
María Cher: "Como actriz tenía constancia, pero no talento"
Diseñadora y madre full time, combina el mundo fashion con el social a través de su proyecto Mujeres que inspiran
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Es mediodía y el sol primaveral se cuela por los ventanales de la oficina-galpón-taller de la diseñadora María Cher (39). Mientras hace las fotos para la entrevista, le pregunta a Agus Fernández, su mano derecha, por la repercusión que tuvo el último encuentro -el quinto- de Mujeres que inspiran, el espacio donde ella canaliza su compromiso social. Y enseguida se preocupa por temas que tienen que ver estrictamente con su rol de diseñadora-empresaria, como conseguir un espacio físico más grande para acopiar la producción. Así, entre esos dos mundos tan distintos que ella intenta unir, transitan sus horas en la oficina de Palermo. Pero una vez que cierra la puerta se aboca a lo que más le gusta. Ser sólo María, la mamá de Fausto y Alma.
-Querías ser actriz, ¿cómo pasaste de las tablas a la pasarela?
-Yo siempre fui una fanática de la moda, pero nunca se me había ocurrido dedicarme a esto, tal vez por esa idea de que la moda está asociada a lo superficial. Pero viví en Londres y ahí tuve la suerte de poder ir a una escuela donde veía que uno podía plasmar en distintos ámbitos muchas cosas que tenían que ver con la comunicación. Y también había una necesidad personal muy profunda de tener trabajo y generar mi plata. Yo había empezado a estudiar Economía en la Di Tella, pero al año deje la Facultad y ahí me puse a full con la actuación.
-¿Empezaste la Universidad por un mandato familiar?
-Sí, tenía que ver con eso. Pero al año la dejé y empecé a transitar el camino de la actuación. Siempre fui de generar un montón de proyectos, tocaba las puertas a productores, pero sentía que necesitaba tener algo concreto, del día a día. Era muy difícil tener laburo permanente. Tuve muchos trabajos antes de dedicarme a la moda; me la rebuscaba de mil maneras para poder seguir solventando mi carrera de actuación. Pero, aunque tenía constancia, se ve que no tenía mucho talento y creo que internamente no estaba segura de querer dedicarme a eso, porque el día que decidí abrir mi propia marca no paré nunca más.
-El tuyo fue un camino sorprendente; en general uno empieza trabajando para otros antes de animarse a abrir su propia marca.
-Sí, pero la luché y la sigo luchando un montón. No fue nada fácil en un principio; empecé con un localcito dos días después de que cayeran las Torres. Y ese fin de año fue de terror. Además, me equivoqué con la zona del local; si bien era en Palermo Viejo, no era el lugar ideal y cambié a uno que era enorme y no tenía mercadería para llenarlo. El crecimiento fue muy de a poco. Tuve la suerte de que mi familia me ayudó, pero después había que devolverlo todo. Aunque la marca tiene once años hace cinco que pegó el gran salto, que fue cuando se unió mi marido a la compañía. El fue el que la ordenó, la limpió y la emprolijó.
-¿Y cómo es compartir trabajo y pareja?
-Y, fue difícil. Con Gaby no sabíamos al principio si hacerlo o no. Pero hasta ahora estamos muy contentos con cómo se dio todo. Puede haber algún roce, pero en general están muy divididos los sectores y para mí es un placer tenerlo acá, porque en un punto me sentía muy sola manejando la compañía, sentía que era mucha responsabilidad. Tampoco creo que era la persona más capacitada para lograr las cosas que necesitaba la empresa. Y a eso se le sumaron mis hijos. Cuando una es madre es difícil repartirse en tantas facetas. Para mí lo más importante en la vida son ellos, soy una madre recontra presente, aunque labure un montón.
-El año que viene cumplís 40. ¿Cómo te cae esa cifra?
[Piensa] -Y..., no sé qué me va a pasar. Estoy muy contenta con la vida que tengo y cómo llego a esta edad. Lo fuerte es lo que yo pensaba cuando era chica de lo que era una mujer de 40. Era algo muy alejado y ahora está ahí, llegando. Pero creo que es diferente una mujer de 40 hoy. Yo siempre he sabido ubicarme en cada etapa y agarrar las cosas lindas, que te hacen bien, de cada una. Si añorás la juventud y estás en una etapa con chicos chiquitos, la verdad que la pasás pésimo, por eso creo que lo interesante es engancharte con los momentos de la vida que uno va transitando y eligiendo.
-¿Mujeres que inspiran fue una búsqueda para salir de la frivolidad que tal vez percibías de la moda?
-Fue por una necesidad personal y también por un capricho. Hace años en las campañas empecé a meter temas sociales para poder dar algo de contenido. Pensaba: Si tengo un espacio, ¿por qué no utilizarlo para algo que sume? Pero con el tiempo me di cuenta de que en las campañas esto no funcionaba porque al público no le interesaba mucho ver temas sociales en la gráfica. Y entonces decidí que tenía que abrirlo a otro ámbito y ahí empezamos con Mujeres que inspiran. Es muy fuerte lo que genera. Hay un despertar y una necesidad de colaborar y romper con los modelos que uno cree que son los modelos de mujeres. La propuesta es muy simple: juntar a cuatro mujeres que cuenten su historia y que esa historia inspire a las otras.
-También trabajás en un proyecto social con tu mamá, la Fundación Paz por la No Violencia...
-Es algo en lo que me enganché y toco bastante de oído. Ella viene trabajando hace muchos años en la fundación y mi rol es más estratégico que operativo. A fin de año vamos a estar presentando un desfile con diseños nuestros, de Martín Churba, de Cómo quieres que te quiera, pero confeccionados por los chicos de la fundación. Yo aprendo mucho de mamá. Toda mi veta social la mamé de ella. Lo social siempre estuvo presente en la mesa.
-Sí, sobre todo lo que tiene que ver con género, ¿por qué?
-Porque tengo una madre muy fuerte, que me enseñó y me transmitió que si uno tiene un lugar de privilegio hay que utilizarlo para algo, no desde la imposición, sino desde una elección. Yo lo hago porque me suma a mí. Te cambia la mirada, se te despierta algo adentro. Yo trato de unir mundos, la moda con lo social, o distintos grupos sociales. La amplitud que tuve en la vida me marcó a fuego, me enseñó que todos podemos aprender de todos.
-Entonces, ¿qué quedó de esa adolescente rebelde?
[Se ríe]. -Poco. La verdad es que era bastante rebelde, buscaba el límite todo el tiempo. Mis padres me padecieron y hoy que soy madre y lo veo desde otro lugar me da pena las que les hice pasar. Pero tenía que ver con mi historia familiar y con algo que creo que está en el ADN de cada uno.
Un destilado escocés
Es incapaz de distinguir un Malbec de un Cabernet, y mucho menos de mencionar alguna etiqueta de vino. "Todos los que trae mi marido son ricos", dice María Cher. Pero admite que muy de vez en cuando le gusta degustar un destilado de calidad. Y en este caso sí se anima a soltar una marca y una etiqueta: Johnny Walker Black Label, sin duda una bebida sofisticada, como ella.
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