
Los colores del corazón
Se puede cambiar de pareja y de partido político, pero nunca de camiseta. Ser fanático de un club, ¡de un cuadro!, es practicar una forma de religión. Hinchas hay de todo tipo: están los que van a la cancha, para participar del rito hasta quedar afónicos, y también los que miran desde lejos, pero con el mismo sentimiento en el alma. Siempre, para cualquiera, habrá un momento en la vida en que ponerse la divisa sobre la piel significará identificación, pertenencia, amor, pasión. Cada uno con su historia
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FONTANAROSA Humorista y escritor
"El amor por la camiseta está relacionado con la historia de cada uno. Es personal. No se cambia por nada ni por nadie. Es el recuerdo de haber ido, una vez, a la cancha con los amigos. De juntarse después a cenar para ver los goles. De recordar a otros que no están y les gustaría."
A él, todo eso y mucho más, se lo genera el azul y amarillo inconfundible de Rosario Central. Del Canalla. La primera vez fue como tantas: un partido tranquilo al que su padre, más apasionado por el basquetbol que por el fútbol, accedió a llevarlo. Pero quedó marcado para siempre cuando la familia de su mejor amigo del colegio decidió incorporarlo al programa inevitable de cada domingo. Desde entonces, cada partido de Central lo tiene al Negro, hincha célebre, en la platea.
Su único hijo, Franco, también admite ser canalla. Pero de otra manera. El padre advierte que nunca tiene mucha idea sobre los pasos del equipo, con quién juega o adónde. Y cuando los domingos lo ve así, tan tranquilo, se pregunta si no sería mejor tomárselo con calma y no sufrir como un condenado.
FERNANDO COCO SILY
Actor y guionista
No pudo con él una acérrima tradición familiar xeneize. Tampoco el rito, reiterado durante muchos domingos, de llegar a la Bombonera de la mano de su papá. Para ellos es, ahora, un traidor. Porque desde los 12 años, cuando se mudó al barrio de San Cristóbal y con su banda de amigos pisó por primera vez el Palacio Tomás A. Ducó, se enamoró profundamente de Huracán. Entonces se convirtió en un quemero de verdad. No falta ni un domingo. Tampoco un sábado, cuando el descenso golpeó duro. Sus cuatro hijos llevan su misma camiseta, pero sólo Satcha, de 5 años, lo acompaña y le hace preguntas como ésta: "¿Dios es de Huracán?" La respuesta fue negativa, pero sólo porque en ese momento el equipo iba perdiendo. Su fanatismo lo llevó a exigir que, si querían que actuara, sus personajes en la televisión o en el teatro debían ser, sí o sí, de Huracán. Así cambió el guión de Trillizos, ya que Rocco, el peluquero, era de Boca. Manojo, en Buenos vecinos, sufrió el mismo impacto. Y Ricardo, el protagonista de Ataque de pánico, la obra de teatro que se reestrena esta semana en el Club del Vino, vive todas las angustias y felicidades que le tocan por ser hincha de Huracán.
JORGE GUINZBURG
Humorista y periodista
Hincha de Vélez por tercera generación, cuenta con orgullo que sus cuatro hijos, ahora, son fanas de El Fortín. Ahora, porque cuando eran más chicos se enojaban por la elección, lo amenazaban con cambiarse de camiseta o se alegraban si perdía. Cuenta que su papá no era fanático, pero cuando llegaron de Capilla del Monte, Córdoba, y se instalaron en Buenos Aires, se hicieron socios del club para utilizar las instalaciones. Así entró Vélez en él: empezó a ver los entrenamientos, esperaba los domingos para ver cada partido. Ahora, se escuda en los muchos compromisos profesionales que tiene para no moverse de su casa cuando llega el fin de semana. Pero tiene pensado, para la segunda mitad del año, retomar ese rito. Extraña el clima, la emoción de alentar a su equipo, y mantiene viva la ilusión de campañas como aquellas de los años noventa, que se coronaron con una vuelta olímpica en Tokio. Una vuelta que él dio, como uno más.
LUIS BRANDONI, RICARDO DARÍN Y GERMÁN PALACIOS
Brandoni tiene su corazón dividido en dos. El lado romántico está ocupado por su equipo de barrio, Dock Sud. Allí nació y vivió hasta los 13 años. Su papá fue presidente del club y él tiene frescos los recuerdos de sábados y de cancha, sobre todo "aquella vez que le ganamos a Quilmes y no lo dejamos subir a la A". De grande, agregó a River. Y si bien va a la cancha muy de vez en cuando, escuchar las transmisiones radiales de Víctor Hugo Morales hace que, prácticamente, esté allí.
Darín se declara hincha de la selección argentina desde que nació. Así es como pudo hacerse de una camiseta histórica: se la regaló Maradona, nada menos, durante el entretiempo de un encuentro del equipo nacional contra la Unión Soviética, en los años ochenta. Del seleccionado no se pierde ni un partido. Y de Maradona, aunque sea en el patio de la casa, tampoco. A la hora de elegir clubes, su posición es más ambigua: por tradición familiar, debería ser cuervo pero, en realidad, se siente más gallina.
Palacios se hizo de la Academia por influencia de su hermano mayor y de sus dos tíos. Jura que, aunque era demasiado chico, se acuerda de cuando Racing salió campeón del mundo, allá por el 1966, y del gol de media cancha del Chango Cárdenas. Culpa de las funciones de teatro, no va muy seguido a la cancha. Pero le alcanza para asegurar que "la hinchada de Racing es la mejor del país". Y que algún día será campeón.
ADOLFO CASTELLO Periodista
Castello se hizo fanático de Boca por influencia directa de su hermano mayor. "Como suele ocurrir con los hermanos mayores, que te llevan adonde querés... y adonde no querés también." En este caso, quería. Por eso afirma que tiene "conciencia bostera" desde los 12 años. Admite tener períodos de "mucha locura", en los que no se pierde ni un partido, se juegue donde se juegue, en el país o en el mundo. Y otras en las que, sin saber muy bien por qué, deja de ir. Igual, siempre está al tanto de los resultados. Goza, sufre, se emociona y se enoja. Y si pierde, la bronca le dura veinticuatro horas y un poco más si lo verduguean. Todo, lo bueno y también lo malo, lo divierte horrores.
CACHO CASTAÑA
Cantante y actor
Se hizo cuervo porque sus dos hermanos mayores lo llevaban a la cancha de prepo. "Sino, quizás hubiera sido de Sacachispas." Al fin, se hizo fanático, a punto tal de faltar a la cancha sólo si el equipo anda por el país o por el mundo. Entonces, lo sigue por televisión o por radio. Se siente orgulloso de que la hinchada sea una de las más creativas y, sobre todo, que haya transformado una de sus canciones para cantar en contra de Boca: "¡Seguí bailando, Boca seguí bailando / seguí bailando que te vas a enloquecer...!" También, entre sus recuerdos favoritos, está el recital exclusivo para los jugadores, en la era del Cabezón Ruggeri, cuando estaban concentrados en el mismo hotel que él, en Mar del Plata. Admite que sus domingos son más tristes si pierde San Lorenzo y que la amargura se disipa sólo el lunes por la tarde. Para Cacho, ser cuervo es "una cruz que llevo, igual que una religión".
FREDDY STORANI Político
Los colores, el rojo, fueron la primera razón para que el pequeño Freddy se hiciera hincha de Independiente. Era un chico, vivía en Río Cuarto, en el interior cordobés, y allá se acostumbraba lo que en cada pueblo: ser hincha de un equipo chico local (él era de Estudiantes) y de uno grande. Entonces eligió, "ideológicamente", a Independiente. Además, claro, le gustaba la calidad de juego de aquel equipo en el que brillaron tantas estrellas. El apogeo de Bochini terminó de marcarlo para siempre. Actualmente, si los rojos juegan como locales y él está en Buenos Aires, va a la cancha. En esos casos, se encuentra con Juan Manuel Casella, otro "radical independiente", se citan en una esquina cerca de la cancha y, juntos, sufren o se alegran durantelos 90 minutos que dura el partido. Siempre tiene presente a su club, al punto de cambiar el recorrido de una caravana política: en las últimas elecciones, marchando junto con Graciela Fernández Meijide, pasaron frente a la sede de Racing y ella saludó a los hinchas, él exigió seguir por la avenida Mitre para saludar a los suyos, frente a la sede de Independiente.
CAROLINA PELERITTI Actriz
Hasta hace un mes se la podía ver a Carolina en el teatro, revoleando una camiseta de Boca, como si estuviera en plena tribuna. Usaba ese vestuario para hacer uno de los monólogos de Confesiones de mujeres de 30, obra que dejó para ponerse a las órdenes del director Eduardo Milewicz y su futura película. En su casa siempre hubo un espacio importante para el deporte. Tiene recuerdos de chica con el característico sonido de la radio transmitiendo fútbol como fondo. Pero quien la metió de lleno en Boca fue su hermano menor, Diego, a quien define como un verdadero "enfermo" xeneize. Cuando va a la cancha, le gusta llegar con bastante tiempo, antes de que empiece el partido: le gusta observar a la gente y sentir el espíritu futbolero que se respira en un estadio. Confiesa que, además de observar el encuentro, se pone un auricular para escucharlo por radio al mismo tiempo. Lamentó no tener el pasaporte a mano cuando llevó a su hermano a Ezeiza para ir a Japón a presenciar la final contra el Real Madrid. "Si no, me hubiera subido al avión, de una."
ANDREA BURSTEN modelo
Su elección va contra las reglas o "es extraña", según su propia calificación. Su padre, sus hermanos, sus abuelos y sus tíos son hinchas de... Racing. Y ella ni se acuerda cuándo ni por qué se hizo fanática de River. Su actual marido, Fede Ribero, también es un "enfermo": juntos, van todos los domingos a la cancha, aunque admite que nunca llegó a salir de Buenos Aires para ver a su equipo. Eso sí: jamás se pierde un superclásico River - Boca ni los partidos cuando juega el seleccionado argentino. Ahí sí viajó: estuvo presente en el Mundial de Francia, vio todos los partidos. El peor error de su vida futbolera, reconoce, fue haber aceptado, una vez, hace mucho tiempo, ver un clásico desde un palco local de la Bombonera: pocas veces la pasó tan mal, rodeada de... rivales, que nada admiraban de ella si es que tenía algo rojiblanco encima. Quizá por eso, le quedó una manía: nunca, en ninguna pasarela del mundo, por más plata que le ofrezcan, aceptaría vestirse de azul y amarillo.
El backstage de esta producción se puede ver en:
http://www.lanacion.com.ar/destacados
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