
Sebastián Wainraich: “El amor está recontraidealizado”
Con la comedia Una noche de amor se anima a hacer su debut como guionista y protagonista en cine, y pone en jaque el lugar que ocupa el romance y la supuesta felicidad en la pareja. Audaz e irónico, dice que se puede hacer humor con todo y que cada uno pone su límite
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"La gente viene, se sienta, mira el menú y aunque no le guste, el 99,9 por ciento se queda igual. Nadie se para y se va." Eso le dijo a Sebastián Wainraich un amigo, dueño de un restaurante. Una reflexión que rápidamente imaginó en una escena, una que podría adaptarse a la perfección a cualquier capítulo de Seinfeld, pero que en la cabeza de Sebastián Wainraich fue el disparador de Una noche de amor. "Los vi sentados frente a frente, con el menú en la mano." Ahí están Leonel [Wainraich] y Paola [Carla Peterson]. Ella le dice, vámonos. Él duda, le da culpa. Vámonos, vuelve a decir. "Con ese diálogo arrancó todo. Comencé a suponer quiénes eran, su historia, el entorno y por qué estaban ahí", dice de la comedia agridulce, con la que hace su debut en cine como guionista y protagonista.
¿Hay ironía en el título?
Es irónico y también real, porque lo que viven Leonel y Paola es una noche de amor. Me interesaba contar ese momento, esa noche, porque casi siempre lo que vemos en las comedias románticas son parejas que están empezando, las que se amigan, las que rompen. Ésta es una fotografía de una noche, de una pareja que va a salir con unos amigos que minutos antes se separan, y eso los lleva a verse cara a cara, después de estar doce años juntos, de tener dos hijos. Aparece la soledad, los silencios incómodos. Es una pareja que durante la semana la pilotea, que los fines de semana está a full con los chicos, pero que esa noche se encuentra sola y con el espejo del matrimonio amigo que se separó y con el que compartían casi la misma historia. El desafío es ver cómo enfrentan esa rotura de rutina. Para mí, eso es una noche de amor. Les pasa cosas graciosas y otras no tanto. Son esos momentos en los que nos preguntamos si esto, lo que vivimos, también es amor.
¿Y lo es?
No quiero contar el final. Pero sí. Esto también es amor. Me parece que el amor está recontraidealizado y el enamoramiento, mucho más. Tampoco quiero caer en el discurso de que hay que laburar, sacrificar. Cuando en una pareja se labura más de lo que se disfruta, no sirve; la cosa tiene que estar balanceada, luchando, pero también disfrutando.
¿Con tu mujer [la actriz Dalia Gutmann] la relación está balanceada?
Hace bastante que estamos juntos, desde la crisis de De la Rúa. Siempre nos empujamos para adelante, nos inspiramos, nos apoyamos. Leyó los tres, cuatro guiones; le gustaron. Aparece en la peli como un chistecito interno. Ella también es una obsesiva de la pareja. Le gusta, lo explora, y me parece que si podemos hablar tanto, es porque todo está blanqueado. Lo llevamos al teatro, al cine, a la radio, y eso lo podemos hacer porque nos podemos decir cualquier barbaridad en la cara también. Me parece que está bueno.

Leonel parecería tener mucho de vos. ¿Por eso decidiste ponerle el cuerpo?
Tiene mucho de las cosas que hago, con el discurso que suelo tener en la radio, en el teatro. Sobre todo en la radio, que es el lugar donde más me abro [conduce Metro y medio, de lunes a viernes, de 18 a 21, por Metro]. Que le pusiera el cuerpo tuvo más que ver con el deseo. Tenía ganas. Mientras escribía pensaba en hacerlo. Le dije a Hernán [Guerschuny, el director de El crítico], probemos y si no da, buscamos a otro.
¿La exposición tiene un límite? Uno imagina que te conoce por lo que decís en la radio, por lo que escribís en tus libros [Estoy cansado de mí, Ser feliz me da vergüenza]...
No sabría bien decirte cuál es ese límite. Me pasa que muchas veces voy a la radio pensando de esto no voy a hablar, esto no lo voy a contar, y termino contándolo. Me pasa algo con la radio, es una especie de confesionario, es en vivo, en caliente, es casi urgente. Por mi trabajo estoy expuesto, pero no busco quilombos mediáticos, ni siquiera sé cómo hacerlo. Tampoco soy de perfil bajo: voy a los estrenos, voy a ver lo que me interesa, no soy un fóbico, no tengo mucho rollo con eso. Ahora que lo pienso bien, sí tengo una gran diferencia con el personaje. Él no deseaba ser padre; yo, sí. Leonel es más inmaduro que yo, tenía miedo a la paternidad y cuando tuvo a sus hijos descubrió un amor que no conocía. A mí también me pasó de descubrir este gran amor. Pero sí tenía un gran deseo de ser papá.
¿Te gusta ser padre? [tiene dos hijos: Kiara, de 8 años, y Federico, de 3]
Me gusta mucho. Disfruto llevarlos al colegio, charlar con ellos, jugar. También te cansan, querés estar solo, dormir hasta más tarde. Somos una generación, la de los 40, que estamos en la mitad de un montón de cosas. No recuerdo quién me dijo que somos la última generación que tuvo cierto respeto por sus padres y la primera que no es tan respetada por sus hijos. Todavía tenemos esa cosa adolescente. Se mezcló todo. La adolescencia se ensanchó, arranca antes y termina mucho después. Igual a mí me gusta ser grande, me gusta esta edad, la disfruto. Me gustaría estar mejor físicamente para jugar al fútbol. Juego, pero quisiera aguantar más. Me parece que sentimos a la adolescencia más cercana, que los 20, los 25 fueron ayer.

¿Te preocupa la crianza?
Siempre pienso en la vida que les estoy dando a los chicos, en la crianza que les estamos dando con mi mujer. Sé que queriendo les doy un montón de cosas y sin querer les doy otras. Es lo que nos pasa como padres y son cosas que van a tener que tratar en el sillón. Que se arreglen [bromea]. En lo que pienso mucho es en la identidad.
¿Es un tema muy presente?
Me carcome. La pienso, la analizo, la busco. Me pregunto: ¿qué es la identidad? ¿La construye uno mismo? ¿Viene de los padres? ¿De dónde viene? En algún momento del día o de la noche, armo un rompecabezas de mi vida y veo qué cosas forman parte de mi identidad.
Siempre se te relacionó con Villa Crespo, Atlanta y el ser judío. ¿Pertenecer te da identidad?
Pertenecer a un lugar te da identidad. Ya no estoy más por la zona de Villa Crespo, me vendí, crecí. A mí la cultura del barrio por el barrio no me parece nada atractiva. Defender el barrio sólo porque nací ahí y punto me parece poco reflexivo. Está bueno que uno recuerde su infancia, su adolescencia, que tenga sus amigos, pero también uno tiene que permitirse el enojarse con sus raíces, ver los errores y no por eso sentirse un traidor. Hay una mirada de valoración al nunca cambié, y la verdad es que no está bueno nunca cambiar. Además está el cliché de que cuando sabés quién sos es mucho más fácil después avanzar.
¿Eso se lo debés a los años de análisis?
Se nota, ¿no? No sé cuántos años llevo ya, pero son un montón. En la película, Carla es una psicóloga. No es casual. Qué buena comediante que es Carla, excelente compañera [agrega impulsivamente].
¿No te dieron el alta?
No, no sé por qué. En realidad, me gusta hacer terapia, lo necesito. En este sentido el psicoanálisis forma parte de mi identidad. No estudié psicología y tampoco soy de los que va a psicoanalizarte; para mí es como una religión. Me gusta la terapia clásica, en esto soy bastante conservador y también un cliché. No me cuesta hablar. Hablo en la radio, en el teatro, en el cine, en la televisión, pero sí me cuesta expresarme, abrirme en otros sentidos, en otros ámbitos, y es en ese espacio en el que encuentro las palabras con las que no logro dar en otro lado. Para mí es un lugar muy válido.

El judío no conservador suele reírse mucho de sí mismo, y Sebastián es uno de ellos. Supo mamar el estilo de Woody Allen y luego abrazarse al de Jerry Seinfeld, quien se animó en los 90 a ir un poco más allá con su serie de TV y ofrecer situaciones como la que sus padres descubren que se estuvo besuqueando en el cine durante La lista de Schindler, la emblemática película de Steven Spielberg, ganadora del Oscar. "Me siento judío, y es un buen recurso para el humor, para explorarlo, pero lo hago desde otro lugar, más cerca de las tradiciones y costumbres que de lo religioso."
En el último tiempo se habló mucho acerca de los límites del humor.
No hay límites. Si vos me preguntás si haría chistes con todo, te digo que no. Cada uno tiene su límite.
¿Cuál es el tuyo?
Si me causa gracia o no. Con algunas tragedias hago chistes, con otras no. Es bastante arbitrario. Provocar me parece muy fácil y salir a los dos minutos que se murió alguien a hacer un chiste por las redes sociales es lo más fácil del mundo. Lo más interesante es cuando desde el humor negro hacés reír de verdad. El límite lo pone cada uno, primero con su capacidad y su talento. Me gusta mucho Louis C. K, que al igual que Seinfeld en su momento y Larry David transita por una delgada línea, pero lo hace con inteligencia. El otro día vi el programa Roast of Charlie Sheen [especiales con famosos de Comedy Central, en el que se hace bromas pesadas a costa de los homenajeados] y me pareció tremendo, me encantó, porque hay una provocación constante, pero no forzada. Uno puedo hacer chistes con lo que quiera, el límite lo pone uno. El humor siempre va a molestar a alguien, te metas con quien te metas. Para mí el objetivo es hacer reír, y es dificilísimo lograrlo.
Sos un referente del stand up local. ¿Cómo ves el crecimiento del género?
Es más que bienvenido. La logística es muy fácil: una persona frente a un micrófono. Después vemos qué pasa con eso. Es un género que hace que los años arriba del escenario y las horas de monólogo te vayan curtiendo. El público también se curtió y está más exigente. A medida que pasan los años prefiero contar historias, como las que hago en el teatro, en el cine. Me gusta la comedia con manchitas de drama, con cierta melancolía. En estos días fui a ver Tribus [la obra que dirige Claudio Tolcachir] en el Paseo La Plaza y me encantó. Trabaja sobre esta idea de la comedia al drama todo el tiempo sin ser forzado, generando cierta incomodidad e incertidumbre.Con Wainraich y los frustrados, la obra que escribió y desde hace unos años presenta en Buenos Aires, siente que encontró el punto justo para el tipo de humor que quiere explorar, ese que cuenta historias y que se mueve entre la comedia y el drama. "Me tomé unas vacaciones, pero quiero seguir, me gusta mucho esta obra. También ya estoy pensando en otra. La de los frustrados es una puesta en la que me pongo en la piel de tres personajes bien diferentes entre sí y que nada tienen que ver conmigo. Sólo soy yo cuando hago el cierre con el monólogo."
Por el escenario desfilan Miguel, el facho del barrio; Franklin, el pibe que quería ser futbolista y que habla en tercera persona, y Estela, una adicta sin filtros ni escrúpulos.
¿En la obra decís cosas que de otra manera no te animarías?
Puede ser. Son tres personajes que nada tienen que ver conmigo y eso lo vivo de otra manera. El que más disfruto es el de Estela. Peto [Menahem, amigo y comediante] vino a ver una de las últimas funciones y me tiró la idea de que haga un show dedicado a ella. Estela lo tiene todo, es una escéptica, una ninfómana, cocainómana. Es un alivio total, porque no le importa nada, es libre, dice lo que quiere, consume lo que se le ocurre, pero tiene una gran tristeza interior. Son personajes que incomodan mucho y está bueno eso, generar esa sensación.

Hoy al que está al frente de un micrófono se le pide que opine de todo.
Intento ser respetuoso, sobre todo con mis conocimientos. ¿Cuánto puedo hablar yo de los fondos buitre? ¿Cuánto sé para dar mi opinión, para no repetir lo que se dice? Busco ser respetuoso y reflexivo también. Suelen decir que es muy fácil no estar de un lado ni del otro. Al contrario, a mí me parece mucho más fácil ser parte de uno de los lados y, pase lo que pase, opinar siempre lo mismo. Seguir ciegamente a un político, que haga lo que haga lo voy a elogiar o lo voy a criticar. Hoy vemos cómo muchos cambiaron de lugar, se dio un enroque espectacular. Me parece bueno ser reflexivo y ser honesto. Sobre todo honesto a la hora de opinar, porque si no, entramos en un círculo insoportable. Estamos en los extremos todo el tiempo y no me parece que esté bueno.
Solés ser bastante cuidadoso y hay quienes te trataron de tibio por no tomar posición en ciertos temas.
En la radio opiné de un montón de temas, muchas veces estuve de acuerdo con el gobierno que pasó y muchas otras, no. Y eso me parece que es lo más natural del mundo. Si a vos sólo te molesta algo porque lo dijo una persona o un gobierno, no te creo tanto. Sí siento que están atentos a lo que decís y a lo que no decís. Pasa algo y si no opinaste, algunos se indignan porque no hablaste; si comentaste algo que molestó a alguien, te hablan con la vena hinchada. No podemos estar con la vena hinchada todo el tiempo. Me molestó lo que pasó con Víctor Hugo Morales. No era necesario sacarlo así. Veo un revanchismo, un enojo. Estás sacando a Víctor Hugo, estés de acuerdo o no con su pensamiento, es un tipo con trayectoria, una institución en la radio. El kirchnerismo también hizo cosas parecidas en algunos medios. Mirá lo que pasa con Sergio Szpolski [empresario al frente de Veintitrés, un conglomerado diversificado de medios], que no está pagando los sueldos atrasados, los aguinaldos. Durante doce años recibió una pauta oficial fenomenal. Hay sectores que no hablan de esto y me parece medio tonto negarlo. Está bueno poner todas las cartas sobre la mesa, las buenas y las malas, porque en definitiva, ¿no buscamos lo mejor para el país? ¿O lo hacemos sólo para un sector político? Es lo que me pregunto siempre. Todo termina siendo una parodia. Una cosa rígida, donde nadie se puede mover, es como si dijéramos ya está, vos estás de ese lado y yo de este. Y no me parece que esté tan bueno eso.
Fuiste una de las caras de TVR [temporada 2006-2010]. Hoy se habla mucho de la posibilidad de que el ciclo pase a El Trece y algunos se animaron a dar tu nombre. ¿Te interesaría?
No. No creo. Me parece que es una etapa ya superada. Que el programa vuelva a El Trece es posible. Acá todos van de acá para allá. Todo está mezclado, todo el tiempo. Resultaría extraño, pero no tanto. Supongo que van a tener que cambiar el discurso, me parece.
Ansioso y feliz por el estreno de Una noche de amor, Sebastián confiesa que Dalia, su mujer, le preguntó si iba a hacer la segunda parte.
¿Qué le respondiste?
Que sí, que ya estoy pensándola. En realidad estoy trabajando sobre dos ideas. Una sería la continuación de Una noche de amor. Me metería en temas como la crianza de los hijos, los objetivos personales de ellos dos, sus carreras profesionales, las tentaciones.
Ya en esta historia explorás ese universo, donde todos podemos llegar a caer en la seducción de un tercero.
Que haya una tentación abre otro debate. ¿Forma parte de un matrimonio normal? Como en el caso de la pareja que interpretan Rafael Spregelburd y María Carámbula. Las tentaciones aparecen de un lado y del otro, están esas imágenes idealizadas, como la de la vecina más linda del mundo [Justina Bustos] y la pregunta que nos hacemos todos: ¿seguimos?, ¿no cedés por tus hijos? Me gusta cuando se genera toda esa confusión que no lleva a ninguna conclusión. Me parece que es una película para ver en pareja, sobre todo porque se habla todo el tiempo de felicidad, sin saber muy bien qué carajo es.
Algún día, cuando este terriblemente decaído. Cuando el mundo sea frío. Sentiré calor sólo con pensar en ti. Y en la manera en que te ves esta noche, canta una y otra vez Frank Sinatra el clásico The Way You Look Tonight que atraviesa toda la película. "Ya a los 20 años me preguntaba cómo voy a hacer para estar todas las noches de mi vida con la misma mujer. Despertarme y ver la misma cara."
¿Creés que hoy un chico de 20 se pregunta lo mismo?
Quizás hoy haya más desfachatez sexual, incluso relaciones más efímeras, pero los problemas de enamoramiento, sin importar el sexo, si sos gay, heterosexual, bisexual, van a ser siempre los mismos.

1974
Nació el 23 de mayo. Creció en Villa Crespo y es hincha de Atlanta
1990
Debutó en la radio con un ciclo sobre Atlanta. Fue productor de Fernando Peña
2001
Conoce a Dalia Gutmann, la madre de sus dos hijos: Kiara y Federico. Debuta en TV como notero de Indomables y llama la atención en Duro de domar
2003
Comienza el matrimonio radial con Julieta Pink. Juntos conducen actualmente Metro y medio y el ciclo El mundo desde abajo, por TBS
2006
Se pone al frente de TVR junto a Gabriel Schultz
2011
Estrena Wainraich y los frustrados tras el éxito de Cómico, stand up. En la tele conduce La biblia y el calefón, el programa creado por Jorge Guinzburg
El futuro
Continúa al frente de Metro y medio. Piensa en el regreso de Wainraich y los frustrados mientras imagina una nueva obra. Ya comenzó a escribir la que podría ser la continuación de Una noche de amor y otra historia para llevar al cine
Producción: Mechi Machado. Make up, Mery García para Estudio Mery García (www.estudiomerygarcia.com.ar). Agradecimientos: Easy, Bolivia, Las Pepas






