Dios y la ciencia. De hecho, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (INS) planean invertir 3,5 millones de dólares en los próximos años, en medicina de "mente y cuerpo" . Dentro del marco de estas investigaciones, la doctora Lynda H. Powell, epidemióloga del Centro Médico de la Universidad Rush, revisó unos 150 artículos en los que diversos científicos evalúan el estado actual de la investigación sobre fe y salud. Descubrió allí que las personas que asisten regularmente a la iglesia tienen un 25% menos de mortandad que las personas que no van.
Opinan religiosos católicos y judíos
Juan de Aguirre es capellán del Instituto de Espiritualidad y Acción Pastoral de la Universidad Católica Argentina, y capellán del Hospital de Gutiérrez, donde ve la muerte, la malformación. La desgracia infantil.
-Antes era ateísmo versus creencias, y hoy más bien se cree en cualquier cosa. Se reflotó el milagro. Las vírgenes lloran, hay niños y curas sanadores, una multiplicación de signos portentosos. En general, la Iglesia se apoya en la fe de Jesús más que en los milagros. La gente se engancha con esas cosas, pero la herramienta mágica falla y viene la desilusión. Pero cada uno cree más o menos en lo que quiere. Lo que se ve es un sincretismo grande. Hay gente que cree en Sai Baba, la Iglesia Católica, la pirámide sagrada y se copa con el arroz shamani. Hay una cosa menos refractaria que en otras épocas a lo religioso, pero hay menos sentido de pertenencia a las grandes instituciones.
-¿La Iglesia está preocupada por eso?
-Te diría que es tan múltiple la preocupación como somos múltiples los curas. Si me preguntás a mí, no me preocupa. Lo importante es ser buenos, y el amor. Se dice que este creer en todo se parece a no creer en nada. En el hospital veo gente con cintas rojas, con San La Muerte, con las cruces. Qué sé yo, luchan por sus vidas y las de sus chicos. No importa si además van al Gauchito Gil.
El rabino Isaac Sacca, de la comunidad judía, cree que hay un renacimiento en la tendencia espiritual y cada vez más cantidad de judíos observantes.
-La gente percibe que el vacío de este mundo moderno, que ofrece tantos objetos y adelantos tecnológicos sofisticados, no llena. Sigue persistiendo un vacío interior. Hay una tendencia a lo espiritual, pero como se ha perdido la costumbre de lo espiritual las personas están como perdidas. Y entonces se presentan embaucadores. Lo ideal sería que esa tendencia fuera volcada a las religiones que realmente van a poder saciar el ansia de espiritualidad. Pero la gente está acostumbrada a lo cómodo. Si alguien le dice que lo espiritual es besar tal objeto, es mucho más fácil que ir al templo, a la iglesia, dedicarte a tus padres, a tu familia, que son los valores de las religiones serias. Hay una gran tendencia a lo espiritual, pero nosotros tenemos una gran preocupación: que la gente no se confunda. Es como que todos quieren comprar un determinado producto y el fabricante no tiene suficiente. La gente va a ir a comprar algo que es falso, y la fábrica va a tener que hacer más producción del original para que los clientes tengan. Tratamos de difundir el judaísmo, de hacerlo más accesible, transmitirlo al idioma que el público pueda captar.
Talleres de sanación
Por Leonardo Blanco
En la Iglesia Santa Catalina de Siena, de Capital, hay un centenar de personas rezando. El encuentro, uno de los quince que la hermana Inés Braun dio este año, es el Taller de Sanación Interior, que hace hincapié en la idea de que cada ser humano es una creación única de Dios, y que con la ayuda de la oración podría hacerse frente a cualquier obstáculo. "Todo comenzó con un grupo de oración al que me invitaron a participar -dice la hermana Inés-. Luego hubo otro pedido con el doble de gente, y así, pedido tras pedido, fue creciendo." Con base en una teoría psicoespiritual, los talleres proponen una sanación del cuerpo y el espíritu por vía de la oración. "No es autoayuda porque el que sana es el Señor -dice la misionera de 70 años, que pasó los últimos 47 fuera del país-. Se busca hacer una relectura de nuestra vida, de nuestras heridas. Una relectura con esperanza, porque el Señor es capaz de sanar y liberar. Pero siempre bajo la mirada del Señor. La única mirada que no nos acusa." Braun pertenece a la Congregación Franciscana Misionera de María. "Hay curas que creen y curas que no creen en lo que yo hago -dice-, pero yo hago mi trabajo. Esto es una teoría psicoespiritual. Lo espiritual se manifiesta a través de la psiquis, pero a diferencia de la psicología, esto da una herramienta para llegar a una curación, y esa herramienta es la oración. Acá se ve cómo el Señor sana."






