
Raúl Ricardo Alfonsín, expresidente: “A vos no te va tan mal gordito, ¿no?”
El 4 de agosto de 1987, en medio de un discurso, el presidente fue increpado por un manifestante que le gritó: “Tenemos hambre”; su reacción quedó como una de las escenas más recordadas de su gobierno
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El 4 de agosto de 1987, durante un acto en Chos Malal, Neuquén, Raúl Alfonsín hablaba ante los vecinos en la celebración por el centenario de la ciudad. Pero el clima ya no era el de los primeros años de la recuperación de la democracia: el gobierno radical empezaba a desgastarse, el Plan Austral perdía fuerza y la crisis social se hacía cada vez más visible.
Desde abajo del palco, un hombre robusto —al que sus amigos, con ironía llamaban “el esqueleto”— no dejaba de gritar: “¡Tenemos hambre!”. Alfonsín frenó el discurso, buscó con la mirada al manifestante y le contestó: “A vos no te va tan mal gordito, ¿no?”. Hubo risas, chiflidos, aplausos e insultos. La frase circuló de inmediato por los medios de todo el país y quedó en la memoria como un momento de tensión entre el Presidente y una sociedad que empezaba a expresar, cada vez con más fuerza, su malestar.

El hombre al que Alfonsín le respondió ese día era Sergio Valenzuela. Tenía 33 años y era padre de ocho hijos. En ese entonces, estaba desocupado y había llegado desde Cutral Co para participar del acto y hacer oír su reclamo. Con el tiempo quedaría fijado en la memoria pública como “el gordito de Alfonsín”, aunque su historia no terminó en aquel cruce.
La escena duró apenas unos segundos, pero alcanzó para dejar una imagen inesperada del Presidente. No era el Alfonsín del Preámbulo ni el de la épica del Juicio a las Juntas. Era un mandatario exigido por las urgencias de una economía en retroceso y por un clima político cada vez más tenso. En 1987, la inflación anual rondó el 131% y la CGT ya acumulaba buena parte de los 13 paros generales que le haría a Alfonsín a lo largo de su presidencia. El vínculo con el sindicalismo, además, venía resentido desde el comienzo del mandato, cuando el gobierno impulsó sin éxito la llamada ley Mucci para reformar la estructura sindical.
Aquel día, el anfitrión del Presidente era el gobernador neuquino Felipe Sapag. También estaban el intendente de Chos Malal, Héctor Jofré, y una nutrida comitiva de funcionarios nacionales y provinciales. Después del acto, Alfonsín participó de la inauguración de la obra del gasoducto entre Filo Morado y Chos Malal, dejó simbólicamente iniciados los trabajos con la primera soldadura de uno de los caños, almorzó con vecinos y autoridades en la Escuela 274 y, esa misma tarde, regresó a Buenos Aires.

Para Valenzuela, el episodio no quedó sólo en la anécdota. Años después recordó que, tras aquella escena, estuvo diez días detenido por desacato a la investidura presidencial. “En aquel momento fue duro. Estaba pasándola mal en lo económico y no fue grato”, contó tiempo después. También dijo que tuvo miedo y que se mantuvo escondido unos días antes de entregarse.
La historia tuvo un segundo capítulo. En 1993, Jorge Guinzburg reunió a Alfonsín y Valenzuela en televisión, en Peor es nada. Allí hubo disculpas cruzadas. “Es un gusto conocerlo y darle la mano. Y en todo caso, pedirle disculpas. Yo me salí de tono y creo que Sergio también”, dijo el ex Presidente. Valenzuela respondió: “Las disculpas las tengo que pedir yo”. Aquel encuentro posterior no cambió lo ocurrido, aunque sí permitió mirarlo desde un lugar más humano. También estuvo en el programa de Mirta Legrand.
Con los años, Valenzuela se convirtió en un dirigente sindical conocido en la comarca petrolera neuquina. Fue secretario general de ATE en la seccional Cutral Co–Plaza Huincul. Murió el 25 de agosto de 2020, tenía 66 años y llevaba más de tres semanas internado por COVID-19.



