Para comer: picada preparada con anticipación y nada de asado

Antonio Soriano
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14 de junio de 2014  

Henos aquí, cuatro años más tarde, otra vez frente a esa ilusión que nos transporta a ese primer mundial vivido (en mi caso el de 1986) con todo lo que eso representa. Tenemos una responsabilidad muy grande. En mi caso mostrarle a mi sobrino y a mi hija, cómo vivimos un Mundial.

Debe ser de los pocos momentos en mi vida que la comida no me interesa. Y con todos los hombres con lo que interactué me dejaron en claro que la comida sólo es algo donde ahogamos nuestros nervios.

Particularmente, necesito dos horas previas para dedicarle sólo al partido. Y dos horas posteriores para debatir por qué ganamos, perdimos o empatamos, y cómo seguimos. En el ultimo mundial europeo, en Alemania 2006, recuerdo que empezábamos cuatro horas antes. Hacíamos un asado, locro o hamburguesas caseras de acuerdo a la hora y el clima. Y después recién veíamos el partido. Y volvíamos a un asado - debate.

Esta vuelta, todo cae en horario más o menos cercano de alguna comida. Sobre todo mañana: primer partido y Dia del padre.

En este caso, definitivamente una buena picada. No es de buen compañero pedirle a otro que te haga un asado. Es un momento de unión, estamos todos en la misma, todos alentando, todos juntos en uno de los pocos momentos de comunión perfecta entre los argentinos.

Todo listo con anterioridad, cortado, pensado. Nada que requiera atención durante el partido ni poco antes. Nada que necesite fuego o mucha atención. Nada, en definitiva, que pida alejarse un segundo del televisor. La comida es importante, pero en estos casos hay que adaptarse a algo más relevante.

Para mí el menú ideal para este partido estaría compuesto por variedad de pancitos previamente cortados, salames artesanales y jamón crudo y cocido cortado bien finito. Morcilla fría, unas aceitunas negras y encurtidos para aportar un poco de acidez. Manteca saborizada y una rica selección de quesos, de texturas y sabores diferentes. Tampoco puede faltar un poco de fruta para ir limpiando el paladar y las arterias. Este es uno de los secretos para que la picada sea más reconfortante.

En mi caso creo que hay que hacer dos cosas. Tener una bandeja para el primer tiempo, y otra para el segundo. Y dejar queso y salame sin cortar por las dudas. Lo explicó: en algún lateral, en un foul en mitad de cancha o en un offside, se puede cortar y ahogar los nervios por lo que viene.

Para tomar: cerveza y agua. Personalmente la picada me gusta con vermouth, mucho, en jarra. Permite tener varias preparadas en la heladera, y, como en la cancha, en caso de emergencia hay que pedir el cambio.

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