Hoyt Richards en una foto de campaña junto a Cindy Crawford

Hoyt Richards fue el primer supermodelo masculino del mundo pero cayó en una secta “para ricos y lindos”

En un nuevo documental de HBO, Hoyt Richards cuenta cómo funcionaba el culto Eternal Values, liderado por Frederick von Mierers, otro famoso modelo de los sesenta, quien decía ser un alienígena que llegó a la Tierra desde una estrella lejana

Martín Bianchi
11'
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Glamourama, la cuarta novela de Bret Easton Ellis, llegó a las librerías estadounidenses a tiempo para la Navidad de 1998. El libro cuenta la historia de Victor Ward, un modelo joven y atractivo que se ve envuelto en una banda de terroristas internacionales. Para la crítica, Glamourama era un delirio. Para Ellis, era una sátira de la sociedad de los noventa, obsesionada con el consumo, las marcas y el éxito.

En esa misma época, Hoyt Richards, considerado como el primer supermodelo masculino, estaba sumido en su propio thriller conspiranoico. A sus 36 años, era una leyenda de la moda. Había trabajado para los mejores diseñadores, había desfilado por todo el mundo y había ganado millones. Lo que nadie sabía era que estaba intentando escapar de una secta solo para ricos y lindos.

Hoyt Richads es considerado el primer supermodelo del mundo (Foto: Getty Images)
Hoyt Richads es considerado el primer supermodelo del mundo (Foto: Getty Images)

Una calurosa noche de verano de 1999, el primer top model de la historia consiguió huir del cuartel general de Eternal Values en Asheville, Carolina del Norte. Llevaba 15 años bajo el influjo de esta organización, liderada por Frederick von Mierers, un exmodelo devenido en gurú new age. El modelo mejor pagado de su generación salió del complejo con lo puesto. No tenía dinero ni ahorros. No tenía contacto con su familia o amigos. Fabio Lanzoni, con el que había compartido pasarelas en los ochenta, le pagó un vuelo a Los Ángeles y lo acogió en su casa en California.

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Richards se ocultó durante años para que los otros miembros del culto no lo encontraran. Ahora, él y otras víctimas del grupo cuentan su historia en Bring me the beauties: a model cult, un documental que acaba de estrenar HBO en España. Dirigido por Chris Smith, ganador de varios Emmy, Bring me the beauties (Traeme a los lindos) supera a cualquier ficción. “Si no lo hubiera vivido, no me creería a mí mismo”, reconoció el modelo en una reciente entrevista a Page Six.

Frederick von Mierers, líder del culto Eternal Values (Foto: YouTube)
Frederick von Mierers, líder del culto Eternal Values (Foto: YouTube)

En apariencia, no era una presa fácil para una secta. Se había criado en una familia acomodada de Filadelfia y había estudiado Economía en Princeton. Había sido una estrella de fútbol americano en la universidad. Cuando cayó en las redes de Eternal Values, tenía 23 años, una buena educación, belleza y un futuro prometedor. Solo le faltaba encontrar sentido a su vida. Von Mierers, un viejo conocido de sus veraneos en Nantucket, le dio ese sentido.

Frederick von Mierers había trabajado como modelo en los años sesenta y estaba muy bien relacionado con la alta sociedad neoyorquina. Conocía a todo el mundo en la ciudad. Él le presentó a Joey Hunter, presidente de Ford Models, la agencia de modelos que representaba a Brooke Shields, Ali MacGraw, Naomi Campbell y Christy Turlington. Hunter consideró que Richards era el sueño americano hecho carne. Era alto, rubio, atlético y carismático.

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Una sesión de fotos con Bruce Weber hizo que su carrera despegara como un transbordador espacial. Empezó a trabajar con grandes fotógrafos como Richard Avedon e Irving Penn y a desfilar con top models como Cindy Crawford y Linda Evangelista. También empezó a ganar mucho dinero. Lo tenía todo en una época en la que tenerlo todo significaba mucho. Era mediados de la década de 1980. Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca, el liberalismo de Milton Friedman y Arnold Harberger campaba a sus anchas por Wall Street y en la radio sonaban himnos al capitalismo como “Paninaro”. “Armani, Armani, Versace”, cantaban los Pet Shop Boys.

Richards tenía éxito, pero se sentía vacío. No era el único que se sentía así. “Los chicos ricos con mentes atormentadas se van al Tíbet a ver al Dalai Lama o invitan a los monjes swamis de la India a mudarse con ellos”, escribió la periodista Marie Brenner en un reportaje sobre Eternal Values publicado en Vanity Fair en 1990.

“Son tiempos de religiones lunáticas, de cultos y grupos de autoayuda new age. Estos cultos atraen mayoritariamente a la generación de Menos que cero [primera novela de Easton Ellis], nacida en 1960, criados con profecías apocalípticas… La ansiedad asociada al fin de una era, más si es un milenio, inevitablemente produce una locura colectiva”, apuntaba Brenner.

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Hoyt Richards y Alva Chinn modelan para Versace, 1987 (Foto: Getty Images)
Hoyt Richards y Alva Chinn modelan para Versace, 1987 (Foto: Getty Images)

A mediados de los ochenta, había más de 2000 organizaciones sectarias operando en Estados Unidos. Grupos como la cienciología, Synanon o Arica estaban en auge. Eternal Values solo era una más. “Había tanto materialismo en Nueva York en esa época… pero Frederick y sus amigos encontraron una manera de equilibrar eso”, explica Richards en el documental de HBO.

Von Mierers no era un gurú más. “Él era la versión Brooks Brothers”, señala, refiriéndose a una de las marcas de ropa de cabecera de la gente rica de Manhattan. El apellido de Von Mierers podía sonar a vieja nobleza centroeuropea, pero no era más que un truco. En realidad se llamaba Fred Meyers y era el hijo de un tintorero de Brooklyn que había conseguido abrirse camino en la alta sociedad, primero como modelo, luego como aprendiz del famoso decorador Billy Baldwin y como amigo y confidente de algunas damas ricas de la ciudad y, finalmente, como gurú esotérico.

A mediados de los ochenta, cuando Hoyt Richards se cruzó con él, Von Mierers estaba empezando a levantar los pilares de Eternal Values. Entonces, ya aseguraba ser un alienígena proveniente de una estrella lejana llamada Arcturus que había venido a la Tierra para salvar a unos pocos del inminente fin del mundo. Según decía, el apocalipsis llegaría en 1999, pero sus seguidores no tenían nada que temer.

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Von Mierers aseguraba que era una alienígena que había llegado a la Tierra desde una estrella lejana (Foto: HBO)
Von Mierers aseguraba que era una alienígena que había llegado a la Tierra desde una estrella lejana (Foto: HBO)

Aquel relato no tenía mucho sentido, pero cautivó a Richards y a otros jóvenes yuppies atormentados por el capitalismo salvaje de la era Reagan. Von Mierers convirtió su elegante piso en el East Side, cerca de Sutton Place, en la base de operaciones del grupo. “Traeme a los lindos”, decía. Solo reclutaba a hombres y mujeres atractivos y adinerados. “Solo la élite va a ser salvada. Estoy acá para entrenar a los líderes de la nueva era. Solo me interesan las archiduquesas y los lores. Todos a los que entreno tienen facciones perfectas. Creo en una raza superior”, explicó a Marie Brenner en el reportaje de Vanity Fair. La periodista tituló la historia como East Side Alien (Alienígena del East Side).

En solo cinco años, el pintoresco wannabe con ínfulas de extraterrestre y mesías levantó un culto con un centenar de seguidores. Richards era su acólito más famoso, pero en las filas de Eternal Values también estaban la modelo Jacki Adams, que entonces era imagen del gigante de la cosmética Elizabeth Arden; Douglas Wyatt, hijo de los petroleros tejanos Oscar y Lynn Wyatt; y William Scranton III, hijo del gobernador de Pensilvania. También había ejecutivos de televisión, brokers de Wall Street y graduados de Harvard, Yale y Princeton. Sylvester Stallone y Rae Dawn Chong se interesaron en algunas actividades del grupo.

Hoyt Richards, Kristen McMenamy y Mick Fleetwood en 1993 (Foto: Getty Images)
Hoyt Richards, Kristen McMenamy y Mick Fleetwood en 1993 (Foto: Getty Images)

Eternal Values se convirtió en un negocio muy rentable. Vendía cassettes, videos y libros de autoayuda, planes nutricionales y dietas, suplementos alimenticios, seminarios, sesiones de astrología personalizada y lecturas presenciales. Otra fuente de ingresos de la organización era el comercio ilegal de piedras preciosas. Von Mierers vendía a sus seguidores zafiros, esmeraldas y rubíes. Decía que eran “talismanes”. “Las gemas son pensamientos condensados de Dios... Son velas en la oscuridad que impiden que caigamos en la desilusión”, explicó el enjoyado gurú a Brenner. Se calcula que llegó a ingresar más de dos millones de dólares con esta actividad.

Desde fuera, parecía una pseudo religión liberadora. Desde dentro, Richards lo recuerda como una “prisión mental”. Los miembros del culto tenían que cumplir reglas estrictas. No podían tomar alcohol, ni fumar, ni drogarse, ni tener relaciones sexuales. Todos tenían que proteger su cuerpo para conseguir la redención. Von Mierers controlaba lo que comían y el ejercicio que hacían y les exigía devoción ciega. Cualquiera que no siguiera sus reglas era sometido a gritos, insultos y humillaciones durante sesiones en las que participaban todos los miembros. A los rebeldes se los castigaba con trabajos manuales. Según Richards, también hubo abusos sexuales.

El culto desaconsejaba entablar relaciones con gente del exterior y alentaba a romper los vínculos con familiares y amigos. El grupo era el bien absoluto y el exterior era el enemigo. El clima de aislamiento aumentaba el poder del líder para infligir sus abusos, manipulaciones y engaños. Al igual que el reverendo surcoreano Sun Myung Moon, Von Mierers tomó el control sobre los bienes y fortunas de sus seguidores. “La mentalidad de Eternal Values y la forma en que Frederick operaba era que todos teníamos que dar todo lo que teníamos. El grupo solo iba a funcionar si te comprometías por completo”, explicó Richards en una entrevista a The New York Times. “Si tenías dinero, como era mi caso, tenías que darlo. Si no tenías dinero, tenías que dar tu tiempo”.

El modelo calcula que entregó una fortuna a la organización. “No era bueno en contabilidad en esa época, pero di entre cuatro y cinco millones”, explicó. Ganaba cientos de miles de dólares como imagen de Versace, Gianfranco Ferré, Ralph Lauren, Donna Karan y Jeffrey Banks, pero ni siquiera tenía una casa propia. Dormía en el suelo del piso de su “maestro”.

Me convertí en mi peor enemigo. Sabía que lo que me pasaba estaba mal, que era potencialmente peligroso y malo. Pero estaba decidido a mantener la narrativa de que Eternal Values era espiritual”, ha recordado.

Richards terminó creyendo que su fama y fortuna se debían a Eternal Values (Foto: Getty Images)
Richards terminó creyendo que su fama y fortuna se debían a Eternal Values (Foto: Getty Images)

El control era férreo pero sutil. Nadie estaba obligado a quedarse. Richards confiesa que llegó a convencerse de que le iba bien en la moda porque formaba parte de la secta. “Creía que esa era la fórmula secreta de mi éxito”, dice. Ese “pensamiento mágico” es común en los cultos.

Von Mieres murió por complicaciones del VIH en 1990. Tenía 43 años. Eternal Values siguió operando durante una década. Su miembro más famoso consiguió escapar poco antes de que el grupo se disolviera. Richards había iniciado una relación secreta con una mujer, cosa que el culto prohibía terminantemente. Querían que rompiera con su novia vía fax. Eso terminó de abrirle los ojos. “Donna jugó un papel clave. De alguna manera desbloqueó mi corazón”. Hace unos años se reencontraron y retomaron la relación. Están comprometidos y tienen planes de casarse en septiembre.

Hoyt Richards pasó 15 años en la secta y entregó millones de dólares a su líder (Foto: @hbodocs)
Hoyt Richards pasó 15 años en la secta y entregó millones de dólares a su líder (Foto: @hbodocs)

Ahora, Richards tiene 64 años y sigue trabajando como modelo y actor. También colabora con Living Cult Free, una ONG cuyo objetivo es empoderar a las personas que han sobrevivido al control coercitivo y a la influencia indebida para que compartan sus historias de forma segura. La organización busca reducir la vergüenza, el estigma y el aislamiento de las víctimas y fomentar la educación y la prevención contra los cultos y sectas.

El modelo asegura que el primer paso para su sanación fue asumir su responsabilidad, admitir su culpa. “Aunque me lavaron el cerebro y estaba bajo la influencia, tomaba mis decisiones y soy responsable de ellas”, explicó a The New York Times. Todavía está en proceso de curación. Sigue haciendo terapia. Conocer a otros supervivientes del culto lo ayuda.

Richards colabora con la ONG Living Cult Free (Foto: Getty Images)
Richards colabora con la ONG Living Cult Free (Foto: Getty Images)

Decidió contar su historia porque considera que el movimiento New Age está más vivo que nunca en la era de las redes sociales. Instagram y TikTok están llenos de falsos gurúes del bienestar y la medicina alternativa, y de charlatanes que prometen fórmulas mágicas para conseguir la felicidad o el éxito. “Vivimos en una sociedad sectaria”, advierte.

Según él, cualquiera puede convertirse en Frederick Von Mierers: “Puede ser un padre, un hermano, un jefe, un entrenador o un amante. Muchas veces nos encontramos en una situación en la que sentís que tenés que agradarle a otro. Querés hacer feliz a esa persona, pero, no importa cuánto lo intentes, de alguna manera te va a menospreciar”.

Gus Van Sant acaba de anunciar que quiere rodar una película sobre Richards y Eternal Values. La historia tiene todo lo que le interesa al director de Mi Idaho privado, El indomable Will Hunting y Todo por un sueño: juventud, belleza, sensualidad, ambición, inocencia robada, tragedia… La vida del primer supermodelo masculino es mejor que cualquier ficción.

Por Martín Bianchi
EL PAIS@Ediciones El Pais, S.L.U.