
La fotógrafa Ana Schlimovich nos muestra cómo -con ingenio, algunas pinturas y un lindo género- convirtió su viejo sillón en un asiento con mucha onda
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Fotos: Ana Schlimovich.
"Reciclar, transformar lo viejo, lo desgastado, lo que no me gusta, en algo nuevo y útil, es una de las sensaciones que más satisfacción me produce", explica Ana Schilomvich, una fotógrafa que hace algunos años se enamoró de Río de Janeiro y decidió abandonar Buenos Aires para instalarse allí. Desde su departamento, nos cuenta que un día alguien muy querido le obsequió un sillón grande. El tiempo trajo el desgaste propio del uso y también una acumulación de experiencias no gratas para Ana, que empezó a verlo como un "mastodonte decadente" que la ponía del mal humor.
Las quemaduras de cigarrillo, los cierres rotos, el tapizado desgastado y la sugerencia de un amigo de pintarlo con la técnica de Jackson Pollock, fueron el puntapié para que la fotógrafa pusiera sus manos e imaginación en obra: "La técnica de Pollock, eso fue lo que hice. Compré una linda tela, cosí las fundas (usando los cierres de las que ya tenía, sólo reemplazando los deslizadores) y salpiqué la estructura con restos de pinturas de colores que habían sobrado de la reforma de mi casa. Y en siete días tenía un sillón nuevo."
¿Qué te parece la transformación? ¿La aplicarías en tu sillón?
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