
Los temores que trae la noche
Sueños, pesadillas, terrores nocturnos... La hora de dormir trae consigo una serie de elementos que tanto padres como hijos necesitan conocer para evitar que ese momento sea vivido con angustia. Cómo lograr, en familia o con ayuda de especialistas, que los más pequeños alcancen el mejor descanso
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Ella tiene 5 años y relata: "Cuando llega el momento de ir a dormir, voy corriendo a la cama. Apago la luz y me tapo toda, sobre todo la cara, para no ver la noche. A veces tiemblo, y en general empiezo a dibujar cosas en mi imaginación que me dan miedo". Es el testimonio de una paciente de la licenciada Rosa Ocaña, psicoterapeuta e integrante del Equipo Profesional de Medicina Ambulatoria para el Niño y el Adolescente de Paideia, una institución dedicada a la atención ambulatoria integral del niño y el adolescente.
Pero en todas las edades "hay un miedo común: a estar solo y a la oscuridad", continúa la especialista.
A Lucio, de tres años, el problema se le presenta así: "Yo, cuando llega la noche, solamente me voy a mi cuarto si mi papá dejó la luz prendida. No es que tenga miedo. No, para nada. Es que me parece que con el velador encendido se ve mejor la frazada. Aparte, si hay algún monstruo, con la luz bien fuerte se asusta y se va".
Ocaña cuenta que una paciente de diez años refería que en la oscuridad hay mucho silencio y se está solo.
"Me da inseguridad, me siento mal, me da vergüenza decirles a mis papás; doy vueltas, miro para todos lados, sé que no hay nada, pero espero un ataque", decía.
El miedo a la oscuridad se despierta en los chicos por las noches, y se asocia con diferentes tipos de personajes a quienes los pequeños temen: seres malvados imaginarios, monstruos, ladrones. Surge angustia en torno de fantasías relacionadas con la soledad y la separación de los mayores.
Hoy, la mente de los chicos -influida tal vez por la televisión, el cine y las experiencias que comentan con sus amigos- genera ideas y preocupaciones que alimentan la difícil tarea de distinguir entre fantasía y realidad. A eso, como siempre, se le suman los drásticos cambios que experimentan con el crecimiento: usar el inodoro, dejar de chuparse el dedo, abandonar el chupete, ir diariamente al jardín de infantes.
Primitivos
Estos cambios -parte normal de su evolución- provocan ansiedad.
Según la licenciada Ocaña, es el escenario adecuado para que emerjan miedos y síntomas diversos.
A veces, entran en escena personajes terroríficos.
"Cuando yo era chico un día soñé que había un pulpo enorme que me iba a comer -cuenta Ariel, de 9 años-. Me agarraba los brazos y me tapaba la boca, y como era más fuerte que yo, no podía escaparme. Hasta que vino mi mamá y lo cortó con un cuchillo. Quedó hecho pedacitos, y después no me acuerdo más porque ahí me desperté."
Las pesadillas y los terrores nocturnos suelen aparecer como trastornos de sueño asociados con el miedo a la oscuridad. Sin embargo, es conveniente marcar diferencias para evitar confusiones.
Las pesadillas son sueños terroríficos que provocan una alteración importante en los chicos. Estos sueños alarmantes los despiertan, y generalmente les ocasionan otro miedo: el de volver a dormirse.
Según los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, "las pesadillas se inician en la infancia, generalmente antes de los 10 años, y se consideran parte normal de esta etapa, a menos que interfieran significativamente con el sueño y con el desarrollo físico o psicosocial. Tienden a ser más comunes en las nenas que en los varones, y pueden continuar en la edad adulta, en la que se asocian frecuentemente con agentes estresantes externos o se presentan acompañadas de otros trastornos mentales".
Estos sueños pueden estar precedidos por cuadros de dolor, sobreexcitación, miedo y ansiedad, exposición excesiva a programas violentos de televisión, e incluso maltrato por parte de los padres. Cualquiera que sea la causa, los chicos inseguros, preocupados o con ansiedad tienen más probabilidades de sufrir pesadillas.
Además, éstas suelen relacionarse con las etapas del desarrollo del chico.
"El día en que empecé primer grado soñé que mi papá se olvidaba de irme a buscar al colegio, y que yo me quedaba a vivir ahí -recuerda Ariel-. Me ponía triste, y encima se acababa la comida y yo cada vez tenía más hambre."
Los que empiezan a caminar pueden soñar con la separación de sus padres, los chicos en edad preescolar suelen tener pesadillas con monstruos u oscuridad y aquellos que están en los primeros años de la escuela sueñan con la muerte y otros peligros reales.
Terrores nocturnos
"Los terrores nocturnos consisten en episodios recurrentes de despertar brusco, en que el chico grita o llora con angustia en su cama, con expresión aterrorizada en los ojos y el rostro trasmutado. El nene no responde a los intentos de los padres de tranquilizarlo, y a veces se resiste activamente a ser tocado", explica la doctora Mónica Oliver, médica psiquiatra infantil y secretaria a cargo del Comité de Salud Mental y Familia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Entre el 1 y el 3% de los chicos menores de 15 años y un 6%de chicos en edad preescolar son afectados por estos episodios.
Contrariamente a lo que sucede con las pesadillas, los terrores nocturnos no se recuerdan y no se pueden relacionar con ningún miedo concreto.
Son momentos de gran agitación en los que el chico puede llegar incluso a correr despavorido por toda la casa sin darse cuenta de lo que está haciendo.
"La crisis dura no más de algunos minutos y el niño se vuelve a dormir enseguida", continúa la doctora Oliver.
Cuando se habla de terrores nocturnos, no se hace referencia a sueños que producen miedo -como las pesadillas, sino a etapas del sueño en las que al chico le cuesta pasar del sueño profundo al liviano.
"Desde el punto de vista electrofisiológico, representaría una persistencia de las reacciones de despertar inmaduras. Los estados febriles y la privación del sueño pueden aumentar la frecuencia de estos episodios", asegura Oliver.
En el plano psicológico "el terror nocturno parece ser la expresión de una intensa angustia que no se ha podido elaborar durante el día. Su aparición intermitente podría considerarse como una tentativa de elaboración de la angustia del período evolutivo".
Aunque el niño que padece terrores noc- turnos no los recuerde, estos episodios suelen ser sumamente preocupantes para los padres.
Muchos chicos sollozan o gritan, se agitan o corren por toda la casa con los ojos abiertos, pero sin ver, y sus oídos parecen no percibir las palabras tranquilizadoras de los padres.
Por eso, la doctora Oliver recomienda a los padres "mantenerse tranquilos durante el episodio, no inten-tar despertar al chico y acompañarlo hasta que el miedo concluya".
Es normal que, durante las situaciones que generan temor, los chicos insistan en irse a la cama de los padres. Sin embargo, los especialistas aconsejan trasladarlos nuevamente a su propia cama para que comprendan que no hay nada que temer.
De esta forma, aprenderán a respetar el espacio de sus padres, apreciarán el suyo e identificarán que no hay motivos para asustarse.
"Justamente, la angustia de la separación es el motor que desencadena la fobia, ya que los padres se retiran y arman otra vida que no está al alcance del chico. La situación se torna angustiante porque el hijo va perdiendo la certeza imaginaria de su exclusividad y de que sus deseos son ley. El irse a dormir implica un corte, un límite: él en su cama y los padres en la de ellos", explica la licenciada Ocaña.
Superarlo en familia
La especialista resalta la actitud que deben tomar los padres y hace hincapié en la responsabilidad que tienen frente a los terrores nocturnos de los hijos.
"La familia toda debe efectuar un aprendizaje: el convencimiento de que es necesario respetar los espacios y la intimidad de cada uno es la condición inicial para que los padres ayuden a sus hijos a dormirse en el lugar que les corresponde. Con paciencia, amor y firmeza irán protegiéndolos de sus temores y les brindarán la compañía necesaria para que puedan permanecer en su cuarto", asegura Ocaña.
Si bien los terrores nocturnos, al igual que las pesadillas, son normales en los chicos, hay situaciones que salen de control y requieren una visita al médico.
Esto debe ocurrir si durante las crisis de terror se producen rigidez, contracciones o sobresaltos, y cuando la angustia interfiere en las actividades cotidianas del niño y se presenta también durante el día por diversos motivos.
La doctora Oliver explica que "cuando aparecen en forma persistente, se debe realizar un estudio psicodiagnóstico del niño y de su ambiente para determinar las causas del aumento de la angustia en él. De acuerdo con el resultado, se realizan las terapias correspondientes".
Contra las pesadillas
- Los chicos deben tener un período de calma y relajación antes de acostarse.
- Si las pesadillas aparecen, es importante acompañarlos, acariciarlos y mecerlos. Sin embargo, no es conveniente dar demasiada importancia a cada episodio con el fin de evitar que lo utilicen como mecanismo para atraer la atención.
- Si el chico tiene el mismo sueño en reiteradas ocasiones, es probable que sienta ansiedad por algo en particular. En este caso, hay que ayudarlo a que hable del tema y lo represente -despierto-, pero con un final feliz.
Estrategias
Para que el chico tenga un buen dormir:
- Construir una rutina diaria basada en horarios estables y regulares para irse a la cama
- Actuar con firmeza, pero no olvidarse del afecto
- Procurar un ambiente tranquilo antes de ir a dormir, evitando programas de TV violentos o juegos excitantes
- Permitir que el chico lleve su juguete preferido a la cama, si esto lo calma
- Acompañarlo, leerle un cuento, cantarle, conversar con él unos minutos
- Terminar el día con un "hasta mañana" afectuoso y seguro
- Comentar problemas, miedos y acontecimientos que le produzcan tensión
- Evitar que duerma en la cama de los padres. Explicarle que cada integrante de la familia tiene su espacio para el descanso
- Preparar al chico con antelación para acontecimientos que sean susceptibles de causarle tensión, como el comienzo de clases y otros momentos clave del desarrollo infantil
Datos útiles
www.tupediatra.com
www.ansiedad-aata.org
www.nih.gov
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