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Se aliaron huyendo del trabajo, hubo amor y él le dijo algo que le marcó la vida

Señorita Heart
(0)
17 de enero de 2020  • 00:50

Celia, de 26 años, detestaba su trabajo con todo su ser. Levantarse significaba un esfuerzo sobrehumano, un acto casi imposible de concretar cada vez que sonaba el despertador. Por aquella época, a finales de los años 90, estaba empleada en una empresa para el sector de ventas. Ella sentía que no existía nada más frustrante que tener que molestar a la gente con llamados que se caracterizaban por los discursos enlatados, peor aún si le tocaba hacerlo los sábados por la mañana.

Cada día quería renunciar, pero había algo, o más bien alguien, que la detenía: Joaquín. Se trataba de un joven siempre risueño, atractivo y dispuesto a transformar el tedio cotidiano en algo mejor, tal como hacía ella. Es que Celia, incapaz de aguantar varias horas seguidas en la oficina, acostumbraba esperar a que ningún jefe la viera, para agacharse en su box - que se ubicaba muy cerca de una puerta de salida - y escabullirse casi en cuclillas hacia una cafetería cercana, en donde normalmente transmitían la Eurocopa de aquel año.

Joaquín le había llamado su atención desde el primer día, cuando les tocó asistir a la capacitación. Era muy extrovertido y le gustaba estar rodeado de mujeres. A ella, que jamás le había agradado ser una más del montón, la situación le daba risa y se mantenía alejada. Sin embargo, descubrió que, tal como le solía suceder en los años escolares, aquel compañero la motivaba a finalmente levantarse cada mañana.

Querían escaparle al tedio.
Querían escaparle al tedio.

Un encuentro y un cocktail explosivo

Fue en una de esas jornadas en las cuales decidió huir de la ya clásica sensación aplastante, que se encontró con él en aquella cafetería. "¿También te escapaste?", le preguntó. Con una sonrisa, él confirmó su teoría y a partir de entonces se volvieron inseparables.

De a poco, las mujeres que lo rodeaban comenzaron a esfumarse, él solo tenía ojos para ella, había dejado de tener sentido luchar por su atención. "Nos veíamos todos los días y nos escapábamos con frecuencia", ríe, "Ambos compartíamos un espíritu aventurero. Al poco tiempo empezamos a vernos por fuera del trabajo. Fue en una noche frente al río que le conté acerca de una idea alocada para un emprendimiento y él me dijo: ¡hagámoslo! Sin dudarlo, renunciamos al día siguiente y a partir de entonces le dimos inicio a una etapa fundamental en nuestras vidas: éramos novios y socios, un cocktail explosivo".

Trabajaron incansablemente y juntos, de la mano de su emprendimiento, golpearon un sinfín de puertas y recorrieron varios kilómetros del país. Durante los años que siguieron forjaron un vínculo de amor especial, diferente y colmado de experiencias. Se alentaban, se festejaban sus éxitos y se ayudaban para poder crecer. Pero, ante todo, se admiraban. Él traía la cuota de acción incansable y ella la creatividad y un vuelo lleno de ensoñación.

Los triunfos llegaron de a poco y luego se intensificaron, parecían el uno para el otro, destinados y, sin embargo, había algo que no encajaba y a ella, esa certeza, le partía el corazón. "Pasamos a ser como hermanos y yo, sinceramente, no sé si alguna vez me había enamorado realmente de él. O sí. Lo que no sé es si lo amé".

Palabras especiales.
Palabras especiales.

Palabras al oído

Un día de verano, de esos perfectos en los que las dudas parecían haberse esfumado, él pronunció unas palabras que Celia jamás olvidará en su vida. Estaban bailando lento al atardecer, con los cuerpos casi fundidos, cuando Joaquín le dijo al oído: "Vos viniste a esta vida a darle alas a los demás y seguir tu viaje, sin atarte a nadie".

A Celia se le comprimió el corazón de angustia, ¿qué sabía él acerca de lo que ella deseaba para su vida? Aun así, desde aquel instante supo que era el principio del fin. En una tarde dolorosa en la que lloró como un bebé, todo terminó. "Fue angustiante, pero sé que no lloraba por amor, sino por el fin de una era, de una etapa que me enseñó mucho sobre mí y sobre la libertad. Formábamos un buen equipo, pero no estábamos enamorados".

La vida sigue siendo hermosa

Los años pasaron. Celia cayó en amores apegados y en otros más libres, pero nunca se ató a nadie. Hoy, recuerda con profundo cariño aquel novio de su juventud, uno que le obsequió grandes enseñanzas: "Con él entendí que los buenos vínculos son aquellos que se alientan, que jamás desean opacarte y que no se sienten `menos´ ante alguien que se anima a volar. Es más, te dan alas extra para que vueles más alto. Tal vez nos cruzamos en la vida para potenciarnos y fue hermoso, pero yo también quería amar. Actualmente estoy sola y descubrí que ese tipo de relación, cuando uno está locamente enamorado, es muy compleja de formar, pero tampoco me angustia. Si llega será bellísimo, de lo contrario, la vida sigue siendo hermosa", concluye con una amplia sonrisa.

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