
Paraíso del fin del mundo
Exclusivo y familiar, el cerro Castor suma año tras año adeptos que lo eligen por sus atractivos naturales, la tranquilidad, la infraestructura y los servicios al nivel de los mejores complejos invernales de Europa y Estados Unidos
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USHUAIA.– Más de mil metros sobre el nivel del mar (1057, para ser precisos). Desde la cumbre del cerro, la pendiente es tan blanca que parece infinita y el sol que abre el camino sobre la nieve polvo es una invitación para las tablas. Más allá, los otros picos terminan en el cielo. Es casi el horizonte del planeta y apenas un impulso bastará para cruzarlo.
Con la misma potencia de ese instante, lo que comenzó como el sueño de una familia de esquiadores, se plasmó sobre la ladera del cerro Castor hasta convertirse en uno de los destinos preferidos de miles de amantes de la nieve que llegan cada temporada a este centro (situado a 26 kilómetros de la ciudad), desde todas partes del mundo, para disfrutar de la magia del descenso en su confín más austral.
El mendocino Juan Carlos Begue llegó a Ushuaia con su mujer hace más de 30 años, cuando todavía era territorio nacional, y pronto se obsesionó por quebrar la estacionalidad de la isla, donde la vedette turística era el verano. Insistió primero hasta lograr que se hicieran estudios de factibilidad técnica y luego, para que el Estado invirtiera en medios de elevación que entusiasmaran a los inversionistas. Pero aunque varios cuentan que se cansó de golpear puertas tratando de formar un grupo local que creyera en el desarrollo, terminó por presentarse solo en la licitación que le adjudicó a su empresa familiar la concesión del cerro por 35 años.
Los Begue inauguraron la primera temporada oficial del cerro Castor en julio de 1999. En la hospitalidad y el trato personal con sus huéspedes –que los saludan por su nombre y los buscan para consultarlos sobre cuestiones técnicas o simplemente para invitarlos a bajar con ellos por alguna de las 23 pistas del centro– se trasluce una de las razones por las que lo eligen esquiadores profesionales y famosos, como el actor mexicano Diego Luna, el basquetbolista Emanuel Ginóbili, Nicolás Repetto y Florencia Raggi, Dolores Barreiro y Matías Camisani.
"Para nosotros, es una forma de vida", dice Gastón Begue, hijo de Juan Carlos y director del complejo. Fue campeón nacional de esquí en slalom y slalom gigante, y competidor olímpico. Vive con su mujer y su hijita de ocho meses en una cabaña en la base del cerro. Nicole, la beba, ya sabe bien de la pasión familiar, y aseguran que la comparte: ha probado varias veces la adrenalina de dejarse llevar en paralelo dentro de una mochila sujeta a la espalda de su padre.
Cota 600 metros: La Barra
Deslizarse hasta el refugio de montaña La Barra y tomar un chocolate caliente frente a los ventanales que enmarcan la postal perfecta de los bosques de lengas no es un privilegio para expertos. Se puede llegar desde la cota 1057 o desde el punto panorámico de la cota 870 –a las que se accede en rápidas e impecables telesillas cuádruples– por pistas de dificultad media (azules) y hasta fáciles (verdes), que corren a la vista de otras casi perpendiculares de tan pronunciadas. Incluso los principiantes tienen opciones fuera de pista y pueden divertirse practicando freestyle en esquí o snowboard en los saltos, barandas y cajones del Snowpark, uno de los más grandes de la Argentina.
En todo el trayecto, aun dentro de los balizados, la sensación es de una comunión plena con la montaña y la naturaleza, casi sin testigos ni intermediarios. No hay filas eternas en los medios de elevación, que sólo son ocho, pero con una alta capacidad portante.
La nieve siempre es fresca y homogénea gracias a las condiciones geográficas y climáticas: al estar en una zona reparada del viento, el polvo se estaciona por mayor tiempo y la temperatura nunca es demasiado alta, por lo que no se escarcha. Esos factores se combinan con el alisado y mantenimiento diario de cada una de las pistas, sumados a la tecnología de los diez cañones de última generación que producen un cristal denso y compacto.
El italiano Giorgio Rocca, número uno del mundo en la especialidad slalom, y el francés Joel Chenal, ganador de la medalla de plata en los últimos Juegos Olímpicos, al igual que los equipos oficiales de Canadá, Croacia, Eslovenia, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Italia, Noruega y Suiza se han entrenado en el cerro.
Cota 480 metros
"Esta es mi cuarta vez aquí y pienso volver", dice Chenal en un alto de su rutina, en el que aprovecha para almorzar sushi de centolla en la confitería de la base media. "Las pendientes son muy buenas y la nieve es perfecta para probar botas y tablas. Además, el entorno es bellísimo y, a diferencia de lo que sucede en centros de esquí más grandes, la atención del staff es permanente y se ocupa de todos los detalles."
Es lo mismo que destacan Florencia Raggi y Nicolás Repetto, que también llegaron por cuarta vez al Castor, aunque en un plan mucho más familiar y distendido. Acaban de encontrarse con sus hijos Renata y Francisco, que salen de su clase en la escuela infantil de los castorcitos. "Para nosotros es ideal, porque es un sitio supertranquilo, no hay que hacer filas, tenemos buenas pistas y los chicos aprenden en recorridos pensados especialmente para ellos", dice Raggi.
Una moto de nieve sube a toda velocidad la pendiente de la pista negra donde, unos metros más arriba, se entrena el equipo francés de freestyle. El coach Fabien Bertrand analiza con su cámara de fotos la altura, la postura y el aterrizaje de cada salto de sus deportistas. "El declive es perfecto y, además, pequeño, lo que permite que los corredores pierdan poco tiempo en el ascenso, estén más oxigenados y, por lo tanto, se cansen menos y rindan más", dice Bertrand. Lo interrumpe la incontenible exclamación de los pocos presentes ante la impresionante figura que arriesga en el aire uno de los ocho miembros del equipo. El landing ("aterrizaje") es inmejorable, pero el chico vuelve a subir. La rutina de estos acróbatas de la nieve, que no superan los 22 años, exige cinco horas diarias de práctica de saltos.
De vuelta a la cota 480, es posible reconocer a un esquiador quizá más arriesgado en uno de los instructores de la Escuela de Esquí y Snowboard del Cerro Castor. "Esperame que voy hasta la casilla a sacarme la gamba y estoy con vos", saluda Joaquín "Quino" Ponce de León. Regresa sin la prótesis que le permitía desplazarse con dos esquíes. Ahora avanza con uno solo y con estabilizadores, bastones que en vez de tener una roseta en sus extremos terminan sobre tablitas de no más de 30 cm, con la punta en forma de espátula. Se acomoda para subir a la telesilla, cuando uno de sus alumnos lo ve y no puede disimular su sorpresa. "Pobre, no sabía nada; nunca les digo porque, si no, no dejan que los ayude cuando se caen", explicará después Quino, a quien le amputaron la pierna derecha a los 14 años, luego de que se le diagnosticara un osteosarcoma. Nunca había esquiado antes de la operación: empezó por iniciativa de su médico, como parte de su rehabilitación. Desde entonces, no sólo no dejó de hacerlo ninguna temporada, sino que se especializó como monitor para discapacitados en los Estados Unidos.
"Este es un lugar ideal para enseñar a personas con discapacidades: las instalaciones no tienen escaleras, hay pistas fáciles y seguras, y la montaña es corta", dice Pedro Vergara, director de la escuela, que fue el primer maestro de Quino, en 1988, en Las Leñas. Los dos se entusiasman con crear una escuela especial aquí, aunque para eso les faltan equipos adaptados, que cuestan alrededor de 6000 dólares cada uno. "Es una actividad que integra, porque en la pista todos somos iguales y nos caemos cuando recién empezamos. Y genera autoestima, porque pensás: si puedo con la montaña, puedo con todo", asegura Quino.
Base: 195 metros
Un paralelo por el último tramo de la pista 1, El Cóndor, termina en la puerta de Morada del Aguila, un restaurante al pie del cerro, en el mismo albergue de piedra y lenga donde funciona el taller y se alquilan de los equipos. El sistema de rental, totalmente informatizado y con maquinaria robótica, está inspirado en el de Austria, uno de los mejores países en servicios de montaña. No hay que esperar para devolver los esquíes, que pasan por el taller todos los días para mantenimiento, ni tampoco habrá que hacerlo en la mañana, ya que se asignan los mismos equipos por todo el período de alquiler.
El after ski en Morada es con cerveza artesanal y música lounge. Los ventanales dan al valle por el que se puede llegar hasta la ciudad en esquí de fondo o en caminatas grupales con raquetas, organizadas incluso de noche, linterna en mano. También hay vista al green – white, en rigor–, sobre el que esta temporada se jugó el primer campeonato de snowgolf sudamericano.
Del otro lado, los últimos padres en bajar buscan a sus chiquitos en la guardería. Algunos pasarán la noche en las cabañas del complejo y probarán exquisiteces de mar y de montaña. Al mediodía, la especialidad es el cordero patagónico. De noche, en un clima más íntimo, sirven merluza negra y centolla, el plato típico de Ushuaia. En la ciudad, es imperdible la que preparan, a la parmiggiana, en el restaurante Volver, frente al canal de Beagle.
En la base del cerro, los guantes se secan bien cerca del fuego, como inequívoca señal de descanso. La tarde apenas cae por la pendiente y ya resurgen las ganas volver a la cumbre para repetir la extraordinaria aventura de esquiar en el fin del mundo.
Para saber más: www.cerrocastor.com
www.tierradelfuego.org.ar
Cuánto cuesta
- Alquiler de equipos. Esquí completo, botas, tablas y bastones carving común: $ 48 por día y 282 por semana; esquí completo gama alta (tablas polivalentes, fijación superior): $ 74 día y 437 por semana; snowboard (tabla y botas): $ 64 por día y 383 por semana; esquí junior (completo): $ 40 por día y 235 por semana; raquetas de nieve: $ 27 por día; 150 por semana; snowblade (travesía): $ 40 día; 210 por semana.
- Pase para medios de elevación. En temporada baja: adulto semanal, $ 425; menor semanal, $ 297
- Clases. Temporada baja: colectivas (6 días, 2 horas por día), $ 285; particulares: 10 horas, 1 persona, $ 705.
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