Sergio Pángaro: "Nunca me van a ver de remera, jean y zapatillas"
Músico y actor, recrea -arriba y debajo del escenario- un mundo perdido, una "burbuja" que creó, dice, "para escapar al mal gusto"
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No bien uno franquea la entrada de la confitería La Ideal, automáticamente se traslada a la Buenos Aires de 1940. Esa sensación se hace aun más real cuando uno divisa en las primeras mesas a Sergio Pángaro (49), traje con rayitas celestes al cuerpo, camisa blanca y corbata, bigotito y pelo negro prolijamente peinado con gel aunque tal vez sea gomina, y entonces ese quiebre temporal no es en absoluto extraño, hasta parece casi natural.
El líder, compositor y cantante de la banda Baccarat, que en abril festejará sus 15 años de vida recreando en el Maipo una fiesta de 15 de aquella década a la que él y su orquesta se remiten en forma permanente desde el estilo y la estética, parece sentirse como en su casa. Anoche fue el último show de la banda en La Ideal y Pángaro y sus muchachos (y chicas, claro) demostraron que siguen vigentes y que se puede ser posmoderno reivindicando el pasado.
-Cuando empezaron, lo vintage era transgresor. Hoy, en cambio, está de moda. ¿Se puede seguir transgrediendo desde ese lugar?
-Cuando empezamos me sentía un bicho raro. Ahora ya no, y tal vez tenga que ver con esto de que en lo que en su momento fue innovador ahora forma parte del mainstream . Pero yo me siento contento porque de alguna manera lo importante para nosotros no era distinguirnos desde un lugar de mirá qué raros , sino desde la necesidad de reivindicar algunos usos o costumbres que se habían perdido, como formas de vestirse o hablar. Como banda tenemos presente una fantasía, un imaginario de cómo era la vida en los 40, y que eso que era exótico ahora sea revalorado es muy bueno. Volver a tomar un cóctel, algo que se había perdido, es algo que nos pone contentos.
-Baccarat pegó fuerte en un público muy joven, que no conoció ni siquiera de cerca esa época, ¿por qué?
-Se supone que derrochamos melosidad, pero es sólo en apariencia, porque tenemos momentos de descontrol. Hay un punto en que nosotros hacemos pie en el rock, y eso es atractivo para ese público. Esa actitud desenfadada, un poco almidonada? es sólo en apariencia. Es como que proponemos un doble discurso. Está el rock que se escucha con una botella de cerveza en la mano y está el que se escucha con un chop o una copa en la barra.
-Algunos critican que la de Baccarat es una música easy listening , pasatista.
-Todo lo que sea reduccionista es reprensible. Muchos se quedan con esa imagen del dandy, del vintage, del bolero. Son reduccionismos que lo que buscan es encasillar y que no ven más allá. Tal vez sea un buen punto de partida que ayuda a ordenar un poco, a orientar a la gente, después depende de quien viene a ver el show darle profundidad a lo que ve sobre el escenario.
-Imagino una infancia escuchando boleros, mucha de esta música que hoy reivindicás?
-No, en realidad yo la sufría, la padecía. Me parecía de mal gusto, muy melosa, demasiado explícita, hasta que con el advenimiento de cierta madurez uno es capaz de empezar a tomar como referencia cosas que antes rechazaba. La ranchera mexicana, los boleros, son todas cosas que reivindiqué de más grande. Lo banal con un contexto, con contenido.
-¿Te reconocen por la calle?
-Sí, algunos, pero es un saludo casi de resistencia, no de cholulismo, como le puede pasar a una celebridad. Nunca me sentí una celebrity, me gusta este lugar de tener ciertos privilegios del conocido. Tengo una cuota de celebridad agradable que no padece el acoso. Son como pares que se acercan a charlar. Tal vez me siento más respetado que conocido, es un lugar de mucha comodidad.
-¿Tu faceta actoral es explorativa o tiene que ver con querer ser un artista integral?
-Es explorativa, aunque tengo formación actoral. La experimentación hace que uno pueda acercarse desde un lugar no ortodoxo. Pero no es intuitivo, me lo tomo muy en serio. Es como un juego que se me plantea. Voy experimentando, sé qué herramientas puedo tomar. En Vaquero hacía del hermano del protagonista que tuvo un pasado de adicciones, conflictivo. En El artista hice de un enfermero reservado, parco, tan reservado que no sabés muy bien qué le pasa internamente. Todo lo contrario a mi personalidad histriónica. En ese momento me divertí mucho observando a Riquelme. Yo lo veía que hacía un gol y apenas lo festejaba. Y me preguntaba ¿cómo hace para no emocionarse con un gol, que es la catarsis que tienen los jugadores? E intenté construir este personaje a partir de Riquelme.
-¿Te considerás más músico que artista?
-Mi lenguaje es la música, es lo que más estudié, lo más parecido a una carrera que hice. Me anoté en dirección orquestal, pero las exigencias del programa hicieron que me fuera a estudiar teatro [risas]. Era muy específico y mis pretensiones tenían que ver con el jazz, y en ese momento la carrera no consideraba ni al jazz ni a Piazzolla, y me fui a experimentar con música tribal. Pero aun así yo sigo estudiando música, me sigo actualizando, sigo investigando.
-¿Vas vestido así en tu vida cotidiana o te lookeaste para la entrevista?
-No tengo otra ropa. En el show tal vez me vista más de gala por la hora. Pero nunca me van a ver de remera, jeans y zapatillas, por una cuestión de coquetería. Considero que me queda mejor un traje que un jean. Todo mi guardarropas está compuesto por trajes, camisas, en su mayoría blancas, y muchas, muchas corbatas. Es una estética que adopté a partir de mis 30 años.
-Hay una coherencia en tu vida, desde lo que hacés profesionalmente hasta tu forma de vivir.
-Fui construyendo como un imaginario del que ya no puedo salir. En su momento me armé como una burbuja para aliviarme el disgusto que me producía ese presente político, de la cultura, de la arquitectura de los 90. Sufría y padecía el mal gusto, lo ordinario, y me armé como una especie de imaginario del cual ahora me es difícil escaparme, por fortuna. Uno puede hacer un recorte de la realidad y armarse un pseudomundo y sentirse cómodo en él. No es un personaje el que hago, y creo que es más sano en un punto.
-Por el celular que tenés, la tecnología tampoco es algo que te seduzca?
-No, tengo un celular cuya principal aplicación es tener linterna [risas]. Es hasta difícil de encontrar en el mercado, y si se me pierde me voy a tener que renovar a pesar mío. Las herramientas son mentales, lo demás son recursos.
De la tapa de un disco a la barra
Resulta fácil imaginar a Sergio Pángaro acodado en una barra tomando un cóctel clásico. Pero ¿cuál? "Depende el contexto -respondé él-. Si es al aire libre, un Bellini, y si es en la barra de un bar, un whisky o un Campari con naranja. En 1999 nosotros usamos un Campari en la tapa de un disco y era algo exótico. Hoy se ha vuelto un trago muy popular."
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