
Paloma Herrera: con los pies en la tierra
Vive en Nueva York y triunfa en el American Ballet Theater. Sin embargo, ansía volver a la Argentina, donde bailará en pocos días. A los 27 años, se siente madura y feliz junto a su novio, el cirujano Alejandro Valle. Qué piensa y cuáles son los sueños de esta joven acostumbrada a arrancar aplausos en los escenarios más codiciados del mundo
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En la semioscuridad de los pasillos del backstage del Metropolitan Opera House, Paloma Herrera se mueve con la seguridad de estar en su casa. Zapatillas en mano, va y viene de su camarín esquivando al ejército de técnicos que pasan de un lado al otro hablando por walkie-talkies y arreglando detalles. El ambiente detrás de escena es de un nerviosismo frenético. Una veintena de bailarines varones parece prepararse más para un partido de fútbol que para un ballet: es como ver los cuadros de Degas a ritmo de la MTV. Entre tanto ajetreo, sin embargo, Paloma sobrevuela tranquila.
Es una de las últimas noches del cierre de la temporada de ballet en el Met y el teatro está repleto. El aclamado American Ballet Theater presentará un variado programa de su repertorio, que incluye el flamante Artemis, El sueño y, como plato fuerte, Don Quijote, con Paloma y el cubano José Carreño.
Aunque no pisará el escenario hasta el final, Paloma llega al teatro mucho antes de comenzada la función. En el camarín, se maquilla con las piernas estiradas sobre su escritorio. Lleva su pelo negro atado firmemente en un rodete; se pone unas medias negras, un pantaloncito de algodón, una casaca sin mangas y, con un par de zapatillas de baile rosa en mano, sale a revisar el escenario antes de que empiece la primera función. Anda con su discman, en el que escucha a Diego Torres o a Alejandro Lerner. "Me encanta la música argentina y el último CD de Diego me pareció fantástico; lo escucho todo el tiempo", cuenta.
El telón se levanta y los bailarines salen a escena. En una esquina, Paloma se pone a coser las tiras de sus zapatillas sentada en el piso. "No dejo que nadie me las cosa; es algo común en todos los bailarines -explica-. Nadie conoce tus pies tan bien como vos, y así te sentís segura de que no se te vayan a salir."
Terminada la primera parte del programa, Paloma vuelve al costado derecho del escenario, donde saluda a un agitado Marcelo Gomes, que descansa unos segundos antes de regresar a saludar al público. Gomes, uno de los bailarines brasileños más importantes de los últimos tiempos, será quien acompañe a Paloma en el Teatro Colón de Buenos Aires. El jueves 31, el viernes 1° y el domingo 3 de agosto bailarán Paquita y los pas de deux de Esmeralda y El Corsario, junto al Ballet Estable del Colón, que por su parte presentará también Aires de tango, con coreografía de Ana María Stekelman. Será la primera presentación de Paloma Herrera en la Argentina después de dos años de ausencia. Y se hará en el marco de la conmemoración del 25º aniversario de la Fundación Teatro Colón, que también prepara el Festival de Piano Martha Argerich (del 4 al 10 de septiembre) y un Concurso Internacional de Piano (del 21 al 31 de agosto), cuyo jurado será presidido por la reconocida pianista argentina.
Vestida con un tutú de terciopelo y bordado en lentejuelas, con una gran rosa roja adornándole el peinado, Paloma reaparece, ya convertida en la Kitri de Don Quijote, un personaje que en esta temporada neoyorquina la ha llenado de elogios. The New York Times declaró que ver "la sutil coloración dramática que le da al baile puro y lírico es un placer especial". Mientras una asistente le arregla el vestido, Paloma juega con Alessandra, la hijita de 5 años de José Carreño, su partenaire de esta noche.
Ni bien salen a escena, el efusivo público los recibe con un aplauso. Paloma es pura sonrisa. Sus movimientos son precisos y armoniosos. Cada mano, cada dedo, juega un rol esencial en la composición de sus figuras. Pero la atracción principal, sin duda, son sus piernas: dos pilares de fortaleza que desafían las leyes de la resistencia y la flexibilidad con una elegancia envidiable, mientras sus pies apenas tocan el piso. Parada de punta sobre el pie derecho, no tiembla en lo más mínimo y mantiene la sonrisa delante del auditorio. A su lado, Carreño hace incontables piruetas. A contraluz, desde bambalinas, se ve que su cuerpo emana calor y comienza a notarse el sudor sobre su piel. Asombrosamente, en cambio, Paloma está como si nada. Maquillada toda de blanco, parece una muñequita de porcelana que no se cansa en lo más mínimo de bailar en su caja de música.
El público estalla en un aplauso cerrado, se pone de pie y continúa ovacionándolos después que baja el telón. La primera en acercarse a Paloma es su entrenadora, Irina Kolpakova, de 70 años, una leyenda del Kirov. "Maravillosa, maravillosa", le dice mientras le acaricia la panza como si fuera su mamá.
Vivir el momento
Paloma Herrera vive en un departamento moderno frente al Lincoln Center, con una espléndida vista del Metropolitan Opera House, la avenida Broadway y el río Hudson no muy lejos. El living, de paredes azul claro, está decorado con sillones tapizados con motivos florales; una mesa sobre la que se apilan libros de fotos del Teatro Colón, el American Ballet Theater, uno sobre la obra de Xul Solar y otro, infaltable, sobre las pinturas de Edgard Degas.
En la biblioteca, en tanto, hay novelas de Tomás Eloy Martínez, poesías de Mario Benedetti, best sellers norteamericanos, un libro sobre el Colegio Nacional de Buenos Aires, otro sobre Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev, una colección de videos con las funciones de ballet, y varios DVD con películas hollywoodenses (Alí, Black Hawk Down y The Mothman Prophecies, entre otros). Dos torres de compact discs ofrecen una variada selección de música: María Callas, Fito Páez, Frank Sinatra, Madonna, Piazzolla, Ricky Martin, The Rolling Stones.
Sobre la pared del comedor cuelga un póster del Teatro Colón y, en el piso, recostada contra una columna, hay una gran fotografía de Paloma cuando fue tapa de la revista dominical de The New York Times (20 de noviembre de 1994), haciendo un arabesco con los rascacielos de Manhattan detrás.
Por todos lados se ven portarretratos con fotos de ella con sus padres, Alberto y Marisa; con su hermana y su pequeño sobrino; de amigos en los Hamptons, de tournées por diversos teatros del mundo; un retrato blanco y negro autografiado por Mikhail Baryshnikov, su ídolo, y, como no podía ser de otra forma, de Paloma y su novio, el cirujano argentino Alejandro Della Valle, de 34 años, quien desde octubre último vive con ella aquí.
"No sé nada de ballet. De hecho, la primera vez que fui a ver ballet fue porque conocía a Paloma", cuenta a La Nacion Alejandro al excusarse por no participar en la entrevista. De cualquier manera, también tiene que ir a trabajar al New York Hospital, donde hace un par de años hizo su residencia.
Se conocieron hace dos años por medio de Eduardo y Antonella Salvati, la familia que albergó a Paloma ni bien llegó a la Gran Manzana, con apenas 15 años. Una noche, los Salvati llevaron a Alejandro al Met a ver a Paloma y allí comenzó todo. Pero no fue fácil, ella andaba con mucho trabajo y no volvieron a salir hasta que ambos viajaron a Buenos Aires en el mismo vuelo. ¿Cosas del destino?
"Yo al principio no quería saber nada, estaba muy ocupada para el romance. ¿Salir? ¿Te parece?, le decía. Pero él insistió y acá estamos viviendo juntos. Es mi primer novio serio", cuenta Paloma, vestida con una musculosa negra, botas del mismo color y pantalones beige. Su sonrisa se vuelve más grande cuando habla de él. Habla con un tono dulce, suave, que acompaña con movimientos muy femeninos, delicados, que contrastan con la fuerza que transmiten sus tonificados brazos.
-Viniste aquí de muy chiquita, has hecho una carrera fantástica y apenas tenés 27 años. ¿Dónde te ves en unos 15 o 20 años?
-Ni idea. No me planteo las cosas muy a futuro, vivo cada momento. Además, ahora somos dos y es muy distinto. Antes tenía planes propios, ahora hacemos proyectos de a dos, que es bien distinto. Sé que quiero retirarme estando bien, no de muy grande. El día que deje de sentir placer sobre el escenario, ahí dejo. Cuando empezás de muy chica en esto, siempre hay un pero. Es muy talentosa, pero demasiado joven, te dicen; o es una bailarina madura, pero ya está grande. Yo he podido hacer de todo en mi carrera gracias a la excelente formación que tuve en la escuela del Colón, y hoy me siento muy tranquila sobre el escenario. He bailado todos los grandes ballets y los conozco muy bien; creo que tengo bastante madurez, pero que puedo seguir perfeccionando varias cosas, de estilo, de poses. Más allá de lo profesional, lo que sí sé es que me gustaría reinstalarme en la Argentina. Yo le estoy muy agradecida a Nueva York y a este país, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que sucede acá o con cómo ven las cosas los norteamericanos. Tomo las cosas positivas de este país, que tiene muchas. Pero a mí no me gusta nada eso de que los norteamericanos se crean el centro de todo. Durante la guerra con Irak, acá sólo pensaban en ellos mismos, y cada uno seguía en sus cosas como si nada, mientras del otro lado del mundo estaban matando e invadiendo un país.
-¿Qué te gustaría hacer cuando te retires?
-Me encantaría algún día montar una fundación, tratar de ayudar a la gente que no tiene recursos en la Argentina. Pero para eso se necesita mucha plata. Yo siempre dono zapatillas cuando me lo piden para hacer algún remate a beneficio, y me gusta la sensación de estar haciendo algo por otras personas. Mi sueño también sería seguir con la danza de alguna forma, tal vez enseñando a gente que no puede pagarlo.
-¿Tenés ganas de volver a bailar en la Argentina?
-Sí, por supuesto, amo a mi país y a mi gente. La última vez que estuve me quedé con una bronca bárbara porque me pusieron dentro de un abono carísimo. En plena crisis, y la gente con poca plata, nadie se iba a comprar todo un abono solamente para verme. A mí me gusta que lo que hago lo disfrute la mayor cantidad de gente posible, no solamente quienes pueden pagar un abono. Además, Giselle era lo único de ballet que había, y la gente que va a ver ópera no es la misma que va a ver ballet. Yo sabía que el público que tenía delante no era al que más le gusta lo que hago. Me quedé muy mal con eso.
-¿Seguís las noticias argentinas? ¿Cómo ves el futuro del país?
-Leo de vez en cuando el diario, pero me llevo muy mal con Internet, pese a que tengo una página y todo. Pero mamá y papá me cuentan todo y yo hago miles de preguntas. Yo soy muy optimista con respecto a la Argentina. No sé por qué exactamente, soy muy subjetiva en todo lo que tenga que ver con mi país. Creo que lo que vivimos en los últimos tres años fue muy traumático, pero hubo signos muy positivos, como la creatividad de la gente y la solidaridad. Ahora ya se están viendo algunas cosas que me dan todavía más esperanzas de que podemos salir adelante. El problema es la gente corrupta, no sólo los políticos, sino también los que están arriba en empresas; hay que cambiar culturalmente. Pero hay muchísimas cosas positivas y gente joven con ganas de hacer cosas por el país.
-¿Recibís muchas cartas de chicas argentinas, bailarinas que quieren hacer una carrera como la tuya?
-Sí, muchísimo fan-mail de la Argentina y de todos lados del mundo donde bailo. Contesto además los mensajes que me dejan en la página de Internet, que son muchísimos. Mi mamá me ayuda bastante, sobre todo mandando las fotos y los datos que piden, pero me gusta hacerlo a mí. Algunas me preguntan qué hay que hacer para llegar alto en el mundo del ballet. ¡Ojalá lo supiera! Ojalá pudiera decirles: tenés que trabajar mucho y duro y vas a llegar, o tenés que tener buena técnica, piernas fuertes y perseverancia, pero todo eso no basta. No sé por qué algunos llegan y otros no. Es una mezcla de todo eso, pero también de suerte y de algo especial que algunas personas tienen y otras no. Hay bailarines como Mikhail Baryshnikov y Alessandra Ferri que ni bien se paran en el escenario atraen la atención, tienen como un magnetismo especial, que muy pocos tienen, y eso los hace únicos y los convierte en grandes de la danza.
-¿Y qué creés que te distingue a vos del resto de los bailarines?
-No sé. A mí me gusta hacer mi trabajo tranquila y disfrutar de cada minuto que estoy en el escenario, eso es lo más importante para mí. Creo que eso se nota en la presencia que tengo allí arriba; en el escenario uno no puede mentir, es como transparente. Por otra parte, trato de romper con el estereotipo de que los bailarines vivimos encerrados en lo nuestro. A mí me gusta ser más abierta, escuchar lo que la gente piensa, ver otras cosas. Ya bastante cerrado es nuestro mundo como para que en mi tiempo libre me encierre más.
-¿Hay mucho chusmerío en el ambiente de la danza?
-Seguramente, pero yo jamás me meto en eso. Odio, odio, odio todo eso. Siempre me dicen que soy la última en enterarme de todos los rumores, y eso que no soy ingenua. A mamá siempre le digo que amo el ballet, pero odio el entorno ese de chusmerío y poses. Hay mucho de egocentrismo, de personas que se dan aires de diva, las que mueren por sacarse una foto con Donald Trump y en las fiestas corren al lado de los famosos para que después se diga que son amigos. Yo amo lo que hago y por eso estoy acá, pero si fuera por el entorno ya me hubiera ido.
-Al haberte metido en esto de tan chiquita, hoy, ¿te arrepentís de algo?
-Si pudiese volver a elegir haría exactamente lo mismo que hice. Soy consciente de que no tuve una infancia y una adolescencia comunes, igual a las de mis amigas que salían a fiestitas y conocían chicos, pero yo estoy contenta con lo que logré y no lo cambiaría por nada. Entonces, en algunas cosas me sentía una mujer de 40, que tenía su propio departamento, cuentas que pagar, viajes que organizar, pero en otras cosas era hasta como de 10 años, sin conocer chicos ni salir con mis amigas de fiesta. De cualquier manera, yo no resigné esa parte de mi vida; pude hacerlo después. En ese momento no iba a fiestas, pero aprovecho para hacerlo ahora. Me gusta compartir las cosas y entonces no tenía a nadie a mi lado, un hombre, mi pareja; ahora sí. Antes era como muy solitaria, pero, ¡ojo!, siempre me encantó estar sola. Jamás me puse a llorar por eso. Cuando vine a Nueva York, mamá me decía: "Mirá Paloma que vos estás ahí porque vos querés; cuando sientas que querés volver lo hacés y punto". Pero yo lo sentía como algo natural, no fue un drama ni nada de eso.
-¿A quién llamabas cuando te sentías deprimida con dudas?
-A mis papás. Ellos son siempre a quienes acudo cuando me pasa algo, cuando quiero hablar de algo, o sobre mi carrera. Yo soy lo que soy gracias a ellos. A mi mamá y mi papá les debo todo, absolutamente todo.
-En el American Ballet Theater, compartís mucho tiempo con Julio Bocca. ¿A él le pedís consejo profesional también?
-No, jamás, mi carrera la manejo yo.
-Una mujer independiente…
-Sí, y así me gusta.
Para saber más
www.palomaherrera.com
www.abt.org
www.teatrocolon.org.ar/fundacion
Al Colón
El próximo jueves 31, después de dos años de ausencia, Paloma Herrera volverá al Teatro Colón en una presentación especial para celebrar los 25 años de la Fundación Teatro Colón. Allí, junto al brasileño Marcelo Gomes, bailará los pas de deux de Esmeralda y el del segundo acto de El Corsario, así como Paquita. Estarán acompañados por el ballet estable del Colón, que interpretará también Aires de tango, con coreografía de Ana María Stekelman y música de E. Vadaro, L. Rubinstein, F. Canaro, E. Nazareth, Firpo, J. A. Caruso, J. De Caro y D. Linyera.
Paloma expres
- Nació en Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1975.
- Estudió ballet en el Colón -de donde egresó con las más altas calificaciones- y desde los 7 años fue alumna de Olga Ferri.
- En 1990 fue especialmente invitada por Natalia Makarova para tomar clases en el English National Ballet, de Londres.
- En 1991, con sólo 15 años, fue contratada por el American Ballet Theater (ABT) de Nueva York. A los 19 se convierte en la persona más joven en alcanzar la categoría de primera bailarina en el ABT.
- En 1994 aparece en la tapa de la revista de The New York Times al ser elegida por los críticos especializados como "uno de los 30 artistas jóvenes que cambiarán los próximos 30 años".
- Los más prestigiosos coreógrafos -como Twyla Tharp,James Kudelka, Nacho Duato y Jiri Kylian, entre otros- crearon ballets para ella.
- En 1999, la revista Time y la CNN la eligieron como uno de los líderes del nuevo milenio, mientras que en la revista Dance Magazine fue votada como uno de los 10 bailarines más importantes del siglo XX.
- En 2001, durante una presentación en la Argentina, fue declarada Personalidad Destacada de Buenos Aires. En Nueva York, ese mismo año le entregaron el Immigrant Achievement Award.
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