Las empresas incentivan a empleados a través del arte

Además de renovar vínculos entre pares y superiores, fomentan la creatividad para generar un mejor rendimiento
Gustavo Bayley
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26 de enero de 2013  

El aumento de la creatividad, el ingenio o simplemente la posibilidad de liberar tensiones en el ámbito laboral son algunas de las razones por las cuales cada vez más empresas eligen ofrecer a sus empleados cursos de fotografía, percusión, cocina, pintura o baile; todas disciplinas relacionadas con el arte.

"Los concursos que se hacen en mi trabajo generan un ambiente laboral más cálido, brindan la posibilidad de profundizar el conocimiento y la confianza entre compañeros, tanto del mismo sector como de otros", cuenta Giselle, empleada administrativa de Cabal, sobre los cursos de fotografía y escritura que le ofrecen después de finalizar su horario laboral. Otras firmas prefieren brindar espacios artísticos dentro de la misma jornada. La mayor interacción entre los empleados y la renovación de vínculos entre pares y superiores son las claves de un proceso que los consultados también ven como necesario para lograr las metas deseadas. "Estas actividades son claves para integrar diversos sectores y jerarquías de las empresas", dice a la nacion Celia Grinberg, psicóloga y directora de Artempresa, una consultora que ofrece servicios de tango, pintura, fotografía y hasta salsa. En su cartera de clientes se encuentran el Banco Hipotecario, Patagonia, Cargill, Deloitte y Fragma, entre otros.

Como ejemplo de lo que promueve Artempresa, existen muestras de pintura en el museo del Banco Patagonia, con trabajos preparados por sus mismos empleados. Además, los que trabajan en las distintas sucursales del banco cuentan con un "fotoclub cibernético", en el que la docente de la Universidad del Salvador, Liliana Gelman, da una consigna semanal para que los empleados saquen fotos y las suban al sitio.

"Las actividades ayudan a afianzar vínculos, generar ideas nuevas y conceptos que la empresa quiere difundir entre sus empleados", resume Juan Marcelo Bodenheimer, director de la consultora Instare. Bodenheimer ha promovido varios talleres de percusión en algunas empresas.

El hecho de poner a interactuar a los empleados en un contexto diferente al que están acostumbrados, sin presiones y bajo otros estímulos, es también y a veces una apuesta fuerte. A Mariana Rodríguez, empleada del Banco Hipotecario, siempre le interesaron las artes plásticas. Hace un tiempo la empresa le ofreció incursionar en un taller de Ilustración, que dictó durante todo 2008 el famoso dibujante Hermenegildo Sábat. "Era lo más cercano a las artes plásticas y me decidí por entrar. Fue espectacular. Después me metí en talleres de fotografía que también me ofrecía el banco, y es al día de hoy que es parte de mi vida -cuenta Rodríguez-. A las firmas que aún no tienen este tipo de cosas les diría que no piensen que con esto los empleados se dispersan, sino todo lo contrario: ayuda a desbloquear situaciones complicadas del trabajo".

Peter Drucker, austríaco y padre del Management moderno, desarrolló dos formas para entender la dirección empresarial. Para su denominación utilizó dos géneros musicales. Al primero, y más común, se lo asocia con la ópera, mientras que al más innovador, con el jazz. El "sistema ópera" entiende a la dirección empresarial como estructurada, con jerarquías asentadas y tradiciones inamovibles. El "sistema jazz", en cambio, promueve una mayor interacción humana entre los trabajadores y su constante movilidad. "No buscamos convencer, sino más bien inspirar, a través de la improvisación", dice Elías Bajer, integrante de Los Demonios Dorados, una banda de jazz a la cual empresas como Repsol, Ford, OCA, Iveco o Cisco contratan para brindar diversos seminarios relacionados con la música.

"Los empleados nos reciben con caras largas, aburrimiento y desinterés. Cuando nos vamos, nos despiden de una forma completamente distinta", agrega Bajer.

Sin embargo, los resultados se pueden llegar a diluir si se vuelve al trabajo y el ambiente sigue siendo el mismo. Así lo entiende Bodenheimer: "Los servicios pueden ser muy lindos y liberadores, pero si cuando se vuelve a trabajar eso no se traduce en las tareas cotidianas, es en vano". Es por eso que también se necesita la buena voluntad de los superiores. "De todas formas los resultados se notan, ya que uno ve que gente que antes no se cruzaba, hoy sale a tomar algo", reflexiona Grinberg.

Las empresas de los Estados Unidos fueron de las pioneras en estimular a sus empleados para que desarrollaran su costado artístico. En la década del 60, de la mano de David Rockefeller, se creó Art at Work, programa que estimula la creatividad del personal en las compañías de todo el país con clases de arte, danza y teatro. Entre otras actividades, al día de hoy promueven las relacionadas con la visita a museos o la asistencia al backstage de diversas obras.

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