
Mapuches: Gente de la tierra
Son casi 200.000 y conforman más de cien comunidades distribuidas entre las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut que, como pueden, conservan su lengua y tradiciones
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"La filosofía indígena respecto a las relaciones entre los ´dueños de los campos´ y los usurpadores, los blancos, les impone la venganza, pero ésta no se realiza con tanto horror por parte de ellos como por parte nuestra. El indio es tradicionalista, recuerda en sus fusilamientos en masa de sus ascendientes, realizados por las fuerzas del tirano Rosas, y tiene muy presente las que se realizaron casi a diario durante la Campaña del Desierto en los últimos veinte años. ¡Lástima grande que la patria haya perdido así a miles de sus hijos, útil elemento de trabajo, cuando se le ha sabido dirigir! Aún hoy, los pocos que quedan considerados sin preconcepto muestran con sus procederes que más bien son buenos que malos."
(Diario de viaje del perito Francisco Pascasio Moreno)
Alrededor de setecientas comunidades aborígenes están diseminadas por todo el país. Un relevamiento del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa), indica -de manera provisional y sujeto a revisión- que sobre 478 comunidades investigadas en nueve provincias, sólo el 32 por ciento cuenta con título de propiedad, en tanto que el 66% no lo tiene y el 2% restante aparece con la denominación de con y sin título, esto es, cuando algunos miembros de la comunidad poseen títulos individuales, pero otros no. En la provincia de Santa Fe, además, se pudo establecer que los sin tierra alcanzan al 12 por ciento de los aproximadamente 7000 aborígenes mocovíes.
Los datos revelan que casi el 94 por ciento de las comunidades patagónicas de Neuquén, Río Negro y Chubut carece de títulos. En el Norte, el 87 por ciento de las comunidades salteñas sigue reclamando, y en Misiones y el Chaco, el 50 y el 73 por ciento, respectivamente.
"La ley está puesta en el papel, pero falta aplicar el artículo 75 en su totalidad -dijo un dirigente indígena-. La ley está, pero no se cumple. En Salta, por caso, nadie habla de entregar tierras." En Jujuy, por su lado, se está estudiando ahora la posibilidad de entregar 1.100.000 hectáreas de tierras fiscales. "El gobierno está dispuesto a cederlas -aclara el antropólogo Alejandro Isla, coordinador general del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, (INAI)-. Pero, además de entregarlas, tenemos que iniciar los planes de inversión y desarrollo, porque se trata de zonas muy postergadas."
-¿Se sabe el total de tierras que reclaman las comunidades en todo el país?
-Honestamente, si le digo, le miento. No lo sé. Lo que ocurre es que muchas de esas tierras están vinculadas con criollos, lo que hace que las negociaciones sean sumamente complejas. No es tan sencillo arreglar todo esto.
En este momento, tenemos dieciocho pueblos originarios claramente establecidos. Pero esto no quiere decir que próximamente sean más. ¿Por qué? Porque se van reconociendo. A medida que van evitando la discriminación histórica que tuvo nuestro país, van apareciendo nuevas identidades, pero que están vinculadas con ciertas raíces. La identidad, desde el punto de vista antropológico, siempre es una invención.
-De las culturas originales, ¿hay descendientes puros?
-Le diría que en términos culturales hay una conciliación de doctrinas diferentes; se han ido incorporando muchas culturas a lo largo de los siglos. Pero esto no es un fenómeno a partir del siglo XVI, de la conquista española, o invasión. Es algo que viene de antes. La sincretización viene de mucho antes. Por ejemplo: los incas, que tuvieron una expansión muy rápida, más de cien años, produjeron una cantidad de movimientos en el mundo andino, desde Ecuador hasta, prácticamente, Mendoza. Cambiaron costumbres, cambiaron pueblos, llevaron migrantes de un lado a otro. Lo que pasa es que uno tiene una imagen muy estática, como decir, bueno, acá llegaron los españoles y a partir de ahí se produje-ron las transformaciones, como que antes de eso no había historia.
-¿Es correcto afirmar que con la muerte de Virginia Choinquitel desapareció la última ona?
-El asunto es así. La antropóloga Anne Chapman, muy re-conocida mundial-mente, hablaba de que relacionado con lo que fue la historia y la cultura ona más original, ella era como la última representante, la que conservaba la mayor cantidad de tradiciones. Ella tenía un mestizaje de sangre. Pero Anne Chapman hablaba de ella sobre la perspectiva cultural. En estos momentos, tenemos cerca de 500 onas mestizados en Tierra del Fuego.
Sí, en cambio, hay grupos más tradicionalistas que otros, que han conservado más sus costumbres y que tienen menos tendencia a la migración.
-¿Por ejemplo?
-Los wichis. Los tobas y los mocovíes, que han compartido la región chaqueña con los wichís, han migrado. Hoy vemos mocovíes en Santa Fe y hay tobas en Buenos Aires, en La Plata, en Avellaneda, en Derqui...
-¿Cuáles son las comunidades más postergadas?
-Los más desorganizados son los wichis y también los collas, que han tenido una fuerte discriminación de la sociedad jujeña.
-¿Qué idea cree que tiene el resto de la sociedad acerca de los indígenas?
-La gente tiene una percepción muy negativa. Este es un país que se construyó con la idea de civilización y barbarie, donde los indígenas eran todos unos salvajes. Fíjese como se lo representa al indígena en el Martín Fierro, de una forma degradante. Nosotros pensamos que la homogeneidad es parte del primer mundo, de las civilizaciones más avanzadas. Cuando uno conoce otros países, halla que la diversidad es parte de la cultura y ha enriquecido a esos países. Los argentinos debemos aprender que la diferencia nos enriquece. Que haya gente que habla otra lengua y que pueda escribir su literatura en qom o en mapuche es algo que nos enriquece como nación.
Entre la zona central y la precordillera en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut se asienta la población mapuche. Su nivel de vida es inferior al promedio de otras zonas patagónicas, debido a que las características ecológicas y los limitados recursos naturales la convierten en un area marginal.
La infraestructura social es deficiente, y esto se refleja en las pocas escuelas y hospitales -aunque ahora comienza a notarse un esfuerzo por revertirlo- que allí se levantan. Se calcula que el 38 por ciento de los adultos es analfabeto, y casi un 70 por ciento presenta escolaridad incompleta.
La comunidad mapuche, sin embargo, es la que más ha progresado en el sentido organizativo. La Confederación mapuche neuquina es la más avanzada, y la que lleva la voz de mando en el reclamo de las tierras que siempre les han pertenecido y muy pocas veces reconocido.
Fabián Pinta habla con la claridad que le exige su función: es un werkén (mensajero) de la comunidad Kuxaltuwe, de Cutral-Có; una de las 45 comunidades mapuches que existen en la provincia de Neuquén.
Fue elegido para difundir la política del pueblo mapuche, coordinar actividades culturales y conectarse con otros pueblos originarios de la Argentina y del mundo.
"América latina en cualquier momento explota. No ahorita, pero si los gobiernos nacionales no recapitulan un poco sobre lo que está pasando... Estamos basureados, estamos cansados. Ya no queremos mendigar ni humillarnos. Queremos respeto. Y si el Gobierno no acepta eso, va a haber un levantamiento indígena. Porque cuando la rueda empieza a marchar, quiere decir que está empezando algo."
Según él, a más de un siglo de la Campaña del Desierto, aún persiste en nuestro país "una forma sutil" de exterminio de las culturas indígenas.
"Ya no se usa el Remington, ni cortar las orejas. Pero se usa otra cosa: el poder de la política. Los políticos son muy hipócritas, porque con una mano te saludan y con la otra te pegan."
Pinta tiene 35 años y dice hablar siete idiomas y estudiar etnología en Suiza, donde llegó a los 19 años. Ahora se encuentra organizando un festival de música para enero, en Cutral-Có. Los fondos se destinarán a construir una escuela albergue, con una chacra experimental y huertas comunitarias, para que los chicos de las comunidades de Zapala tengan salida laboral.
"Nuestra propuesta es pensar y educar -explica-. Pero el gobierno incita a la violencia, porque fomenta las diferencias sociales. Siempre el malo de la película es el que menos tiene. Eso es lo que nosotros queremos cambiar, pero no con violencia, sino con diálogo. Para eso estudiamos, para eso usamos nuestra cabeza."
Los mapuches viven básicamente de la venta de chivos y de la fabricación de artesanías. Su nombre quiere decir gente de la tierra en un sentido amplio, ya que el término abarca todo el entorno. Precisamente, ése es el principal reclamo de los aborígenes en América latina.
"No hay títulos de tierra -asegura Pinta-. El Gobierno sabe que en cualquier momento te puede decir: estas tierras son del Estado. Y eso es lo que nos da más bronca, porque siendo originarios de acá nosotros somos los que limpiamos la vereda de enfrente, cuando la vereda fue y va a seguir siendo parte nuestra."
Hoy en la Argentina hay más de cien comunidades, distribuidas entre las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut.
En el sur de Chile la población mapuche llega al millón y medio, y en la Argentina, aproximadamente a 200.000.
En Neuquén, los mapuches están reunidos en una confederación y no se identifican con ningún partido, pero reconocen la existencia de internas.
"Por eso es que nosotros nunca vamos mucho para adelante -opina-. Porque esas internas permiten que crezca el poder de los huinkas (no mapuches). Divide al enemigo y ganarás, es un lema muy usado en la conquista." Huin significa costumbre; ka, lejos. Cuando llegaron los españoles, sus ancestros dijeron: ha llegado gente con otras costumbres, que viene de lejos.
Los mapuches ya no están dispuestos a esperar sentados a que los huinkas respeten sus tradiciones. Por eso quieren formar su propio partido político, que integre a todos los frentes indígenas de la Argentina.
"No nos interesa hacer un país aparte, porque somos una nación originaria", dice Ignacio Coike Purafilú, werkén de la comunidad Anekón Grande, de Río Negro. Su visión de la realidad es distinta de la de Pinta.
"Si hay hermanos que quieren formar un partido político, nos parece bien. Pero nosotros no creemos en los partidos políticos, porque nos tienen a todos divididos y enfrentados. Nuestra política es la libre determinación."
Se consideran una gran familia. En sus territorios no hay alambres ni propiedad privada. Viven en comunidades llamadas loft y cada una tiene su lonko (jefe o cabeza).
Las autoridades son elegidas por sus miembros cada tres o cuatro años en un pichi trabún (pequeño encuentro), donde se evalúa su trabajo.
"Nuestro reclamo no pasa por garantizar el trabajo, porque no somos pobres. Pasa por una identidad clara, que tiene una filosofía de vida milenaria", aclara Coike Purafilú.
Según él, la cultura mapuche tiene hoy más fuerza que nunca. "Nunca nos vencieron. Hemos perdido tierras, que es distinto. Por eso estamos tan vivos. Por eso están vivos nuestro mapuzugdum (la lengua de la tierra), nuestro wiñoy xipantu (año que vuelve) y nuestros elementos naturales", explica.
A fines de junio último, los mapuches más pequeños bailaron frente a unas 400 personas en la celebración del wiñoy xipantu, que se realiza durante la noche más larga del año. En esa oportunidad, reafirmaron la vigencia y la proyección de la identidad de su pueblo.
En su cosmovisión no existe un creador único: creen en todas las fuerzas naturales. Por eso entregaron a las autoridades municipales y nacionales las directrices sobre protección a la naturaleza y a los sitios sagrados.
"Son normas legítimas que pertenecen a nuestro pueblo. Entre otras cosas, establecemos el respeto de la biodiversidad, porque sabemos que el mapu (la tierra) sufre, si vos trabajás mucho tiempo, un total desequilibrio", sostiene Coike.
Igual que Pinta, Purafilú viaja siempre. La mayor parte del año reside en Buenos Aires, donde están los grandes medios de comunicación, y se contacta con otras comunidades via e-mail.
"Cuando usamos Internet trabajamos con claves, pues sabemos que responde al interés del servicio. No podemos entregar todos los elementos. No tenemos miedo, pero no vamos a darle comida al león para que después venga y haga desastres."
La lucha por la nieve
En medio de la cordillera de los Andes, en la provincia de Neuquén, los mapuches crearon este año su propio centro de esquí. Es el Parque de Nieve Batea Mahuida, de 12.000 hectáreas, en un cerro que tiene nieve aun en los años más secos.
Fue inaugurado y explotado con éxito esta temporada por la comunidad puel, compuesta por más de 300 personas. Sus antepasados provenían de la zona de Azul, en la provincia de Buenos Aires, y de la actual provincia de la Pampa. Subsistieron en el sur gracias a la cría de ganado y la elaboración de artesanías.
Tres años atrás alquilaron el cerro a un empresario que realizó la primera experiencia con esquí en la zona. Ahora, con una asignación del gobierno provincial de 70.000 pesos, montaron un sistema de elevación de unos 300 metros y compraron 150 equipos de esquí. También construyeron un lugar destinado al alquiler de los mismos y una confitería.
Esa situación contrasta con la de las comunidades vera y curruhinca, al pie del cerro Chapelco, en San Martín de los Andes. Ellos reclaman como propias 550 hectáreas, dentro de las cuales se encuentran nada menos que las instalaciones edificadas en la base del cerro Chapelco.
Pueblos nuestros
Los tehuelches son alrededor de 1500 aóniken, tehuelches meridionales, y unos 700 gununa kune, septentrionales. Existen desde hace 15.000 años, y sus nombres significan paisano o gente del lugar.
Según Mercedes González, "una de las actividades más demostrativas de las etapas lúdicas de la niñez estaba representada por el juego de la pelota, limitada a chicos y adolescentes. Se jugaba con dos pelotas de cuero y rellenas con plumas, del tamaño de las de tenis o un poco mayor. Se enfrentaban en número de cuatro por equipo arrojando su pelota y y rechazando la contraria con la mano. Se contabilizaba un tanto por cada golpe. Ese deporte, que estimulaba la destreza, se denominaba pilma, y era parecido al juego practicado por los araucanos llamado chuica".
La misma autora indica que "los niños pampas se iniciaban tempranamente con el manejo de pequeñas boleadoras (...) Al igual que los araucanos, también se distraían con una suerte de juego que González Arrili juzga como predecesor del golf: una pelota de cuero era empujada por bastones y metida en determinado número de agujeros".
Sobre los onas, cuenta que el juego de pelota despertaba gran algarabía. La pelota la armaban con manojos de hierbas, plumas y pelos, atada con tientos. Su tamaño no era mayor que un puño y el equipo de jugadores era integrado por siete u ocho niños. La pelota se lanzaba hacia los compañeros, dispuestos en círculo, y si ésta caía de las manos motivaba el alborozo de los jugadores.
Los yámanas jugaban con pequeñas armas en escala reducida y con los implementos de la familia. Las niñas yámanas hilvanaban collares con pequeños caracoles y huesos; más tarde confeccionaban cestos y curtían pieles. En sus investigaciones sobre los pueblos fueguinos, Martín Gusinde, al referirse a los selk-nam, escribió: "Está demostrado que el vocablo aona, que dio origen a la deformación ona, es una palabra yámana. Los habitantes de la Isla Grande se denominan a sí mismos selk-nam; consecuentemente, es solamente este nombre para la tribu el que tiene justificación plena. Se trata de un auténtico nombre propio y significa, en su forma básica, aproximadamente: ser humano perteneciente a nuestro pueblo.
Antonio Serrano, por su parte, sostuvo: "En los archipiélagos meridionales al Sur y al Oeste de los onas, vivían los yámanas y los alacaluf, pueblos de cultura inferior pertenecientes a la llamada raza fuéguida. Son los últimos representantes en nuestro territorio de la vieja raza continental llamada paleoamericana. De estos dos pueblos australes sólo los yámanas o yaganes pueden considerarse argentinos; los alacaluf son exclusivamente chilenos".
Los onas formaban dos ramas de costumbres y dialectos algo algo diferentes. Los selk-nam, que ocupaban casi toda la isla, y los mánekenk o haus.
En cuanto a los patagones, la bibliografía científica los denomina tzonéca, que se pronuncia chón´eca, voz que significa hombre. También se los conoce con el nombre de ahóniken (los del Sur), en contraposición a peenkenken (los del Norte). Los pehuenches los llamaban nomentuches; los guénaken, inaken; los araucanos, vuta-huiliches, gente grande del Sur. Los patagones, que habitaban el sur de la Patagonia, formaban una infinidad de tribus nómadas, independientes unas de otras.
Creencias: el origen del mundo
Dicen los tehuelches que en el principio de tdos los tiempos no había nada: ni tierra ni agua ni cielo ni nubes. El único que existía era Kóoch, el que iba a ser el creador del mundo.
Kóoch vivía en la oscuridad, porque no había Sol ni luz de ningún tipo. A su alrededor, no sólo estaba todo oscuro, sino también inmóvil y silencioso.
Y parece que Kóoch se fue sintiendo cada vez más triste y más triste porque estaba solo, y empezó a llorar y llorar cada vez más. Tanto lloró y tantas lágrimas soltó, que así se formó el mar. Eso fue lo primero que hubo sobre la Tierra, y es salado porque está hecho de lágrimas.
Al fin, Kóoch paró de llorar y suspiró, como suspira uno después de haber llorado mucho. Ese suspiro fue el primer viento que hubo en el mundo. Y ese viento, que era fortísimo, barrió algo de oscuridad. Pero todavía no se veía bien: era como cuando falta un poco para que amanezca.
Como quería ver, Kóoch levantó una mano y sacó una chispa enorme, que se convirtió en el Sol.
Pero este Sol era bastante especial, porque también él se puso a inventar. Calentó el agua del mar hasta que le hizo salir vapor, y así brotaron las primeras nubes.
Como había viento -ese viento tan fuerte salido del suspiro de Kóoch-, las pobres nubes iban de acá para allá sin parar ni un momento, y por eso se cansaron, se enojaron y se pusieron a protestar con truenos y a tirar rayos por todas partes. Y Kóoch tuvo que intervenir para que el viento dejara en paz a las nubes, y así ellas se tranquilizaron y pararon de tronar y de relampaguear todo el tiempo como antes. (Desde ese tiempo, las nubes se enojan sólo de vez en cuando, y entonces vienen las tormentas.) Después, Kóoch hizo una isla grande en medio de ese mar enorme, y fue creando la vida. Aparecieron los peces en el agua y los demás animales sobre esa primera tierra que sobresalía del mar.
Entonces, Kóoch inventó la Luna, para que de noche no estuviera tan oscuro.
El Sol era hombre y la Luna era mujer. Al principio nunca se veían, porque él andaba por el cielo de día y ella salía de noche; les digo más: ninguno de los dos sabía que el otro estaba por ahí. Pero las nubes, que se quedaban todo el tiempo en el cielo, les contaron la novedad, y a ellos les entró curiosidad por conocerse. Tanta curiosidad les dio, que un día el Sol se apuró y salió antes para poder espiar a la Luna cuando todavía ella andaba en el cielo. Y otra vez fue ella quien salió antes de tiempo, para ver al Sol. Así fue como no sólo se conocieron, sino que se casaron.
Kóoch creó algunas otras cosas y también hizo la Patagonia, muy lejos de aquella isla que había puesto en el mar. Y después, como le pareció que ya había hecho bastante, se fue a descansar en algún lugar que está más allá del horizonte. ¡Vaya uno a saber dónde!
Quedaba un montón de cosas por inventar y acomodar, sí: pero ya se ocuparía otro que estaba justo por nacer, y al que Kóoch hizo poderoso. Era Elal, el héroe. Y de Elal, ya les vamos a contar.
(Lo que cuentan los tehuelches, de Miguel Angel Palermo, Editorial Sudamericana)
Diccionario
DICCIONARIO MAPUCHE
Aluminé: resplandeciente en el fondo
Ayelén: alegría
Huenu: luna
Chapelco: agua del chapel (arbusto de la región)
Corunco: agua tibia
Cultrum: tambor
Cutral Co: agua de fuego
Cushé: viejo
Gualicho: espíritus malignos
huitral: telar
Mainque: cóndor
MApuche: gente de la tierra
Nahuel: tigre
Neuquén: poderoso
Ñacudi: piedra para moler
Pilmayquén: golondrina
Pire: nieve
Traful: unión
DICCIONARIO YAMANA
Hanuja: luna
Lem: sol
Loncopue: lugar de caciques
Yámana: hombre
Aona yámana: hombres del Norte
Yecámush: hechiecros
DICCIONARIO TEHUELCHE
Aóniken: tehuelches
Apel: palangana
Chenques: sepultura
Chicha: bebida alcohólica
Gownok: jefe político
Mapu Dungun: lengua tehuelche
Námenk: hechiceros de la tribu
Newén Mapu: la fuerza de la tierra
Nguillatún o Camaruco: principal ceremonia de mapuches y tehuelches araucanizados
Quilango manta de piel de animal
Quipán: vestido
DICCIONARIO ARAUCANO
Carhué: donde hay población
Chascomús: donde se juntas las aguas
Chivilcoy: donde hay mucha agua
Guaminí: isla de adentro
Guampa: asta vacuna
Poñi: papa
Rucachoroi: casa de los loros
Tuyú: cangrejal
Tandil: chicharra muerta
DICCIONARIO ONA
Akainik: arco iris
Akúti: vizcacha o iguana





