
Los infinitos caminos sonoros de Café Tacuba
El nuevo álbum es más rockero, psicodélico y continúa la línea existencialista
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- Cuatro años hubo que esperar para escuchar al sucesor de aquel álbum introspectivo, experimental, complejo y existencialista que resultó Revés/Yo soy. Un disco doble generacional, que reflejó como pocos en América latina las inquietudes y los cambios que el hombre padece al cumplir los 30 años.
Entonces, una vez superada aquella etapa y basándose en el concepto de mutación constante que marca la escencia del grupo, Café Tacuba se jugó por el opuesto. Las canciones de Cuatro caminos están concebidas hacia afuera, son directas, sin vueltas, rockeras y psicodélicas, sencillas melodías (algunas de ellas) para el baile. "Los de la música música empiezan a sonar con la intención de poner a bailar", canta el ahora Elfego Buendía en la alegre Eo (el sonidero). Y suena a postulado.
Como cuando en Mediodía susurra eso de "parece mentira que haya tanta vida en este lugar, ¡qué felicidad!" O cuando advierte que "amor y dulzura, fuerza y coraje" son los cuatro puntos cardinales del presente de la mejor banda de rock del Tercer Mundo.
El rock de guitarras toma el protagonismo que en discos como el sensacional Re tenía la inclusión de elementos folklóricos mexicanos. Sí, claro, por primera vez tocan con un baterista tracción a sangre, reemplazando a la machacante caja de ritmos. Pero más allá de la interpretación, el sonido de Café Tacuba pasa por la intención predeterminada de cuatro músicos hipersensibles.
Como la decisión de trabajar con tres productores diferentes (qué bien suenan las canciones producidas por Dave Fridmann, el hombre que creó el sonido volado de Flaming Lips y Mercury Rev, en especial Mediodía y Hola adiós).
Al escuchar temas como Qué pasará, Cero y uno o Soy o estoy , no se puede dejar de desear que vuelvan a Buenos Aires para poder oírlas en vivo.
Pero a no quedarse con la capa fina de una primera impresión. El existencialismo y los sonidos oscuros también forman parte de Cuatro caminos. Y la influencia de los Beatles, siempre muy presente en Café Tacuba, toma dimensiones extraordinarias hacia el final del álbum (más precisamente en las últimas tres canciones). Tomar el fresco, que plantea cierta incertidumbre sobre la continuidad del grupo en versos como "permítanos que paremos un rato/ llevamos trece años tocando/ qué te preocupa si ya no vuelvo más/ Si no regreso no pasa nada/ tarde o temprano alguien me viene a suplantar", podría compararse con aquel tema de Yellow Submarine, Only a Northern Song, en el que los Beatles sostenían: "Realmente no importa los acordes que toque, que palabras diga o que momento del día sea/ Realmente no importa qué ropa use o cuánto valgo o si mi pelo es marrón".
Hoy es parece un tributo musical a George Harrison y el final melancólico de Hola adiós, es beatlesco por donde se lo escuche. Allí, también dejan flotando en el aire, casi como un loop, una despedida que, esperemos, no sea definitiva.





