
Los hilos de una cultura
En el corazón de los Andes peruanos, NIlda Callañaupa Alvarez dirige el Centro de Textiles Tradicionales, dedicado a preservar las técnicas y los diseños milenarios de los tejidos de las antiguas comunidades incaicas
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CHINCHERO, Perú.– A los 6 años, Nilda Callañaupa Alvarez aprendió de su madre y sus abuelas las milenarias técnicas del hilado y el empleo del telar, las mismas que cinco siglos atrás les permitieron a sus ancestros incas desarrollar un arte textil único por su rústica belleza y la complejidad de sus diseños.
Hoy, a los 41, Nilda recorre con orgullo el patio de la casa donde funciona el Centro de Textiles Tradicionales de Cuzco, con sede en Chinchero, que dirige desde hace varios años. Allí, una veintena de tejedoras se reúne dos días a la semana para recrear con sus manos las técnicas textiles andinas que hoy se encuentran en peligro de extinción. En las últimas dos décadas, la introducción de materiales, tinturas y diseños no tradicionales con el fin de abaratar los costos de la producción orientada al turismo ha reemplazado el uso de las lanas de llama, vicuña y alpaca, teñidas por procesos naturales, poniendo en jaque las técnicas textiles artesanales de Perú. Consciente del peligro de que desaparezcan, esta estudiosa del arte textil andino decidió llevar adelante un proyecto de rescate de este aspecto central dentro de la cultura quechua.
“El tejido forma parte de nuestra historia, de nuestra tradición –dice Nilda, mientras observa el trabajo de un par de mujeres arrodilladas frente a un telar–. La reunión de estas comunidades de tejedoras constituye todo un acontecimiento social en el que afloran los valores, el idioma y las costumbres de nuestros antepasados.
“Queremos que estos grupos de tejedoras florezcan como modelos para las generaciones venideras –agrega–, y que éstas aprendan a valorar a nuestros antepasados y a nuestra tradición.”
En busca de la paciencia
Ha parado de llover y en unos minutos más saldrá el sol. En un par de horas se nublará de nuevo y lloverá para luego volver a aclarar. Así transcurre el día en Chinchero, un pequeño pueblo que descansa en la cima de un cerro, a 3600 metros de altura, a una hora y media en coche de la ciudad de Cuzco.
Nilda nació en alguna de estas casas bajas con techo de tejas, en cuyo patio central aprendió en la infancia a preparar y a tejer los complejos diseños tradicionales de Chinchero. No muchos años después, su fama de experta tejedora ya se había extendido por toda la región cuzqueña.
Al terminar la escuela partió a la Universidad de Cuzco, donde obtuvo la Maestría en Turismo. Esta quizá podría ser considerada una etapa más en la historia de vida de una joven de cualquier urbe, pero no sucede lo mismo aquí en Chinchero: Nilda fue la primera mujer de este pueblo en asistir a la Universidad.
Fue en aquellos días cuando comenzó a concebir el proyecto de rescatar los tejidos tradicionales andinos que veía desaparecer silenciosamente. “La idea nació poco a poco –recuerda–. Por aquel entonces, yo estaba aprendiendo de las viejitas de la región diseños complicados que estas tejedoras estaban abandonando, diseños que se estaban perdiendo.
“Las viejas tejedoras me decían que ya no los hacían más porque eran muy complejos y demandaban mucho tiempo: semanas y a veces meses –continúa–. Ya no hay paciencia para tejerlos, recuerdo que una de ellas se lamentaba; además, decía, son muy caros para vendérselos a los turistas: ¿quién va a querer comprarlos?” A fines de los 70, con la ayuda de un antropólogo norteamericano amigo también interesado en el rescate de este arte, Nilda comenzó a conformar los primeros grupos de tejedoras, en un proyecto que tomó una forma más acabada muchos años más tarde, a fines de los 90: prendas únicas, a un precio justo.
Para 1999, cuando el proyecto adquirió el nombre oficial de Centro de Textiles Tradicionales de Cuzco, Nilda había logrado extender a otros poblados de la región cuzqueña esta costumbre de reunir todos los lunes y sábados a las artesanas experimentadas junto con las noveles.
“Nosotros, desde el centro, ayudamos con la organización y con todo lo que se refiere a la comercialización posterior de los productos –explica Nilda–, pero en cada poblado las profesoras y los diseños que recrean son los verdaderamente característicos de la región.” Chahuaytiri, Accha, Alta, Patabamba, Pitumarca, Mullacca y Mahuaypampa. En cada uno de estos poblados más o menos remotos, Nilda debió bucear en la tradición oral y en las producciones textiles de las viejas tejedoras para rescatar las técnicas, la historia, los diseños y los significados de los tejidos propios del lugar, de modo tal que luego pudieran ser transmitidos a las nuevas generaciones de artesanas.
“A diferencia de los productos industriales, los tejidos artesanales de cada región son únicos –explica Nilda–. De ahí mi interés en que no se pierdan las características propias de las diferentes localidades andinas”, dice. Pero no sólo son las características regionales las que Nilda pretende conservar, sino también aquéllas de carácter más personal.
“No existen dos prendas confeccionadas por una misma tejedora que sean iguales”, asegura esta experta que ha dado conferencias y realizado exposiciones en instituciones como el Museo de Arqueología Peabody, en Cambridge; el Smithsoniano, en Washington, y el Museo De Young, en San Francisco.
Se entiende, entonces, por qué cada una de las prendas del Centro de Textiles Tradicionales de Cuzco lleva una etiqueta con el nombre y la foto de la artesana que la elaboró, junto con una reseña de las características del arte textil predominante en su región de origen. “Nuestra meta es lograr tejidos de calidad, usando tintes artesanales y los estilos de nuestros antepasados –apunta Nilda–. Buscamos producir prendas únicas para vender a un precio justo.” Paralelamente, Nilda continúa con sus labores de estudio en áreas inexploradas desde el punto de vista del arte textil. A principios de año, obtuvo fondos del Consejo de Expediciones de la National Geographic Society para investigar y proteger estilos de tejidos de las regiones cuzqueñas de Vilcabamanda y Chumbivilicas, virtualmente desaparecidos o, en algunos casos, todavía desconocidos fuera de esos sitios.
Sueños con telares
Lograr que las técnicas textiles regionales que aún hoy se encuentran en franco retroceso renazcan en manos de las nuevas generaciones de tejedoras no es una tarea fácil, reconoce esta mujer que alterna la lengua española con el quechua –que emplea para dirigirse a las tejedoras– y el inglés –con que responde a los turistas extranjeros.
“Los primeros pasos fueron bien difíciles, casi una lucha –asegura Nilda–. Para poder organizar los grupos de tejedoras, tuvimos que revertir las malas experiencias que habíamos tenido en la región con las cooperativas. Fue muy difícil que las mujeres aceptaran volver a trabajar en grupo, pero lo logramos.
"Cuando empezamos, teníamos que convencer y a veces hasta rogar a cada una de las tejedoras para que aceptara unirse a los grupos –confiesa–. Ahora vienen muchas mujeres a pedirnos que las aceptemos, pero no tenemos lugar para todas.” Actualmente, el grupo de Chinchero está integrado por veinte tejedoras de diferentes edades, algunas de ellas madres e hijas.
Tanto en Chinchero como en las demás comunidades en las que trabaja, Nilda ha conformado grupos de tejedoras integrados por niñas, para que aprendan desde pequeñas los secretos del arte textil andino a punto de ser olvidados.
“Es una gran satisfacción ayudar a estas comunidades y ver los resultados que están obteniendo –asegura Nilda–. Lo único que extraño es tejer yo misma, ya que el trabajo organizativo y administrativo no me deja mucho tiempo para eso.
“A veces, hasta me da un poco de envidia cuando veo a las mujeres de los grupos trabajando frente a los telares –reconoce–. Sueño con regresar algún día a mis tejidos, por eso estoy entrenando a algunas jóvenes para que realicen mi trabajo y yo pueda volver al telar .”
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