
Las polaroids de Andy Warhol
El gran exponente del Pop Art era aficionado a la cámara instantánea y con ella fotografió a sus amigos célebres. "Si uno piensa en Instagram, él habría tenido una cuenta increíble", dice Reuel Golden, editor de un flamante libro con sus retratos
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"Lo mejor de una fotografía es que nunca cambia, incluso cuando la gente que aparece en ella lo hace", decía Andy Warhol, el mayor exponente del Pop Art, que capturó insistentemente todo y a todos a su alrededor hasta su muerte.
Taschen acaba de lanzar en Europa Andy Warhol Polaroids 1968-1987, una selección con sus instantáneas más notables, que llegará a la Argentina a fines de octubre. El libro de 560 páginas cuenta con el prólogo de Richard Woodward, crítico de arte y colaborador de The Wall Street Journal y The New York Times, que dedicó siete meses a revisar ensayos, libros y material de gente que conoció a Warhol, así como a ver exposiciones de uno de los máximos influyentes del siglo XX y quien se adelantó al boom de los reality shows y las redes sociales. "En el futuro –vaticinó– todos tendrán sus 15 minutos de fama."
La recopilación muestra cómo empleó la Polaroid para varios propósitos, como hacer borradores de proyectos, que luego pasaba a otros medios, o documentar trabajos ya terminados, aunque, sobre todo, la usó para fotografiar a sus amigos y a sus colaboradores. Entre ellos, Gerard Malanga, Paul Morrissey, Lou Reed, Nico, Ultra Violet, Brigit Berlin, Candy Darling, Divine y Joe Dalessandro. Actores, directores, músicos, fotógrafos, escritores, pintores, se dejaban retratar por él. La fauna warholiana incluía nombres como Jack Nicholson, Anjelica Huston, Debbie Harry, Mick Jagger, Patti Smith, Yoko Ono, Salvador Dalí y Man Ray, al igual que talentos emergentes de los 70 y 80, como Robert Mapplethorpe, Jean Michel Basquiat y Keith Haring.
Warhol, ilustrador, pintor y director de cine, hizo sus primeras Polaroids en blanco y negro, con una Type 47, a fines de los 50. Luego, sus máquinas favoritas fueron la Big Shot, un mamotreto de 1971, diseñado estrictamente para retratos, con una distancia focal óptima de 91,4 centímetros, y el modelo SX-70, lanzado en 1972, que, cada dos segundos, sacaba fotos secas, que la gente podía mirar y comentar en el momento.

Al teléfono, desde Nueva York, Richard Woodward señala que lo que más le impresionó de su investigación para el libro fueron los usos diversos que Warhol le daba a la fotografía. "No se trataba sólo de retratos. Él experimentaba mucho. Hizo autorretratos. Usaba la cámara de manera distinta a sus contemporáneos. Trabajaba intentando diferentes cosas, con tiempos de exposición distintos, con flash en los espejos... Después es interesante cómo las Polaroids atraían a estrellas del cine, del rock, a socialités; su figura congregaba a gente tan diversa que sólo puede compararse con otro personaje popular de la época: Ahmet Ertegün, fundador de Atlantic Records."
Algunas fotos eran encargos para Interview, la revista dedicada al culto de las celebridades que AW cofundó en 1969. O base de productos comerciales, por ejemplo, las portadas de Sticky Fingers (1971) y Love you live (1977), de los Rolling Stones, o las campañas de publicidad para Absolut. Las fotos favoritas de Woodward son los retratos que el artista de pelo platinado hizo de algunos políticos. "Jimmy Carter luce mucho más glamoroso de lo que nunca fue. De hecho, le gustó tanto esa foto, que la usó para reunir fondos para su campaña presidencial. Las fotos de Denis Hopper y Jean-Michel Basquiat, tomadas en diferentes momentos, también están muy bien. Se nota que han cambiado y, también, cómo tratan de complacer a Warhol: hacer lo que él esperaba de ellos, al ser retratados." Los autorretratos de Andy, en tanto, le resultan conmovedores, "sobre todo aquellos en que aparece con maquillaje o con peluca. Representaban cómo a él le gustaría haberse visto, porque no estaba contento con su apariencia. Lo artificial lo hace verse, curiosamente, más real", opina.
Nacido el 6 de agosto de 1928 en Pittsburgh, Pensilvania, Andrew Warhola era el menor de tres varones de un matrimonio de inmigrantes checos: un obrero de la construcción y una bordadora. A los 7 años, el pequeño Andy leía cómics, recortaba muñecas de papel e iba al cine. Cuando cumplió 8, una enfermedad al hígado que le provocaba espasmos lo tiró en la cama. Mientras se recuperaba comenzó a dibujar, estimulado por su mamá, quien, poco después, le regaló su primera cámara de fotos.
A pesar de ser enfermizo, asistía a clases libres de arte en el Carnegie Museum of Art. Cuando cumplió 14 años, su padre, que lo consideraba brillante, murió. Afortunadamente, le dejó dinero para cursar Diseño en el Carnegie Institute for Technology, donde ingresó en 1945. Después de terminar la carrera se mudó a Nueva York, donde se convirtió en un exitoso artista comercial. Su primer trabajo fue el diseño de un zapato para la revista Glamour. Por error, su apellido Warhola salió mal impreso y así fue que adoptó el de Warhol. Entonces era un solitario que soñaba con convertirse en confidente de los demás y al que nadie hacía mucho caso.
Eran los años 50, Warhol trabajaba duro y, cuando regresaba a casa, tenía que batírselas con las cucarachas que habían invadido la ciudad. En su libro La filosofía de Andy Warhol (1975), recuerda cómo durante una reunión con Carmel Snow, editora de Harper's Bazaar, abrió su maletín y salió una enorme cucaracha que recorrió la superficie de su escritorio hasta la pata de la mesa. "Ella se sintió tan mal que me dio el empleo." Luego trabajaría para otras publicaciones y se lanzaría en solitario con cuadros con referencias comerciales, como las conocidas latas de sopa Campbell y las imágenes replicadas de Elvis, Marilyn y Jackie, en sus famosas serigrafías.

A la década siguiente Warhol escuchaba a María Callas y asistía a fiestas en todas partes: sótanos, terrazas, ómnibus. Era All tomorrow's parties, como dice el tema de The Velvet Underground, banda de la cual fue manager. Para entonces tenía un televisor en blanco y negro que siempre permanecía encendido y una grabadora a la que llamaba Mi esposa, con la que registraba lo que ocurría en su entorno, las 24 horas. Paralelamente experimentaba con las Polaroids, el cine y, ocasionalmente, diseñaba vestuario para bailarinas como Martha Graham.
Luego de que la esquizofrénica escritora feminista Valerie Solanas le disparara, en 1968, el artista tomó muchas fotos de su torso herido, convirtiendo, según dijo, el daño en arte. Reuel Golden, editor de Andy Warhol Polaroids 1968-1987, dice que fue quien inventó la selfie. "No tenía miedo de lucir vulnerable, vestido de drag queen o que se notara que estaba envejeciendo... El Andy (de este libro) es el más humano y expuesto, mostrándonos cómo realmente se veía a sí mismo." Woodward no está completamente de acuerdo con él: "Muchos otros artistas también usaron el autorretrato en sus trabajos, pero entiendo el sentido en que Reuel lo dice: hoy la gente se saca fotos todo el tiempo y de una forma casual", comenta.
"Como artista comercial, le fascinaba que la cámara Polaroid pudiera reproducir más o menos la misma imagen muy rápido. Tomaba cientos de fotos de un objeto o una persona hasta decidirse por una. Esta cualidad reproductiva estaba al centro de lo que el Pop Art representaba –explica Golden–. Los retratos más informales eran como un diario donde él registraba a quienes conocía. Si uno piensa cómo se usa Instagram hoy, no tengo dudas de que Andy Warhol habría tenido una cuenta increíble. Habría amado las redes sociales y, con su osadía y creatividad, las habría hecho avanzar, de alguna manera."
Para Woodward, es tentador hacer suposiciones de este tipo, porque con su arte del retrato en serie, Warhol se anticipó a los usos de la tecnología digital. "Él habría apreciado el feedback instantáneo… La conexión que produjo en su arte, entre la fotografía y la fama, se ha convertido en una creencia fundamental para una generación que mide el éxito a través de los hits de YouTube. El extraño doble efecto de sus retratos, por un lado, confirma el estatus de celebridad y, por otro, lo desinfla, con la estandarización repetitiva. Es otra sensación profética de nuestra era, en que el valor de la imagen individual parece más depreciado que nunca, con millones de fotos apiñadas en el formato de Facebook, cada día."

Warhol, que llegó a crear un servicio de Rent a Superstar (alquile una superestrella, algo que tampoco suena bizarro hoy, ya que existen sitios donde se pueden alquilar amigos y citas), usaba la fotografía, según Woodward, para relacionarse. "Socialmente era un tipo torpe. Le gustaba tener algo tecnológico entre él y los demás, se tratara de un teléfono o una cámara. Tomar fotos de alguien era una manera de reconocer su interés en esa persona sin que ello involucrara una conversación."
Amante de la bella monotonía –una de sus frases predilectas era "me gustan las cosas que se repiten exactamente una y otra vez"–, en una entrevista con Interview de 1977, Andy contó que almorzó sopa Campbell y un sándwich durante 20 años seguidos. También dijo que dormía con sus perros Archie y Amos, y que "el sexo es más excitante en la pantalla y entre las páginas que entre las sábanas", aseguraba el personaje devenido ícono, indudablemente ambiguo y enigmático, que hoy está inmortalizado con una cámara Polaroid al cuello en una estatua neoyorquina de Union Square.
"¿Habría admirado lo que ha causado Twitter y se habría unido a la red? –se plantea Woodward–. Probablemente, pero, de nuevo, Warhol nunca fue de los que van con la multitud."
FOTOS © The Andy Warhol Foundation For The Visual Arts, Inc.
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