Se enamoró perdidamente y una palabra clave cambió su vida de manera drástica
Su novia ya no era la misma, pero su amor por ella le impedía ver la realidad, hasta que una respuesta cambió el curso de su vida.
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Carlos conoció a Susana a finales del año 72, en un baile de estudiantes. Ella notó su presencia y él creyó tocar el cielo con las manos. Bailaron toda la noche y, entre risas y algunas palabras, las horas parecieron segundos y, al finalizar la velada, se despidieron sin quedar en nada.
“Pero, cuando salí del lugar, sonaba una canción de Mari Trini que decía: `Yo no soy esa´, giré y observé que ella estaba cantando aquellas palabras mirándome a los ojos. Unos años después debí reconocer que tenía razón”.
Una invitación inesperada y el comienzo de un amor: “Yo iba detrás”
A partir de entonces, Carlos fue incapaz de dejar de pensar en ella. Su mirada y su sonrisa surgían a cada momento y verla, aunque sea de lejos, era todo lo que anhelaba.
Para su fortuna (o al menos así lo creyó en aquel momento), un amigo que mantenía un noviazgo con una compañera de Susana, fue a buscarlo a su casa anunciando que ella, la dueña de sus pensamientos, lo quería ver. A partir de entonces, comenzaron un cortejo mutuo: “Aunque tengo que reconocer que yo iba detrás, a causa de mi timidez”.

Al tiempo llegaron aquellas declaraciones de amor que los transformaron en novios. Carlos estaba perdidamente enamorado: “Fue mi primer amor”.
Un cambio de actitud y un corazón destrozado
1975 parecía transcurrir tal como lo había planificado. Atrás habían quedado los años de la adolescencia, para darle paso a días de mayor seriedad. A Carlos, el futuro parecía sonreírle, su relación con Susana continuaba viva y su corazón permanecía enamorado igual que el primer día.
Pero algo había cambiado hacía un tiempo, aunque él no lo quisiera ver. Susana parecía no ser la misma de siempre, se comportaba de manera extraña, evasiva y con miradas reveladoras, que él se negaba a atender: “Hasta que una tarde me dijo de terminar, me destrozó el corazón, descalibró mi vida y se fue”.
Muy en lo profundo, Carlos sospechaba de una relación con un hombre casado en su trabajo, pero su enamoramiento era tal, que no quería ver la realidad. Fue así que durante los siguientes meses anduvo llorando su ausencia y tanta pena.
Una revelación dramática, una propuesta y una palabra mágica
Justo cuando su corazón parecía haber encontrado cierta calma, un domingo al mediodía Susana apareció en la puerta de la casa de Carlos con una declaración colmada de emociones. Le dijo que se había equivocado, que por favor la perdonara: “Cosa que hice sin pensar”.
Carlos y Susana hicieron como si nada entre ellos hubiera pasado, pero ya nada era igual. Él pretendía haber olvidado su corazón roto y, ella, haber dejado sus impulsos del pasado atrás. “Hasta que, luego de un par de meses, la fui a buscar al trabajo sin avisar y la vi irse con su compañero de oficina”, rememora Carlos.

Las palabras habían sido calladas, pero la verdad emergió para provocar lo inevitable: una gran tormenta en el alma del joven y un enorme drama familiar: “Su madre se enteró y fue terrible. Yo, que seguía enamorado, me la llevé a vivir a mi casa, donde mi mamá la quería mucho”.
Sin embargo, bajo la alfombra ya no quedaba espacio para barrer y ahora nada se podía disimular, aunque Carlos, con toda la evidencia ante sus ojos y un corazón entregado a ella, aún quería pretender poder olvidar. “Tanto era así, que una tarde le dije que nos casáramos”.
Susana ya no podía mentirse a sí misma y a él, lo miró a los ojos y pronunció la única palabra posible: “No”.
Entonces, Carlos despertó. Le pidió que recogiera sus cosas y la llevó a su casa, la dejó en la puerta y no la vio hasta 15 años después, cuando se cruzaron por el centro de Mendoza y cada uno miró para otro lado.
La maravillosa importancia de saber decir NO: “Gracias”
Aquel no fue el no más importante en la vida de Carlos. Ese no lo llevó a un período de soledad y reencuentro con su ser, y al encuentro con su gran amor.

Ella era compañera de colegio de su hermana y, en un comienzo, salieron algunas veces y nada más, aunque Carlos sabía que ella gustaba mucho de él. Tiempo después, con ciertos aprendizajes de vida y una renovada idea del amor romántico, se propuso conocerla mejor, un camino que lo llevó hacia un lugar sin dudas más sublime y muy diferente a lo vivido con anterioridad.
“Nos casamos en 1980. Hace 40 años que llevo una vida maravillosa en España, con dos hijas ya realizadas en su vida”, cuenta con una gran sonrisa. “Si la respuesta hubiera sido `sí, nuestro matrimonio hubiera sido un desastre y mi vida sería totalmente diferente. Nunca más la volví a ver, pero si tuviera la posibilidad de encontrarla le diría simplemente: `Gracias´”.
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