
Palacio moderno
Convertido en un ícono de la tradicional Avenida Alvear, el Duhau festeja este año su 75° aniversario y tres desde la apertura del Hotel Park Hyatt, tras ser remodelado. Aquí, un poco de su historia
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Era un caserón de aspecto victoriano, en la esquina de Alvear y Rodríguez Peña. En el año 1920, doña Candelaria, la madre de Luis Duhau, decidió comprarlo para vivir allí con sus hijos. Catorce años después, cuando Duhau era ministro de Agricultura y Ganadería de Agustín P. Justo, compró el lote vecino a la casa y le encargó al arquitecto León Dourge la construcción del que, con el tiempo, sería uno de los grandes palacios de la aristocracia local.
Por entonces, ni siquiera en Francia se levantaban obras de estas características. De arquitectura neoclásica, sus líneas simples le dieron un aire de elegancia que estaba destinado a perdurar. Algo que supieron valorar sus sucesivos dueños, pero también sus vecinos, que pugnaron para que el palacio se mantuviera como un símbolo del paisaje urbano porteño.
El 20 de agosto de 2002, el Duhau fue declarado Monumento Histórico Nacional por decreto 1495/2002. La propiedad ya estaba en manos del grupo El Rosario, que encaró el proyecto de restauración con la idea de recuperar las mejores tradiciones de la historia del palacio y reinsertarlo en la vida cotidiana de los vecinos de Recoleta. Tras una alianza con la cadena Hyatt, en 2003 comenzaron las obras de remodelación y la construcción de lo que sería el hotel Palacio Duhau - Park Hyatt Buenos Aires.
La arquitectura exterior del Palacio Duhau-Park Hyatt estuvo a cargo del estudio GIAD, de la arquitecta Gabriela Iglesias (Londres). El interiorismo y la decoración son obra del estudio de arquitectos Caparra - Entelman - Petrocchi - Conte Grand, con dirección de Martha Priú y del arquitecto Enrique Diéguez por El Rosario. La restauración del palacio estuvo en manos del Estudio Leguizamón-Ezcurra & Asociados.
Convertido en 5 estrellas, el Duhau reabrió sus puertas el 12 de julio de 2006. Tras su histórica fachada se alzaba ahora un hotel de lujo con una fuerte identidad y conformado por la unión de dos edificios: el monumento restaurado con entrada sobre la avenida Alvear y el nuevo edificio sobre la calle Posadas. Así, se conjugó su legado con un diseño innovador y la tecnología más avanzada.
Hoy los grandes ventanales originales, las antiguas puertas de madera tallada y los magníficos pisos de mármol lucen en las 165 habitaciones del hotel, que cuenta además con spa, pileta semiolímpica climatizada y cubierta, salones para conferencias, eventos sociales y corporativos. Está ambientado con sillones de cuero de Poltrona Faus (París), alfombras de pura lana de Brintons, grifería del diseñador Antonio Citerio y luminarias del diseñador alemán Ingo Maurer y del estilista Tobia Scarpa, para Andrómeda.
Las habitaciones se equiparon con géneros traídos de las mejores casas de Europa, como Lelièvre, de París; Sahco Hesslein y JAB, de Alemania, y Rubelli, de Florencia.
Corredor de arte
El Paseo de las Artes es, además de un espacio artístico valioso, un amplio corredor interno que une el palacio con la torre. El piso, de piedra París, hace que los estilos de ambos sectores se unifiquen. Este sitio se incorpora al circuito cultural de la ciudad, ya que ofrece renombradas exposiciones de arte contemporáneo. En el exterior, los grandes jardines -que fueron diseñados por Carlos Thays en 1913- conectan las dos construcciones.
En el Palacio se exhiben en forma permanente obras de arte, como La ronda , de Guillermo Roux; Menina , de Manolo Valdés; Saut d´obstacle , de Jean-Louis Toutain, y el imponente Torso del escultor español Guerrero Medina. También, fotografías en blanco y negro de Horacio Rosell, tintas de J. Janco, acrílicos de Juan Lecuona, acuarelas de Luis Benedit, obras de la artista plástica brasileña Miriam Rigout y del argentino Hernán Dompé. En el edificio contemporáneo, el mural Imágenes del barrio , de Juan Batlle Planas, y una escultura de Alberto Bastón Díaz dan la bienvenida a los huéspedes. En Gioia Restaurante y Terrazas, lo hace el acrílico de Rómulo Macció Afuera llueve .
Antonio Alvarez Campillo, gerente general del hotel, dice que allí se pone en práctica el auténtico arte de la hospitalidad. "Nuestros huéspedes valoran la integración del edificio histórico con la modernidad del edificio nuevo de Posadas. Tienen la posibilidad de revivir una parte de la historia de la Argentina, recuperar sus costumbres y tradiciones, en un marco de elegancia y sofisticación que brindan los clásicos ambientes y espacios del Palacio", dice Alvarez Campillo.
Este año, el Duhau celebra su 75° aniversario y el hotel cumple 3 desde su apertura. Como para coronar los festejos, la revista internacional de viajes Travel + Leisure, que clasifica a los mejores hoteles del mundo, acaba de anunciar que Palacio Duhau - Park Hyatt Buenos Aires fue elegido como el Mejor Hotel de Ciudad de Centro y Sudamérica 2009, en su tradicional ranking World´s Best Awards. Además de posicionarse como número 1 en Latinoamérica, el Nuevo Clásico de Buenos Aires ocupa el puesto 11° en The Top 100 Hotels Overall, que clasifica a los mejores hoteles del mundo.
Como parte de los festejos, del 22 al 29 de septiembre habrá una muestra con fotos de la historia del Palacio, un concierto y una propuesta de gastronomía histórica, para evocar los banquetes de antaño. Eduardo Ceccotti, gerente de Marketing y Comunicaciones del hotel, lo resume así: "Será una semana de homenaje a las costumbres y tradiciones reinantes en el Palacio a lo largo de su historia, y queremos seguir compartiéndolo con la comunidad local".
Crecer en el Duhau
Patricio Avellaneda Duhau es uno de los nietos más jóvenes de Luis Duhau y Lucía Ham. Hijo de Elena Duhau y Julio Avellaneda, este argentino digno de la estirpe que indica su apellido es también bisnieto por parte paterna del presidente Nicolás Avellaneda. Vivió en el palacio cuando aún era habitado por sus abuelos, su madre, sus tres tías casadas y su tío soltero. Por entonces, la propiedad estaba dividida en cinco departamentos, donde residían todo el año.
Sentado en el Oak Bar del Palacio Duhau - Park Hyatt, admira la boiserie que decora las paredes. Es una magnífica pieza de arte del 1600 que su abuelo compró en Francia. Avellaneda Duhau recuerda ahora los años en que el palacio permaneció cerrado, antes de su restauración: "Estaba totalmente venido abajo, hasta que lo compró el señor Scalesciani. El y su mujer, Martha, con paciencia, cariño y grandes dosis de imaginación lograron esta maravilla. Es un mérito que les cabe para toda la vida".
También evoca a sus abuelos Luis y Lucía, "gente muy generosa, que siempre colaboraba con distintas obras religiosas. Incluso permitían que, cuando las personas que trabajaban en la casa se enfermaban, se quedaran a vivir con ellos hasta reponerse".
-¿Cómo era la vida en la residencia?
-Era una vida de puertas abiertas; teníamos contacto con el policía de la esquina y los comerciantes del barrio. La casa era visitada por muchos amigos: Emilio Cárdenas, Manuel Solanet y los vecinos Moreno Hueyo.
-¿Recuerda anécdotas de episodios ocurridos en la casa?
-Mi hermano Nicolás, ya fallecido, estaba en la barra brava del club San Lorenzo y tenía el cuarto empapelado con tapas de la revista El Gráfico en las que había fotos del Ciclón. Los domingos venía un camión a buscarlo, él salía por la puerta del garaje, y se iban a la cancha. Decía a todos que era el hijo del encargado. En el jardín se jugaba al fútbol y cuando la pelota caía en los jardines de la Nunciatura, se enojaban bastante. Hasta que decidieron poner allí un perro.
Las puertas de la casa estaban "tan abiertas" que un día entraron dos personas y, haciéndose pasar por proveedores, se llevaron una alfombra. Por suerte el encargado los vio y los corrió hasta la esquina. Tuvieron que regresarla...
-¿Participó de grandes fiestas en el palacio?
-Casi todas las mujeres de la familia hicieron sus fiestas de casamiento en él. Todos los 13 de diciembre, la familia se reunía para festejar el cumpleaños de mi abuela. Eran fiestas muy divertidas. Armaban, en el gran salón, un escenario con dos tarimas que había en el garaje, todos se disfrazaban, actuaban y jugaban a "Odol Pregunta". En las Navidades, desde el jardín, arrojábamos cañitas voladoras.





