
Michelle Pfeiffer: ícono de belleza
Hace 2000 números, las actrices de Hollywood no eran así. Mientras la meca del cine vive obsesionada por la eterna juventud y las de más de 40 empiezan a quedarse sin trabajo, muchas de ellas se ven cada vez más hermosas. Pfeiffer, que pisa los cincuenta, critica la cirugía estética y los prejuicios contra la vejez. Para algunos, ella es "un ícono absoluto de belleza"
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Al elegir los protagonistas para su último film, el director Matthew Vaughn (que es, además, el marido de la supermodelo Claudia Schieffer) quiso que la malvada fuera “un icono absoluto de belleza”. El sabía exactamente quién debería ser: una mujer que él había idolatrado desde adolescente. Entonces, Vaughn tomó un avión y voló a San Francisco; una vez allí, manejó hasta el suburbio chic de Palo Alto, todo modernismo caro, y llegó hasta la casa de la mujer que los científicos han descripto como la apoteosis de la belleza facial femenina.
Ella ya está a las puertas de los 50, tomándose un respiro de su trabajo para concentrarse en su vida familiar, en el campo: su esposo desde hace 14 años, un hijo y una hija adolescentes, sus caballos, sus burros miniatura y muchos perros. El papel que él quería que ella aceptara era el de la maligna Lamia, una escalofriante y poderosa bruja desesperada por encontrar a la estrella caída (Claire Danes) cuyo corazón guarda la llave de la eterna juventud y belleza.
“Ella es una belleza universal –afirma Vaughn al hablar de Pfeiffer–. Hoy, Angelina Jolie es hermosa, pero algunos piensan que no tanto. Sin embargo, nunca encontré a nadie que no piense que Pfeiffer es maravillosa.”
En el mundo interior de muchas mujeres hay una parte celosa y mezquina, que quiere que Sienna Miller engorde, que Jerry Hall pierda el cabello, que las modelos sean estúpidas y que Jolie se tome una sola mala fotografía y continúe con el aburrido trabajo de caridad. Pfeiffer no parece ser de ésas, quizás porque posee una elegante indiferencia respecto de su apariencia.
Entra en un restaurante de Palo Alto. Ella es naturalmente agradable: delgada y chic, se viste con una simple camisa oscura, jeans al cuerpo (no muy ajustados, y es imposible imaginársela haciendo algo tan vulgar como seguir estrictamente la moda) y un par de lentes oscuros que se saca al llegar. Apenas usa joyas; sus orejas tienen orificios caseros de la época de adolescente rebelde, cuando usaba piercing.
¿Pero qué le hizo aceptar este papel de bruja fea y vieja? “Fue Matthew, cuando me habló sobre los múltiples matices del personaje que no estaban en el guión”. Porque a pesar de ser un personaje de comedia, la bruja es una arrugada metáfora de la batalla de las mujeres contra el proceso de envejecimiento.
Vaughn dice: “Este personaje fue inspirado por todas esas mujeres que alguna vez fueron hermosas y hoy lucen mal, por el hecho de que el proceso de envejecimiento da más miedo que las garras y los colmillos”.
“¡Para las mujeres es así!”, asegura Pfeiffer. Y agrega:
–La primera vez que me vi con un maquillaje de vieja, literalmente empecé a jadear. Estaba muy deprimida, corrí al baño para esconderme.
Ella asegura que se ve como un monstruo, pero, honestamente, no hay diferencia con las pieles de las septuagenarias en topless, alguna vez hermosas, que se ven en la playa de Saint Tropez.
–El director quería encender una luz sobre el tema y hurgar en la diversión. Jugar con nuestra obsesión con la juventud y los absurdos a que llegan las mujeres para obtenerla. El desesperado reclamo de Lamia –el personaje– por la juventud es una metáfora de la grotesca mutilación que tiene lugar en la sociedad. No creo que nadie sea condenado por hacerse un pequeño retoque aquí o allá, pero la gente ha perdido el sentido de lo que es hermoso. Hay mucho que se puede hacer con cirugía o con otros métodos para verse más joven, sí, pero eso no quiere decir que sea necesariamente mejor. Es como una extraña enfermedad en la que la gente no ve lo que está en el espejo. Y ahora es una enfermedad de nuestra cultura. Sigue creciendo. Cada vez tenemos menos con qué comparar nuestra idea de normalidad. De hecho, es realmente difícil incluso recordar lo que es normal.
Matthew Vaughn se basó, para lograr el anciano cuerpo de Lamia, en fotos de personas de 90 años que hacían yoga desnudos. “Yo los observé y, bueno, no nos vemos bien cuando envejecemos –afirma Vaughn–. Envejecer es el nuevo Hombre de la Bolsa.”
Pfeiffer, sin embargo, parece notablemente serena respecto de la inevitable declinación del cuerpo humano. A ella, claro, se la ve sorprendentemente bien para sus 49 años. Sus ojos tienen algunos pliegues naturales alrededor, su nariz es propia y no tiene para nada la apariencia cerosa en la piel que produce el exceso de láser.
–No hago mucho para preservarme –cuenta–. Tomaba sol cuando era joven; soy una chica del sur de California: era una vida de playa y aceite para bebés, pero ahora me salen manchas blancas, así que no me expongo al sol. Realmente debo hacerlo. Cuando leo sobre algún producto milagroso, pienso: “Debería probar eso, debe ser grandioso. Voy a comprarme esa crema”, y a veces lo hago, pero luego me olvido de usarlo al cabo de dos semanas o me produce una erupción.
Me muestra sus uñas, todas de diferentes largos, un par de ellas un poco desprolijas, sin esmalte.
–Puedo estar meses, años, sin ir a la manicura. Nunca me depilo las cejas. Los artistas del maquillaje les dan forma cuando hago una publicidad. No me corto el pelo entre una película y otra, sólo cuando trabajo y tengo que hacerlo. En cuanto al cuidado del cuerpo, como bien y hago gimnasia. Me esfuerzo en el gimnasio, pero eso es todo.
Ella está envejeciendo con elegancia. “La gente que envejece así se ve mucho mejor”, asegura el director.
Sublime obsesión
Antes, Pfeiffer, como todas las otras actrices de su generación, se quejaba por la falta de papeles adecuados para actrices mayores. De Demi Moore, cinco años más joven, se rumorea que gastó 250.000 libras en cirugías estéticas y todavía afirma que lucha para obtener buenos papeles en un Hollywood obsesionado con la juventud. Luego de El diablo viste a la moda, Meryl Streep, de 58 años, amenazó con retirarse si la industria no comenzaba a producir, para las mujeres, papeles mejores y más complejos que los de “dragones y gorgonas”, que ella describe como la norma.
–Yo he desafiado la obsesión de esta industria por la apariencia; no he dejado que me influyera –afirma Michelle–. Siempre supe que la belleza era efímera. Tengo miedo de vivir en el pasado; no tengo ningún premio, no añoro los momentos en que estaba en lo más alto de mi carrera ni la manera en que me veía. Trato de vivir en el presente. En nuestra industria, esto es una verdadera trampa. Es ridículo ver a las mujeres con el mismo estilo de peinado que cuando estaban en el así llamado pico de la carrera. La gente se queda pegada a su tiempo. Yo he pasado la mayor parte de mi vida sin pensar en mi apariencia y me ha servido realmente mucho.
Por Kate Spicer (Sunday Times/LA NACION)
Traducción: María Elena Rey
Siempre bellas
Es una de las caras de una crema antiedad que promociona la prestigiosa firma Lancaster. A los 54 años, Kim Basinger asegura que, con el tiempo, se ven las cosas de otra manera. “Se aprende que la belleza no tiene edad”, afirma. Según la revista Vanity Fair, lo de Basinger es un manifiesto que las cincuentonas adoran. No es para menos: la sexy de Nueve semanas y media ahora está dispuesta a todo, igual que muchas de sus colegas que rondan los 50, como la cada vez más divina Sharon Stone, Sucede que las cosas han cambiado mucho en el segmento de las mujeres entre los 40 y los 50 y pico. La mayoría ya no cree que la edad sea sinónimo de decadencia; muy por el contrario, muchas encuentran caminos para verse cada vez mejor. Ahí están, entre otras, Madonna, Demi Moore (una de las caras de Helena Rubinstein) y Susan Sarandon, que se sienten saludables y radiantes, y no tienen problemas en encontrar parejas más jóvenes que ellas. Dianne Keaton, por ejemplo, ha salido con poca ropa en varios de sus últimos films, sonriente y feliz de mostrar su cuerpo. Para los expertos en marketing, las cincuentonas son un mercado al que hay que apuntar. Según parece, allí hay tela para rato.






