
El director italiano es reconocido, entre otras cosas, por sacar lo mejor de cada uno de sus actrices. Acá elegimos nuestras favoritas; ¿cuál sumarías vos?
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Protagonista de uno de los capítulos fundamentales del idílico libro de la historia del cine, Federico Fellini, a lo largo de sus películas, hizo un culto de la mujer. Enalteciéndola en sus guiones y convirtiéndola en objeto de deseo en la mayoría de sus cuadros. Un sello nostálgico, en clave de varieté, entre onírico y circense; que lo llevó a la cima con películas como La Dolce Vita,8 y ½, Amor en la ciudad y Amarcord.
Disfrutó de las mieles del éxito las cinco veces que ganó el Oscar y padeció la tragedia en su mayor expresión cuando murió su primer y único hijo de apenas un mes, fruto de su matrimonio con Giulietta Masina. Excéntrico, vanguardista e irrepetible, el director italiano más importante de todos los tiempos, que embaldosó el patio donde incluso hoy, juegan los grandes cineastas del mundo. Aquí, sus más inspiradoras musas.
<b>Anita Ekberg</b>

Si hubiera que fijar la seducción en el cine en una sola imagen, el baile de Rita Hayworth en Gilda y su baño en la Fontana di Trevi en la película La Dolce Vita, pelearían palmo a palmo en una discusión infinita. Dueña de uno de los cuerpos más deseados en los años 60, Kerstin Anita Marianne Ekberg fue Miss Suecia en 1951 y aunque perdió el concurso de Miss Universo, haber quedado entre las seis finalistas la catapultó a la fama, filmando por aquellos años con Abbott y Costello, Jerry Lewis y Dean Martin. Pero fue bajo el ala del enorme Federico Fellini que logró la inmortalidad en vida. La Dolce Vita (1960) junto a Marcello Mastroianni aún hoy es considerada una genialidad del cine. Dos años después, vuelve a ser la tentación del protagonista en la película Boccaccio 70. Si existiese la máquina del tiempo, sin duda, nuestro primer destino sería el set de filmación de aquella cálida noche romana y no justamente para tirar la monedita de espalda.
<b>Claudia Cardinale</b>

A la hora de pensar en las mujeres más lindas de la historia del cine, la italiana por capricho Claudia Cardinale, tardaría en llegar a nuestra mente, como mucho, unos cuatro segundos. Y si bien no es una icónica del arte fellinezco, esta actriz nacida en Túnez en 1938, dejó su huella en 8 y ½ cuando el mismo Marcello Mastroianni le confesaba su falta de inspiración como director. Admirada por su belleza latina, por sus rasgos odiosamente perfectos y por su sonrisa eterna, la actriz tenía sin embargo su talón de Aquiles. Su voz ronca al principio de su carrera fue doblada, hasta que terminó siendo su sello distintivo. Excesivamente bella, natural por demás y carismática en todas sus incursiones fílmicas, triunfó en Hollywood aunque fue en Europa donde más brilló. El paradigma de todas las virtudes en una sola mujer.
<b>Anouk Aimée</b>

Entre los años 50 y 70, su nombre fue sinónimo de elegancia y estilo. Su estilo masculino de pelo corto batido, cigarrillo y gafas gigantes, fueron la perdición de los hombres más poderosos del medio, como sus cuatro maridos, entre los que se destacaron el director Nikos Papatakis y el actor Albert Finney. Si bien tuvo una breve participación en La Dolce Vita, esta francesa de labios intimidantes y erótica mirada, descubrió la gloria como esposa de Marcello Mastroianni en el film 8 y ½ (1963). Su personaje de Luisa le permitió convertirse en una de las mujeres más deseadas del momento. En 1966, ya con otro director, filma Un hombre y una mujer, con la cual es nominada al Oscar como mejor actriz. Una belleza eterna, inmortalizada por la lente del magistral director italiano.
<b>Capucine</b>

Su vida pudo haber sido una película en sí misma, con su belleza como protagonista y su intransigencia como guión. Llegó a Fellini en el año 1969 ya en la decadencia de su carrera, cuando le puso el cuerpo a Trifena en Satyricon. Un solo film para quedar en la historia como una de las más bellas perlas de la filmografía del director nacido en Rimini (Italia). Primero fue una reconocida modelo de alta costura, hasta que filmó El águila de dos cabezas, película que la vistió de fama inmediata. Convertida en el símbolo femenino por excelencia de los años 60 en Francia, Germaine Lefebvre logró la posteridad definitiva el 17 de marzo de 1990, cuando a los sesenta y dos años, afectada por una profunda depresión, se lanzó al vacío desde la ventana de su departamento en Lausana (Suiza). Murió en el acto.
<b>Tina Aumont</b>

Los rasgos de Tina Aumont son los más modernos de las bellezas Made In Cinecittà. Un look setentoso que encontró su apogeo cuando participa en el film Satyricon (1969) de Federico Fellini, para volver a sus brazos recién en 1976 con El Casanova. Su rosto desafiante y espíritu desinteresado, la posicionó como primera obsesión entre los directores más prestigiosos del cine de aquella época. Es por ello, que en el lapso de veinte años, filma más de treinta películas. Ya sin la insinuación del prolifero director italiano, pasa al universo de Tinto Brass y se declara una bomba sensual con el papel de Herta Wallenberg en Salón Kitty. Todo fue prematuro en esta norteamericana, como su casamiento a los dieciséis años con Christian Marquand, incluso su muerte a los sesenta años debido a una embolia pulmonar. Y por sobre su destacable belleza, los escándalos, como cuando en Italia fue detenida por tenencia y consumo de drogas, o en Francia, donde afirmó mediante el conocido Manifiesto de las 343, haber abortado. Una actriz que hizo de su reviente, su polo de atracción.






