
Lima: viaje a la ciudad real
Es una de las grandes atracciones gastronómicas de la región y un punto de partida para explorar la herencia colonial y el legado inca
1 minuto de lectura'

"En el bordillo del Malecón, sobre el acantilado, de donde subía, sincrónico, profundo, el sonido del mar...". Son las palabras de Mario Vargas Llosa para describir la costanera de Lima donde le pidió a Julia que se casara con él y que se fugaran juntos para callar el escándalo. Porque Julia Urquidi, la primera esposa del escritor, era también su tía política y tenía 14 años años más que él. En "La tía Julia y el escribidor" el Nobel de literatura reconstruye aquella escena de 1955 en los acantilados del barrio limeño de Miraflores, con el océano Pacífico de fondo, tras haberse enamorado contra su voluntad y todos los prejuicios, "en los humosos cafés del centro de Lima".
Hasta hace algunos años, la capital peruana era solo una parada logística necesaria para llegar a Cusco y su maravilloso Machu Pichu. Hoy, los viajeros la eligen muy especialmente por sus sabores, su historia y el encanto de sus colores. Envuelta en neblinas que la dibujan con acuarelas, Lima se despierta, canta, baila, teje preciosos géneros y cocina como los dioses que adoraban los incas.
Ceviche fresco
Gastón Acurio estudió cocina en España y en Francia, pero volvió a Perú y refundó su gastronomía con los productos de siempre y su interpretación tan única. Su restaurante Astrid & Gastón (que abrió junto a su mujer) es el máximo referente mundial de la cocina andina. Acurio, reencarnado una y otra vez en sí mismo, es hoy escritor, empresario, filántropo, maestro de cocineros y embajador de Perú donde quiera que encienda sus fuegos. En Lima, se puede comer en uno de sus múltiples restaurantes (Astrid & Gastón, Chicha, La Mar, Tanta, Madam Tusan, Los Bachiche, Papacho´s -una original casa de hamburguesas-, Barra Chalaca o el Chinito) o tomar una clase de cocina con él o sus ayudantes para volver a casa con el secreto revelado del ceviche perfecto.

La ciudad es tan amplia en su oferta gastronómica, que en un sencillo mercado de barrio o en un puesto suelto por la calle se pueden probar sabores inolvidables. La selección básica de platos imperdibles incluye: causa de atún, pollo a las brasas y papas a la huancaína.
Herencia Colonial
Durante la colonia, Lima era llamada "La Ciudad Real" y su puerto era el motor de la economía virreinal. El centro histórico acoge la herencia de esa época, las magníficas iglesias renacentistas, barrocas y neoclásicas; y el testimonio aborigen, que pinta de colores y texturas las angostas veredas. En su corazón se abre la la Plaza de Armas y un corredor de comedores antiguos y nostálgicos bares de hotel. Como el Grand Hotel Maury , donde, según la leyenda, fue inventado el pisco sour .

Más allá, el distrito de Miraflores muestra el perfil más romántico de la ciudad, asomada al océano desde lo alto de los acantilados que recordaba Vargas Llosa. Allí, la gran atracción comercial es el shopping Larcomar, con tiendas de moda, gastronomía y entretenimiento, y terrazas con mesitas que miran al mar. Ideales para ver caer el sol con un refrescante pisco entre manos y terminar el día acunados por la brisa del Pacífico.
Volá a Lima con






