
Misterios del andén
Un extraño viaje en tren por la Patagonia inspiró a varios de los autores argentinos más importantes del género fantástico. Sus textos, creados a partir de la travesía, se editarán en un libro conjunto
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Tiene 44 años y fuma desde los 43. Comenzó al mismo tiempo que decidió dejar atrás sus tareas como gerente de banco para dedicarse "profesionalmente al terror y la fantasía". Ya no hay estrés, dice, pero la ansiedad cambió de forma. Y mientras habla consume un cigarrillo tras otro. "Como computador científico me fue muy bien; trabajé en las áreas de tecnología de varios bancos y empresas, hasta que entendí que me iba a jubilar sin dedicarme a lo que de verdad me gusta, que es el arte del género fantástico -comenta Gabriel Guralnik, que se volcó hacia la gestión cultural desde Ciudad de Arena, fundación sin fines de lucro que creó en marzo-. La idea es estimular y difundir la producción en cine, literatura, historieta... Toda expresión que abarque la ciencia ficción, el terror, lo fantástico puro y el realismo mágico."
Para su primer gran proyecto contrató los servicios del tren que une Viedma con Bariloche y armó allí, durante 44 horas, un taller itinerante. "La gente decía que estaba loco, pero los autores del género enseguida dijeron «esto es para nosotros» y se subieron. Después se anotaron escritores aficionados, cineastas, alumnos de escuelas secundarias que nosotros invitamos y amantes de lo asombroso en general." El "Viaje al centro de los confines" se realizó en septiembre, contó con 105 pasajeros e hizo escalas en Los Menucos, Ingeniero Jacobacci y otros pueblos "del desierto patagónico, tal vez una de las zonas más representativas del mundo para el género, por el misterio que tiene, las leyendas, los mitos y su desolación".
Cada pasajero asumió, antes de subir, el compromiso de escribir una reflexión o un relato inspirado en ese viaje. Ya hay textos de Ana María Shua, Carlos Gardini, Pablo Capanna y Alberto Laiseca, entre otros, que formarán parte de una antología que se editará en las próximas semanas. "La gente escribía en el tren, el hotel, en un restaurante... Armamos lecturas para los habitantes de los pueblos e incluso Laiseca contaba cuentos de terror a bordo, donde también había un vagón-cine con películas de Cronenberg, Kubrick y varias nacionales."
Guralnik menciona, como "suceso misterioso" del trayecto, que la formación llegó a horario a todas las estaciones. "Pero lo más parecido a la ciencia ficción fue que, justamente por un problema con el tren, debimos quedarnos en Jacobacci a pasar la noche. Me encontré entonces con veinte personas sin lugar para dormir, porque ya habíamos ocupado todas las plazas del lugar. Pero en menos de media hora, después de algunas llamadas desde la Municipalidad, apareció un montón de gente para ofrecernos lugar en sus casas. Fue emocionante, de esas cosas que sólo pasan en las películas... y en el interior. Es increíble."
Martín Wain
Monstruos y obras maestras, según Laiseca
- "Un tema que me obsesiona es la importancia del monstruo en el arte. El diccionario es muy claro. «Monstruo: único en su especie.» Pero es justamente este carácter de único el que lo transforma en una excitante máquina, apta para estimular la imaginación. Esto se relaciona con otro concepto: el de obra maestra. Labor magna, maestra, es aquella que surge como propia, distinta, única en su especie. Una obra maestra es un monstruo irrepetible. (...) Si algo me hizo crecer fueron las historias que contaban las viejitas de Camilo Aldao, mi pueblo. Relatos supuestamente verídicos, con la luz mala, gente enterrada viva... El precio era no poder dormir del susto, pero uno, sin saberlo, se iba agigantando: preparándose para ser escritor." El texto de Alberto Laiseca está en la antología del viaje.





