
La TV argentina es toda una historia
Carlos Ulanovsky, Silvia Itkin y Pablo Sirvén se reparten sus capítulos
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Qué podría preguntar Jorge Guinzburg en un prólogo a un libro que recopila todo lo que puede y hay sobre la televisión argentina?: Cómo fue tu primera vez , claro.
La primera vez fue -para el país-, en Buenos Aires, un día nublado (aunque fuera peronista) y en la plaza. Así, tumultuoso y con ráfagas de drama el 17 de octubre de 1951 quedó grabado, además de difundido "en vivo y en directo", por un grupo de precursores a los que no se les prestaba ninguna atención. Desde el Banco Nación, Enrique Telémaco Susini, marcado de cerca por Jaime Yankelevich y algún técnico flamante, manejaron las tres cámaras que registraron uno de los más recordados actos políticos del peronismo. "Mis queridos descamisados...", dijo una Evita increíblemente frágil, ya enferma de muerte, desde el balcón de la Casa de Gobierno, y un rugido de fidelidad le contestó desde la plaza.
"Vidrieras de Florida, avenida Sáenz Peña, Balcarce y otros lugares próximos, agruparon racimos humanos que, manifiestamente sorprendidos por la prefección del invento recién incorporado a nuestra metrópoli, pudieron seguir todos los principales detalles del magno acto", publicaba el diario El Mundo al día siguiente; y en La Nación se consignaba, simplemente, que: "Con el registro de los actos de ayer fue inaugurado en nuestro país el servicio de televisión".
Desde entonces, hasta 1966, es la historia que cuenta Ulanovsky ("porque vos la viste", chichonea el amigo Jorge), aunque el jura que fue en casa de sus abuelos, en Villa del Parque, y sólo en 1953.
Entre el año 67 y el 82, Pablo Sirvén reseña los "años de oro, años de barro", porque entre sus primeros recuerdos ya figura "un señor que hablaba muy rápido y al que no le entendía nada", pero sí sabía que el señor se llamaba Tato Bores.
Del fin de la inocencia a la globalización -el tercer y último capítulo antes de que otros apuntes y cámaras sorpresa completen las 600 páginas - resultó tarea para Silvia Izkin que (así de concidentes se esctriben las historias), tiene como primer recuerdo una vieja serie llamada Rumbo a lo desconocido. Y en ese punto -lo desconocido- se detiene esta primer enciclopedia integral de nuestra TV. Un rescate hecho con seriedad y ternura de un mundo que se fue volviendo cruel en su insaciable demanda de rating (no se traduce como calidad ) para poder sostenerse y vivir.






