
Paola Suárez: el triunfo del esfuerzo
Lejos del éxito rápido y del alto perfil, esta pergaminense se convirtió en la mejor tenista del mundo en dobles a los 27 años, edad en la que muchas eligen el retiro. En dobles, ganó tantos torneos de Grand Slam como Guillermo Vilas en singles. Su lucha contra el fracaso, el miedo y las presiones constituye una metáfora de la Argentina posible
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Ganó tantos torneos importantes -de Grand Slam- como Guillermo Vilas. Estuvo ocho meses sin tocar una raqueta cuando se separaron sus padres. Durante tres años soportó la presión de vivir con lo justo y pelear hasta el último centavo para poder jugar en el exterior.
En 2003, a los 27 años, se convirtió en la mejor jugadora del mundo en dobles y es la número 15 en singles.
Se llama Paola Suárez y alcanzó la cima a una edad en la que muchas otras tenistas se van dejando caer.
Construyó su carrera como un crédito a largo plazo: todos los días y todos los meses, durante 15 años, aportó cuotas de saques, sudor y lágrimas. Entendió que la soberbia debía dejarse en la red cuando a los 14 fue finalista junior en Roland Garros: prefirió acompañar su talento con garra y esfuerzo. Tampoco ahora, que es número uno, permite que el ego le gane. Paola luchó contra el fracaso, superó sus temores, aprendió, se enamoró y maduró de grande. Su historia es, quizás, una metáfora de la Argentina posible.
Supo lo que era el tenis un año antes de la Guerra de Malvinas. Había cumplido los 5 y era tan alta como una raqueta. Su padre, Hugo, vivía y trabajaba en uno de los clubes de tenis más importantes de Pergamino. Paola jugaba a las muñecas con pelotitas amarillas.
Hasta que les empezó a pegar. A pegar.Y a pegar. A los 13 estaba quinta en el ranking nacional. Su vocación de la infancia había sido ser farmacéutica (quería una farmacia "como la que tenía el padre de mi mejor amiga", dice ), pero el tenis empezó a tomar otro color cuando conoció a Daniel Pereyra, su coach desde entonces.
-El fue el que intentó convencerme desde un primer momento de que podía llegar a algo -saca Paola.
-La vi jugar, la escuché hablar y supe que quería entrenarla -devuelve Daniel.
Coach, segundo padre, comprensión y exigencia, látigo y caricia, la relación Pereyra-Suárez fue y es una de las claves de su éxito.
Pero un año más tarde, mientras Carlos Menem expulsaba a Zulema Yoma de Olivos, Xuxa vendía 12 millones de discos y Sergio Goycochea volaba al Mundial del 90, Paola Suárez sintió por primera vez que el tenis era lo suyo, que tenía talento, que eso que le decían podía ser cierto. A los 14, y en su primer gira al exterior, ganó cuatro torneos y fue finalista junior de Roland Garros.
-Fue mi debut con jugadoras de primer nivel y me fue muy bien. A la vuelta, decidimos que me entrenaría duro para intentar ser profesional -recuerda.
Pero no fue tan fácil. A los 15 años, aunque descubrió lo que era un beso y tuvo su primer novio, Paola vivió "uno de los peores momentos de mi vida".
-¿Influyó en tu carrera?
-Estuve ocho meses sin tocar una raqueta. No tenía más ganas de jugar. Y sin jugar, los puntos que había subido en la gira se cayeron en picada.
-Pero no te importaba nada.
-No, quería que mis padres estuvieran juntos. Yo era muy chica y no estaba preparada. Fue el mayor bache de mi carrera. Aunque no fue el único.
A pesar de su decisión personal, sus padres, Hugo y Rosa, la alentaron para que volviera a jugar. Su coach, Daniel, también la convenció para que siguiera adelante. Y Paola siguió. Pero tres años después, la crisis subió la red y parecía imposible pasar al otro lado.
-No teníamos más plata para afrontar los costos que implica estar en el circuito internacional. La única manera de conseguir sponsor era con resultados. Y los resultados no llegaban.
-¿Y otra vez sentiste que el tenis no era para vos?
-Sentía que hacía muchos sacrificios que no servían para nada. Tenía 17, 18 años, y no podía avanzar lo que quería.
-Además es la edad del gran salto, donde muchas pasan de los torneos junior al top 10...
-Sí. ¡Pero yo saltaba, saltaba y nada!
-¿Se hacía insoportable?
-Se hacía muy difícil. Sentía mucha impotencia, perdía partidos que creía accesibles.
-¿Hasta dónde llegaba la angustia? ¿Llorabas en el court?
-No soy de llorar tanto, pero sí, muchas veces no me pude contener. Me tapaba con la toalla o esperaba hasta llegar al vestuario. Lo más duro era pensar que ya no tendría dinero para viajar al próximo torneo.
-¿Te sentías culpable? ¿Te pasaba después de los partidos o durante el juego?
-Me enojaba mucho conmigo. Me enceguecía. No me perdonaba una.
-¿Cuándo lograste cambiar de actitud?
-Fueron muchos años. Me hubiera gustado que me pasara antes, pero maduré de grande.
Los beneficios se verían muchos años después. Mientras tanto, Paola intentaba crecer en singles y en 1994 comenzó a jugar en dobles junto a la española Virginia Ruano Pascual, su actual compañera.
-Al principio no hacíamos una gran pareja, pero nos divertíamos tanto que decidimos seguir jugando juntas. Nunca me imaginé como doblista. Pero con Virginia hacemos buen equipo.
Son amigas, pasan ocho meses juntas al año, pero no impide que la convivencia, en ciertas ocasiones, pueda tensar el encordado.
-A comienzos de este año tuvimos una discusión que, como dicen los futbolistas, queda en el vestuario. La tensión duró poco, pero se vio en la cancha: todavía estábamos molestas, nos gruñimos un poco y perdimos en primera ronda. Ahora ya pasó. Somos muy compinches. Aunque es difícil hacer amigos en el tenis, ella es una amiga.
-¿Es difícil por la rivalidad, la competencia?
-Claro. Mis amigos, amigos, son los chicos con los que hice la secundaria. Pero además de Virgi hay buenas chicas. Cuando estás de gira sabés con quién podés hablar y con quién no.
-¿Con las hermanas Williams no se puede?
-No hay drama con ellas, pero al principio fue complicado.
-En 2001 dijiste que eran "insoportables, te miran mal, no te saludan y son superprepotentes. No se las banca nadie. Hablan de racismo y el problema son ellas". ¿Cambiaste de opinión?
-Sí, porque ellas cambiaron. Entraron en el circuito con un caparazón y eran prepotentes. Ahora son más respetuosas, se dieron cuenta de que hay chicas a las que se puede saludar.
-¿Alguna que te mira mal?
-No, que yo sepa. Hay algunas muy especiales, como Jelena Dokic, que no le habla a nadie.
- Además del romance entre el mejor y la número 2, Lleyton Hewitt y la belga Kim Clijsters, ¿cómo se viven las historias de amor en el tenis?
-Es un tema de conversación, como si fuera una oficina. La diferencia es que esto sucede en torneos. Igual, con los tenistas sólo coincidimos en seis o siete competencias al año. Eso sí, ellos no lo desaprovechan.
-¿Cómo seduce un tenista?
-¡Rápido! Los tenistas son rápidos. Están acostumbrados a ganar, se les regalan muchas chicas. Hay reuniones. Modelitos de acá y de allá. Pero con las jugadoras no se animan tanto.
-Van a la red y temen el passing shot.
-Claro, si se mandan una macana o si los rebotan, quedan escrachados.
-¿Es difícil enamorarse siendo profesional del tenis?
-Muy difícil. Mis relaciones duraban poco. Estás todo el tiempo afuera. Ahora, desde hace tres años, vengo mejor.
Hugo, su novio, es brasileño, futbolista y casi atropella a Paola Suárez con un cuatriciclo en el country Miraflores. Fue hace tres años. Le pidió disculpas y recibió un insulto. No sabía quién era esa chica, pero le gustó, consiguió su e-mail y le escribió: "Soy el del cuatriciclo".
Para la primera cita quedaron en verse en un cine. El fue a su encuentro. Ella lo esperaba, pero con cuatro amigos.
-No me animaba a ir sola. Nunca en mi vida había tenido una cita a ciegas con nadie, y no iba a empezar justo con alguien que casi me mata...
A los seis meses, decidieron comprometerse y compraron los anillos.
El tiene 22. Tal vez se casen el año próximo.
Mientras tanto, Paola tiene mucho por delante. Pero admite que su relación con Hugo es simultánea con su mejor momento profesional.
-Como decía antes, maduré a los 25. Ahí cambié mi actitud y empecé a creer más en mí. A jugar a favor y no en contra.
-¿Y por qué no creías?
-Pensaba que tenía un techo más bajo. No sé...
-De todas las cosas que hiciste, ¿de cuáles estás más orgullosa?
-De mi fuerza. De haber podido seguir adelante. Lo que estoy viviendo ahora es un resultado de años de esfuerzo y eso me hace sentir muy orgullosa.
-Sos la otra cara del éxito fácil...
-Sí. Lo mío fue un trabajo progresivo. Hace tres años que estoy dentro de las treinta; el año pasado, 25.
-¿Objetivos 2004?
-Quedar entre las primeras quince en singles, seguir arriba en dobles.
-¿Y cómo será, en unos años, la vida sin el tenis?
-Más tranquila. Voy a estudiar psicopedagogía y, si puedo, abriré una fundación para ayudar a chicos necesitados. Es un sueño que voy a cumplir.
Producción: Florence Argüello
Perfil de una luchadora
- Tiene 27 años y nació en Pergamino el 23 de junio de 1976.
- A los 5 años medía lo mismo que una raqueta de tenis y empezó a tener su primer contacto con este deporte.
- A los 12 ya era una de las cinco mejores jugadoras de la Argentina.
- En su primera gira al exterior, a los 14 años, ganó cuatro torneos y fue finalista junior de Roland Garros.
- Cuando tenía 15 se separaron sus padres y dejó el tenis por ocho meses.
- A los 18 comenzó a jugar dobles con su actual compañera, la española Virginia Ruano Pascual. Juntas ganaron 19 torneos. Los más importantes: R. Garros (2001, 2002) y el US Open (2002 y 2003).
- Vive en Munro, ama el Diario de Ana Frank, el cine y jugar a las damas.
- Este fue su mejor año. En dobles fue finalista de todos los Gran Slam y ganó el Master y el US Open. En singles, quedó 14 en el mundo.
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