
La ruta gourmet con vista al Norte
De Vicente López a Maschwitz o Escobar, VÍA LIBRE sugiere un extenso y ecléctico recorrido por numerosas propuestas
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Las posibilidades de disfrutar de una salida diferente en la zona Norte del Gran Buenos Aires son muchas y variadas. Una suerte de recorrido virtual por esas calles permite descubrir algunos reductos gastronómicos y las contraseñas para acceder a sus delicias. Parrillas -casi paradores- situadas frente al río, restaurantes étnicos y dedicados a la cocina de autor, despliegan sus encantos hasta la madrugada. Si la imaginación y un vehículo conducen el cuerpo hacia la Avenida del Libertador, a la altura de Corrientes (Olivos), las remodeladas instalaciones de La Palmera -que resiste desde hace cuarenta años- reciben al visitante. Un menú sencillo, pero rico en carnes y pastas y a buen precio, convocan a comensales de toda edad.
Unas cuadras más al Norte, sobre la mano izquierda, sorprenden los ambientes azules del restaurante 5ta. Esencia. "Aquí te la pasas a gusto", comenta el propietario, Carlos Zedillo, recién llegado de México. Los platos elaborados allí, a base de ingredientes importados de ese país, llevan la sabrosa impronta de la chef argentina Marianella Matusevich. Un mariachi que interpreta canciones de todo el mundo, más una carta generosa en tequila y cervezas mexicanas, despiertan la complicidad de los grupos jóvenes.
Los días soleados invitan a dejar el cemento urbano y tomar Pacheco hacia el río, en dirección Norte. Tragos, ricos bocados, buena música y un espacio verde como telón de fondo son los atractivos principales de La Arboleda. La oferta del lugar, devenido clásico, sintetiza el espíritu -casi playero- que prevalece en la mayoría de los reductos del distrito. Barrancas de Alvear, cuyos amplios jardines fascinan a los chicos, el eterno Paseo del Aguila y El Molino, con una propuesta que combina sushi y especialidades de parrilla, son otros imprescindibles de la zona, rumbo a San Isidro.
Al doblar por Roque Sáenz Peña impacta la eterna calidez de La Luna. Un sitio donde algunos platos dotados de suaves texturas, como el soufflé, subrayan románticas celebraciones. Los amantes del sol apuestan a las terrazas de Bar Isidro, mientras contemplan el río y saborean hamburguesas. Un bocado que, por esos lares, resulta de consumo casi obligatorio. De todos modos, los mayores de treinta aún reivindican las hamburguesas elaboradas en Pepino y los helados de Vía Flaminia. Los dos establecimientos, situados sobre Avenida del Libertador, tienen la adhesión permanente de los vecinos de la zona.
El casco histórico sanisidrense, con la vecina feria artesanal, que funciona durante los fines de semana, constituye una escala obligada del recorrido virtual, especialmente en plan familiar. El moderno diseño de La Cartuja, el paseo situado frente a la catedral -incluye restó, café y heladería- contrastan con las antiguas construcciones de la zona.
Los otrora studs de la calle Dardo Rocha, muy cerca del Hipódromo de San Isidro, sirvieron de escenario para la instalación de restaurantes con propuestas diversas. Según pasaron los años, los vaivenes económicos sumaron la presencia de algunos locales con sistema de tenedor libre. Así, Cosa de Locos ofrece almorzar especialidades de parrilla por $ 11 por persona. De todos modos, Rosa Negra permanece como favorito de los gourmets, sin importar la edad. Se prepara, desde foie gras con tostadas y vinagreta de café, hasta costillitas de cordero a la canela con tiritas de molleja, a precios razonables.
Para culminar con el café de rigor y escuchar buen jazz, a pasos de allí se encuentra Orient Express. Otro antiguo stud reciclado, La Tahona Ristorante, presenta un carta algo ecléctica. Las pastas y la merluza negra conviven en armonía, para delicia de las bandas de amigos.
Al retomar Avenida del Libertador, los fanáticos de la cocina italiana encontrarán un noble exponente en I Bertini. Con ambientación moderna, hasta los nombres de los menús especiales -Sophia Loren o Roberto Benigni- remiten a esa cultura. De todas formas, los que no estén dispuestos a resignar los placeres de la carne, pueden recalar en El Dom, una parrilla situada en San Isidro.
La localidad de Martínez presenta diferentes opciones gastronómicas, para toda ocasión. Bottin Ôs Tea Time, una casa de té que ofrece canilla libre de la infusión y unos tiernos scons, entre otras delicias, convoca al público femenino. La terraza de Luna Caprese, en cambio, parece diseñada para los encuentros de pareja. Si de salir en grupo se trata, el flamante Tucson Steaks & Bar ofrece diversas especialidades de la cocina norteamericana, en generosas porciones. Siempre es difícil volver a casa. Para agasajar el paladar durante el regreso, vale la pena hacer una escala en Vicente López. La Estrella, un reducto con espíritu de bodegón, seduce a las tribus jóvenes -y no tanto- con sus propuestas caseras, de precios amables. Desde hace más de treinta años, La Taurina constituye otro restaurante de ese partido respetado por los amantes del tapeo y otros bocados de raigambre hispana.
Si las ganas de tomar cerveza se imponen, nada mejor que acompañar la bebida con algún plato de la cocina alemana tradicional. Los jardines de Zur Eiche, que incluyen los robles a los que alude el nombre del restaurante, conforman un escenario ideal para degustar un plato de salchichas blancas con chucrut.
Los lugares donde encontrarse con nuevos o clásicos sabores son muchos y contemplan una diversidad de gustos y presupuestos. Sólo es cuestión de optar por uno, llegar hasta allí y disponerse a disfrutar.
Sushi con apellido español
Las huestes del sushi ya tienen un lugar también más allá de la General Paz.
En Martínez, Itamae Sushi, bar y delivery, ofrece distintas versiones de pescado, elaboradas en el momento. En materia de platos calientes, se consigue el sabroso y apto para el verano, tepan yaki. Una clásica especialidad oriental, elaborada sobre la base de pollo, lomo o cerdo salteado, con guarnición de verduras trabajadas al wok ($ 10).
La cerveza japonesa ($ 3) y el sake($ 5) conforman algunas de las opciones bebibles, capaces de subrayar la textura de esa cocina. Todas las porciones llegan a la mesa escoltadas por un dúo de palitos, salsa de soja, wasabi y jengibre.
Placeres familiares con aire de campo
Los chicos disfrutarán de un paseo diferente y no les pesará trasladarse hasta Escobar si los helados están asegurados. Munchis, además de ofrecer variadas creaciones heladas, presenta un bonus track dedicado a los bajitos. La visita a la granja -también realizan recorridos guiados- entre sus diversos atractivos incluye una legión de gansos y patos dispuestos a lidiar con los juegos infantiles.
Cuando la consigna es comer en abundancia, a precios módicos, vale la pena ir hasta Nuevo Camp o , situado sobre la ruta 8, en Pilar. Un sistema de tenedor libre que ofrece clásicos de la parrilla y pastas, que incluye bebidas y postres a sólo $ 12, por persona. En este caso, los chicos también pueden ser de la partida. Un parque arbolado con juegos y un menú, apto para sus paladares ($ 6), completan la propuesta.
Los espíritus gourmet disfrutarán las bondades gastronómicas ofrecidas por Hans. El chef propietaire, Hans Schar, recibe a los comensales y prepara allí algunas delicias de la cocina suiza, sin omitir la clásica fondue.
Si el calor hace sentir su presencia, en Zulú, situado en el aeropuerto de Don Torcuato, se puede disfrutar del verde en porciones más que generosas. Si a los encantos naturales se les suma una carta que incluye unos deliciosos gnocchis de calabaza, aderezados con crema de hierbas, la salida será un éxito.
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