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No siempre se puede estar feliz y sonriente todo el día, pero así como hay quienes intentan poner “su mejor cara” a los momentos duros y que las dificultades no empañen lo bueno, por el otro lado están aquellos que no pueden ocultar su enojo e hicieron de la furia su principal característica. Al tener en cuenta que algunas personas se la pasan enfadadas, la psicología analizó qué hay detrás de esta actitud y los expertos coinciden en que no se trata de un mal carácter, sino de algo más profundo. Y es que afrontan una profunda sobrecarga emocional y un sistema nervioso saturado. Aquí más detalles para que comprendas qué les pasa.
El enfado es una emoción básica de supervivencia que prepara al cuerpo para la “lucha o huida”. Las personas se enfadan cuando sienten una amenaza a sus intereses o cuando la realidad no cumple con sus expectativas, lo que genera frustración, impotencia o dolor.

La psicología explica que las personas que viven enfadadas no suelen reaccionar por el entorno, sino por una interpretación distorsionada de la realidad. El enojo constante suele actuar como un mecanismo de defensa para enmascarar emociones vulnerables, como la tristeza, la inseguridad o el miedo a salir lastimado.
Teniendo en cuenta que en diversas ocasiones el enfado se refleja en la irritabilidad o en tener poca paciencia, Sonia Díaz Rois, mentora y coach especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, remarca en Voz Populi que “muchas personas creen que tienen mal carácter y lo que tienen es saturación”.
Esto se debe a que muchas personas viven molestas sin darse cuenta y confunden la acumulación emocional con “tener mal carácter”. “No explotamos por una tontería. Explotamos por esas 100 cosas pequeñas que hemos ido dejando pasar durante demasiado tiempo. Es mucho más habitual hablar de mal carácter, cansancio, estrés o falta de paciencia que reconocer directamente el enfado”, explica la coach.

Para la experta, muchas personas creen que reaccionan de esta manera “porque son así”, cuando lo que ocurre es que llevan demasiado tiempo acumulando tensión, exigencia, cansancio o frustración. “Muchas veces no es que seas así. Es que llevas demasiado tiempo viviendo de un modo concreto”, concluye.
Entre los rasgos principales destacan:




