
Las alergias no se toman vacaciones
Alrededor del 30% de la población sufre reacciones frente a distintas sustancias: ácaros, polen, hongos, insectos, alimentos, medicamentos. Qué conviene tener en cuenta a la hora del veraneo para evitar malos ratos
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Hacemos las valijas, cerramos la puerta de casa y ¡a disfrutar, que llegaron las vacaciones! Todo parece perfecto, pero –porque siempre hay un pero– hay problemas que no se toman descanso.
Para muchas personas (cerca del 30% de la población), el lugar elegido para veranear puede convertirse en disparador de alergias, un trastorno frecuente que se manifiesta con estornudos, picazón de nariz, lagrimeo, tos, ronchas en la piel, cuadros gastrointestinales, ataques de asma y, en las formas más severas, shocks anafilácticos que pueden poner en riesgo la vida.
"La alergia es una respuesta exagerada del organismo ante elementos inofensivos para la mayoría (ver recuadro) –define el doctor Samuel Azar, que dirige la Red de Alergología de los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires–. En la actualidad, hay numerosas opciones diagnósticas y terapéuticas para solucionar o controlar el problema y, en principio, salir de vacaciones no debería alterar demasiado la vida de un alérgico."
"Es difícil que la primera vez que alguien cambia de hábitat tenga una reacción alérgica –explica el doctor Alberto Jorge Tolcachier, jefe de Alergia del hospital Durand de Buenos Aires–. Es más, es común que el alérgico diga, al volver del lugar donde veraneó: «Allá estuve fenómeno». Es que para volverse alérgico a una sustancia dada, a cualquier sustancia, hacen falta exposiciones previas que actúan como sensibilizantes, dejar pasar un período de latencia y un día, con una nueva exposición, se desencadena la reacción. Por eso, aquel que repite permanentemente la zona elegida para las vacaciones puede, al cabo de varias exposiciones, sensibilizarse a los alérgenos del lugar."
Kit de recomendaciones
Antes de comenzar un viaje largo en automóvil es conveniente que el auto haya pasado por el lavadero, que tenga sus asientos y alfombras bien cepillados y que funcione el aire acondicionado o la calefacción durante unos 15 minutos. "Esto eliminará los ácaros y hongos que puedan existir en los sistemas de ventilación –explica el doctor Samuel Azar–. Después, una vez limpios los conductos, puede utilizarse sin riesgos la ventilación del auto, que debería tener filtros, y es conveniente viajar con ventanillas cerradas para evitar el ingreso de alérgenos exteriores, como pólenes, hongos o insectos."
Viajar en tren o en micro también puede disparar episodios alérgicos: hay elementos irritantes en alfombras, en cortinas o en el polvo que se acumula en los asientos y en el piso. "En el tren conviene cerrar las ventanillas –dice el doctor Azar– y en ómnibus es aconsejable llevar abrigo y medias, porque a veces la refrigeración está fuerte y los cambios de temperatura pueden afectar."
El doctor Azar menciona que en los viajes en avión la complicación más habitual es que el aire se vuelve demasiado seco. "Es recomendable un aerosol salino para mantener húmedas las membranas nasales, cada una o dos horas", además de tomar suficiente líquido.
En cuanto al lugar elegido para residir durante las vacaciones, el doctor Tolcachier advierte que las casas que han estado cerradas por mucho tiempo, cultivando ácaros, son el peor escenario para los alérgicos. "El ácaro es el alérgeno más sensibilizante porque es perenne, a diferencia de los pólenes, que son estacionales y dependen de cuándo poliniza cada flor", comenta Tolcachier.
La primera noche en una casa que estuvo cerrada mucho tiempo puede ser crítica. "Cuando la persona alérgica se acuesta a dormir, sufre una exposición masiva a los ácaros del polvo, que están en los colchones, las almohadas, las frazadas… –advierte el especialista–. ¿Recuerda la imagen de las abuelas sacudiendo el colchón con un palo, al sol? ¡Eso era sabiduría! Donde entra el sol no entra el médico, dicen los chinos, y por eso la recomendación es entrar antes al lugar, abrir ventanas, ventilar, sacar almohadas, colchones y ropa de cama; limpiar muebles y pisos con trapo húmedo y recién después que la casa se habite."
Las habitaciones de hoteles están menos expuestas al riesgo de pasar largos períodos cerradas y de acumular ácaros, hongos y otros contaminantes. "Pero atención con los productos de limpieza que se utilizan o con los desodorantes –advierte Tolcachier–. Pueden generar reacciones en personas sensibles."
Los que sufren intolerancia al humo del cigarrillo o a alguna mascota deberían tenerlo en cuenta a la hora de elegir vivienda o cuarto de hotel, para garantizar que en el ambiente no existan esos alérgenos.
Destinos y menús
"En líneas generales, el clima marino es benigno, especialmente en verano, para todo tipo de alergias –comenta el doctor Tolcachier–. Las zonas costeras suelen tener poca polución o contaminación, y eso también ayuda. El alvéolo, la estación terminal de la vía aérea, es beneficiado por el aire húmedo y tibio, que hace que el bronquio se enfríe menos y esté menos reactivo."
El doctor Samuel Azar coincide: la playa suele ser un escenario con poco riesgo alergénico. "Pero –advierte– la exposición al sol puede generar reacciones en la piel, empeorar el eczema y causar urticaria."
Por encima de los 800 metros sobre el nivel del mar la pasarán mejor los alérgicos a los ácaros, que se desarrollan en un medio templado y hasta determinada altura, pero "el aire seco y frío puede irritar a los asmáticos", advierte el doctor Azar, y Tolcachier agrega que cuando esté previsto un destino que implique un brusco cambio de clima "conviene consultar antes con el médico para hacer un tratamiento preventivo y reforzar la medicación, si fuera necesario".
Pocas experiencias pueden resultar tan divertidas como salir de campamento, pero atención: en carpas y en bolsas de dormir, especialmente si han estado cerradas durante un tiempo prolongado, suelen juntarse distintos alérgenos, en especial hongos. "La función de los hongos es degradar material orgánico o biológico, por eso se acumulan en las carpas, que generalmente son de lona", explica el doctor Alberto Tolcachier.
Además, en un campamento puede existir un riesgo mayor de encuentros con insectos picadores, como avispas, abejas y hormigas coloradas. Los alérgicos a insectos deberían tener a disposición algún tratamiento de urgencia Otra actividad típica del acampante, el fogón, también suele perjudicar a los alérgicos: el humo es irritante de las vías aéreas y los ojos.
Las alergias a los alimentos también son frecuentes: las sufren hasta el 8% de los chicos y el 2% de los adultos, según datos de la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología. Entre los alimentos con más poder alergizante se encuentran los huevos, la leche, la soja, el maní, las nueces, el trigo y los pescados y mariscos. La más común reacción alérgica de la piel a un alimento es la urticaria, pero también pueden aparecer síntomas gastrointestinales (que incluyen vómitos y diarreas), eczema o dermatitis atópica y síntomas de asma: tos, silbidos y dificultad para respirar, en especial en bebes y en niños.
Entre las comidas, el doctor Tolcachier recomienda prestar atención a pescados y mariscos, menú veraniego habitual en las zonas costeras. "Pueden provocar síntomas alérgicos a través de dos mecanismos. Uno, la alergia genuina al pescado o marisco; otro, la reacción que se produce si ingerimos estos alimentos cuando no han sido bien conservados y se ha alterado la cadena de frío. En esos casos, las bacterias que los degradan transforman una sustancia llamada histidina en histamina, y la reacción alérgica, generalmente urticaria, no es ni al pescado ni al marisco, sino a la histamina. El problema que existe hoy en día es que muchas veces el pescado o los mariscos tienen olor a limpio aunque no estén frescos porque los lavan con lavandina. Por eso, para evitar malos ratos, hay que elegir bien dónde los comemos o compramos."
Para saber más
www.polenbuenosaires.com.ar
www.aaiba.org.ar
Alérgenos más frecuentes
- Acaros del polvo (arácnidos microscópicos que se alimentan de escamas de la piel y de hongos).
- Pólenes (microesporas de los estambres, o elementos masculinos de las flores).
- Insectos (abejas, avispas, hormigas, cucarachas).
- Hongos ambientales (son microesporas que crecen en lugares húmedos).
- Animales (proteínas de pelos, caspa y saliva). La mascota más alergizante es el gato.
- Alimentos (leche, huevos, chocolate, maní, pescado, mariscos).
- Medicamentos
Pólenes de Buenos Aires
Alrededor del 20% de la población es alérgica al polen, un polvillo constituido por las microesporas de los estambres (o elemento masculino) de las flores. "La Estación Aerobiológica Buenos Aires mide en forma continua la presencia y concentración de polen de distintos tipos de árboles y especies de la ciudad y emite alertas polínicos para que los alérgicos estén atentos –comenta el doctor Samuel Azar, director de la mencionada estación; ver página web en Para saber más–. La zona de la pampa húmeda en general poliniza de una manera similar a la ciudad de Buenos Aires, así que los que veranean cerca pueden guiarse por esos datos, pero en el resto del país no tenemos información. Por eso, nuestro objetivo es instalar una red aerobiológica que cubra todas las zonas del país, especialmente en el Norte, donde hay mucha vegetación y ningún dato disponible sobre el tema, fundamental para ampliar la tarea de prevención." Sin embargo, el doctor Azar explica que, en líneas generales, los alérgicos al polen –que reaccionan con estornudos, mucosidad acuosa en la nariz, lagrimeo, picazón nasal y ocular, tos y dificultad respiratoria– deberían mantener las ventanas del automóvil y la casa cerradas y utilizar filtros en el aire acondicionado; disminuir las actividades al aire libre entre las 10 y las 16, especialmente en días ventosos; evitar cortar el césped y recostarse sobre el pasto, principalmente cuando polinizan las gramíneas (la temporada es justamente ahora) y usar anteojos de sol al salir.





