
Nazareno Casero:"Soy un burgués culposo, pero sincero"
Su vida siempre fue la actuación, pero el niño que comenzó en Cha Cha Cha ya tiene 27 años; le apasiona la música y quiere cantar rap
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La charla mantuvo el mismo ritmo durante los 55 minutos: un orden acompasado que saltaba armoniosamente de la risa más impetuosa a un semblante impoluto de seriedad. A veces, todo en una misma oración. Nazareno Casero llegó puntual. Camisa negra, pantalón negro, anteojos oscuros, pelo a la gomina. Pide un jugo de naranja. "Es natural, ¿no?", le pregunta al mozo, y en esa breve pero rotunda entonación, decididamente, es casi imposible no recordar al Gordo Casero, su padre. Porque aunque él está sentado allí para hablar de su trabajo, de sus nuevos proyectos, de su vida, sabe [siempre es así], que hay un 99% de probabilidades de que buena parte de la charla gire en torno a su progenitor. No le pesa, con 27 años, y desde su participación en el desopilante Cha Cha Cha, cuando apenas tenía siete, su destino fue lanzado a la actuación. Ya no importan los prejuicios sobre la portación de apellido. Es consciente de que no sólo heredó algunos gestos y el tono de voz del histriónico Casero grande. También su talento.
Hoy se lo puede ver en la ficción Embarcados, que se emite por Canal 7. El mes próximo se estrena la serie El legado, por la pantalla de Canal 9, que lo tiene como uno de los protagonistas. Y por estos días fue convocado para una participación en Señores Papis, la comedia en el prime time de Telefé. Casero hijo es inquieto, y dice que si no fuera por la... ¿timidez? estaría cantando rap y "haciendo papelones por cualquier lado".
-¿Qué significan hoy para vos, después de casi 21 años, las palabras "vitrola envenenada"?
-La gente todavía me sigue hablando de eso, y me cruzo con pibes más chicos que yo que me gritan: "¡Che, loco, vitrola envenenada!". Nació como un juego de improvisación en Cha Cha Cha. Yo era un alumno que no había estudiado y tenía que mentirles a sus profesores para que lo aprobaran. Entonces mi viejo me dijo: "Vos decí que toda tu familia murió por una vitrola envenenada". "¿Una qué?", le preguntaba yo. "Vi-tro-la en-ve-ne-na-da", me repetía. Y quedó. Hoy es el único latiguillo que tengo en mi vida, creo que no hay otra cosa más fuerte que me identifique.
-Te gusta mucho la música. ¿Es cierto que querés cantar rap?
-Hace mucho que estoy con la música, me gusta mucho. Pero es cierto que también estoy entrando por una ventana. Debería mejorar la técnica y ponerme a estudiar, pero si aún no me largo no es sólo por eso. Lo que de verdad me frena es la timidez.
-¿Timidez?
-Aunque no parezca sí lo soy. Es que para mí te exponés mucho más cantando que actuando. Pero me resulta tanto más interesante que la actuación que ahora estoy absorbiendo toda la data que puedo para poder largarme. Me apasiona. Y una de las cosas que más me gustan es el rap. Lo que pasa es que cuando rapeo todos me odian porque no puedo evitar decir las cosas más monstruosas que se me ocurren, que son en contra de todos los que me caen mal y no me gusta lo que hacen. Me voy a quedar solo.
-Está claro que lo de hablar sin filtro viene de herencia. ¿Creés que, como parte de ese legado, la gente también siempre espera que la hagas reír?
-Cuando me doy cuenta de que pasa eso trato, intencionalmente, de no hacerlos reír. Y cuando ya no esperan nada me suelto y por ahí se ríen. Pero claro que existe un prejuicio muy interesante sobre eso: a ver cómo el hijo del Gordo Casero me va a hacer reír. Y cuando salgo siempre hay un boludo que dice: "Mirá que acá no tenés que hacer reír a nadie, eh".
-¿Y qué les decís?
-[La respuesta es irreproducible para este suplemento, pero él asegura que funciona y todos terminan riéndose.] Porque un insulto dicho tan amablemente descoloca al otro, lo toma por sorpresa. Si algo no te causa sorpresa para mí no es gracioso. Cuando ya sabés lo que va a pasar... Todo el humor argentino de la actualidad me aburre. Además, después de De la cabeza y Cha Cha Cha, y de haber tenido a un tipo como mi padre viviendo en mi casa es difícil que otra cosa te haga reír.
-¿Cómo era tu infancia rodeado de adultos tan poco convencionales?
-Era muy divertido. Capusotto cada vez que me veía me hacía "el gorgojo" [tuerce la cabeza, se pone bizco y deforma las facciones de la cara con los dedos tapándole la boca]. Y Fabio [Alberti] siempre venía serio y me decía las cosas más delirantes que podés imaginar. Me hacían reír todo el tiempo. Pero aunque era un niño yo entendía cuál era mi lugar. No se jodía todo el tiempo. Mi viejo me decía: "Nazareno, ante la duda, no rompas las bolas". Con ese pragmatismo casi militar de que las cosas se hacen así, y punto.
-¿Fue un padre muy estricto con los límites?
-Imaginate esto. A los cuatro años estás parado frente al ventilador y viene tu viejo, mete una zanahoria y mientras vuelan miles de pedazos naranjas por el aire, te dice: "Eso te pasa si metés los dedos ahí". Te tenía que retar y lo hacía de una manera graciosa. Pero también es un hombre muy intenso, indescifrable. En medio de una situación amena de golpe se raya y todo se vuelve tenso. Pero él me enseñó que está bien rebelarse y decir lo que uno piensa.
-¿Lo de ser vegetariano fue una rebeldía o seguís sin comer carne?
-No, dejé por una cuestión de practicidad. Me duró seis meses. Además, viviendo en una ciudad donde vos no producís tus alimentos me resulta violento estar discriminando qué comer y qué no. Yo había dejado de comer carne roja por la manera nazi en que matan al animal. No estoy en contra de comer carne, pero sí de la forma en que se los mata. En el campo de mi viejo, en San Luis, los chanchos viven bien y tienen espacio para hacer sus chanchadas. Viven bien. Cuando se los mata para comerlos, ni se dan cuenta. Estoy en contra del sufrimiento industrial, pero reconozco que compro carne en Coto.
-Suena muy contradictorio.
-Y sí, soy un burgués culposo, pero trato de ser sincero. Lo digo, me hago cargo. Entiendo la posición cómoda que tengo de poder vivir donde quiero, de tener un auto, de ir donde quiero con mi auto y mis anteojos de carey. Pero no hago el símbolo de la revolución y digo "Viva Fidel", como hacen ahora muchos de los que en los 90 se fueron a recorrer el mundo.
-A vos también te gusta viajar. Te regalan un pasaje en avión para salir mañana. ¿A dónde vas?
-Al volcán Krakatoa, entre Java y Sumatra. Cuanto más alejado de mi realidad, mejor.
Mineral o de ?la canilla: agua
"Hasta que llega a tu vaso hace un recorrido que ni siquiera imaginás, y todo el mundo la toma como si fuera inagotable. Yo creo que es una bebida a la que hay que canonizar, porque llegará el momento en que muchos se mueran sin agua", arremete Nazareno Casero (27), quien reconoce no cumplir con la ingesta de los dos litros diarios recomendados por los médicos. "Tampoco para tanto, che."
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