Cuarentena. Algunas preguntas sobre "la normalidad" en épocas de aislamiento

Miguel Espeche
Miguel Espeche PARA LA NACION
Esta situación lleva a hacerse muchas preguntas
Esta situación lleva a hacerse muchas preguntas
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16 de mayo de 2020  

¿Es normal soñar tanto, con tanta intensidad y cosas tan raras? ¿Es normal a la mañana amar a los hijos con todo el corazón, al mediodía sentir indiferencia por ellos y a la noche odiarlos con toda intensidad? ¿Es normal preferir Netflix a la vida sexual?

La pregunta por lo normal está hoy en auge, de manera proporcional al temor a la patología psíquica, algo que está siendo habitual en la situación de aislamiento por todos vivida. Todo es raro, y sería raro no sentirse raro y vivir sensaciones raras en un paisaje como este. No es un juego de palabras, sino la descripción de que no es tan fácil volverse loco, pero sí es previsible el sentir extrañamientos en el transcurrir de las semanas de la cuarentena.

De allí los sueños, los vaivenes de la emoción, el irrumpir de iracundias o angustias repentinas e inesperadas. Digamos que estas cuestiones son parte de nuestra salud, no de nuestra enfermedad. Soñamos (y, sobre todo, recordamos los sueños) porque quizás hacemos menos cosas que nos distraigan del recuerdo de lo soñado. Se sabe que se sueña para balancear el sistema nervioso y el emocional por lo que, repitamos, si se sueña mucho, es que el sistema de regulación está funcionando como corresponde.

A su vez, toda relación es compleja y llena de aristas ambivalentes. Es por tal razón que, cuando por el transcurrir de los días, semanas y meses, los filtros se van saturando, aparecen emociones en estado puro que, sin embargo, no dan cuenta de la totalidad de la relación. El amor a los hijos es lo esencial, pero eso no significa que no se pueda sentir una sobrexigencia que genere crispación o una anestesia que permite soportar la intensidad de esos chicos que van de aquí para allá dentro de la casa.

Otro ejemplo de las preguntas por lo "normal" en épocas de cuarentena es el de la sexualidad de aquellos que están viviendo en pareja en esta situación. Digamos que, con o sin base científica, los pronósticos al inicio de la cuarentena hablaban de una actividad sexual intensa por causa del ocio o de la merma de obligaciones laborales. Pero algunas estimaciones actuales parecerían desmentir aquel pronóstico. Sea por la vivencia de amenaza inherente a esta crisis, por la intensidad de las tareas hogareñas, por la ausencia total de glamour que significa el uso del jogging o el pijama todo el día, por los chicos o por el simple hecho de estar 24 horas juntos sin espacio para el anhelo (sabemos que el anhelo erotiza, por cierto) el tema es que no hay tanto sexo como se pensaba que habría. En cambio, se ha dado lugar en muchas parejas a una suerte de compañerismo a la hora de ver series o de ofrecerse mutuamente reparo emocional y funcional en estos tiempos difíciles.

La idea de normalidad no se debiera basar solamente en estimar si estamos o no locos o enfermos, o si cumplimos con ciertos estándares prefijados, sino en el entendimiento del sentido de lo que le ocurre a cada uno, mirándolo en relación con el estado de cosas. Definitivamente no podemos pretender no tener altibajos y sentimientos "raros" en una situación crítica y traumática como la actual. No es patología, es la vida nomás.

Todos pasamos por momentos de grandes cuestionamientos en cuarentena
Todos pasamos por momentos de grandes cuestionamientos en cuarentena Crédito: Shutterstock

Lo que sí es importante, más allá de normalidades o de anormalidades, es no perder los puntos de referencia. Esto hace a la posibilidad de compartir nuestro sentir, total o parcialmente, con otros que experimenten cuestiones parecidas o puedan acompañar sin juzgar ni recetar formulas vacías. Hacerlo alivia porque sosiega el miedo a ser el único "raro" del paisaje y, con los "otros", se construye un muy útil "sentido común" sanador, que ayuda a mantener el eje en medio de la tormenta.

La cordura no es sinónimo de paz bucólica o ausencia de altibajos o ambigüedades emocionales. La cordura es hacer lo que se pueda ante la dificultad, sin perder la referencia de afectos y redes vinculares, usando los recursos (incluso profesionales a veces) que ayudarán a salir del paso de la mejor manera, en una situación que, como la actual, será recordada por años por su rareza y crueldad.

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