
Los expertos en comportamiento animal coincidieron: tocar la nariz del perro no sirve para detectar si tiene fiebre
Un conocido veterinario aclaró un error histórico muy frecuente en los hogares y explica por qué tocar la zona del hocico no determina con exactitud si el can tiene alta temperatura
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Durante generaciones, millones de dueños recurrieron a un gesto automático ante la menor sospecha de enfermedad de su perro: tocar el hocico del animal para comprobar su temperatura corporal exacta. Si la zona se sentía seca o cálida, saltaba la alarma; si estaba húmeda y fría, el alivio llegaba de inmediato. Sin embargo, los especialistas aseguran que esta costumbre popular resulta totalmente engañosa para cualquier familia moderna y genera falsas preocupaciones innecesarias en el hogar.

El veterinario Israel Pérez desmintió este mito en su cuenta de Instagram, Tu veterinario online, donde analiza los errores más frecuentes en el cuidado cotidiano de los perros. El especialista fue contundente frente a sus seguidores: “Si tocás la nariz de tu perro para saber si tiene fiebre, llevás toda la vida comprobándolo mal”.

Las razones detrás de la variación térmica
La temperatura del hocico canino experimenta constantes cambios biológicos a lo largo de las horas del día por múltiples motivos clínicos y ambientales. Un perro que duerme junto a una estufa, descansa sobre alfombras mullidas o permanece bajo los rayos directos del sol presenta una nariz cálida sin que esto refleje un problema médico grave. Asimismo, la actividad física intensa, los factores ambientales de la calle, el viento frío, la humedad exterior y la propia estructura anatómica modifican esa zona corporal de manera natural, constante y rápida.
Por el contrario, una nariz fría tampoco garantiza un estado óptimo de salud general ni bienestar absoluto en el animal. Por este motivo, los profesionales insisten en descartar este método casero como herramienta diagnóstica definitiva en el hogar actual.
Señales clave para observar al animal
Frente a la ineficacia del termómetro táctil, los expertos recomiendan prestar suma atención a los cambios conductuales y físicos cotidianos. Entre los signos de alerta destacan los siguientes factores concretos que todo tutor debe conocer para cuidar mejor a su fiel compañero:
- Apatía general y desinterés absoluto por el juego diario con sus juguetes favoritos.
- Pérdida repentina de apetito frente a su porción de comida habitual de todos los días.
- Temblores corporales frecuentes sin causa aparente alguna en el ambiente doméstico.
- Respiración acelerada en estado de reposo absoluto dentro de la casa.
Cada síntoma requiere una lectura integral del estado general del can. Ninguno de estos indicios confirma por sí mismo la presencia de fiebre, pero sí exige mayor atención por parte de la familia humana.

La única vía fiable para medir la temperatura
Ante la duda médica, la ciencia veterinaria cuenta con un único procedimiento exacto: el uso de un termómetro rectal especializado. Los especialistas establecen que una cifra superior a 39 grados centígrados evidencia fiebre real, aunque el contexto físico del animal condiciona la lectura definitiva. Un paseo bajo altas temperaturas o un juego brusco elevan temporalmente los registros corporales sin que medie una infección patológica previa.
Antes de alarmarse por una nariz tibia, los tutores deben evaluar el comportamiento global del perro. El bienestar general importa mucho más que la temperatura superficial de su hocico.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA


