Fabián Zitta: "Soy un virginiano obsesivo, tenaz y perseverante"
Es anestesiólogo en ejercicio, pero con sus diseños de alta costura subirá a la pasarela de Nueva York en septiembre próximo
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Entre bocetos y ampollas. Su hashtag refleja sus dos pasiones. Pero lo que empezó como un hobby se transformó en prioridad; y aquello que le quemó las pestañas durante quince años de estudio hoy casi pende de un hilo. El médico Fabián Zitta (43) se subirá en septiembre próximo a una de las pasarelas internacionales más prestigiosas y, por segunda vez, representará al diseño argentino en la New York Fashion Week. Con sus vestidos de alta costura irrumpió como un perfecto desconocido hace diez años, y muchos lo juzgaron como sapo de otro pozo. ¿Un anestesiólogo dedicado a la moda? Sí, y con ese mismo rigor y tenacidad que lo ayudó a cursar medicina en la UBA hoy es reconocido como cultor y máximo referente local de la demicouture . Su última colección la presentó en el Planetario, con un desfile inspirado en siluetas de glaciares en deshielo, con imaginarios retrofuturistas que reflexionaban sobre las consecuencias del cambio climático. El próximo será en el Faena Arts Center, a mediados de agosto. De allí, con sus petates a Nueva York.
-¿No es demasiado ambicioso tener un hobby como la alta costura?
No creo mucho en la astrología, pero sí en mi signo. Me defino como un virginiano obsesivo, perseverante y tenaz. Esto empezó como un hobby y aún lo siento así, aunque demande la mayor parte de mi día y sea un trabajo que hago con gran responsabilidad. Pero haber estudiado en una universidad pública y caótica como la UBA fue un gran paso en mi vida, te indica una cierta perseverancia. Es un know how que sirve mucho, te da conducta, rigurosidad y seriedad para encarar las cosas. Un hobby no es sólo algo que me gusta, sino que implica también un desafío. Yo empecé en 2003 en un mercado muy competitivo y difícil, pero nunca concebí el crecimiento de mi carrera en función de que uno gana porque otros pierden. Hago lo mío y lo interpreto. Diseño lo que yo quiero y lo que me gusta.
-¿Sentías que algunos te miraban como sapo de otro pozo?
-Y sí, porque aparecí muy de golpe y enseguida mi nombre comenzó a hacer ruido. Muchos me asociaban con mi profesión de médico, y un anestesiólogo que hiciera moda generaba cierta curiosidad.
-Dicen que los anestesiólogos son bichos raros. ¿Qué hay de mito y de cierto?
-El anestesiólogo como médico es como cualquier otra especialidad, no creo que haya nada de bicho raro en eso. Lo que sucede es que yo tengo el poder de administrarle una medicina al paciente que lo dejará dormido, sin estado de conciencia, y eso genera mucha intriga sobre todo en los procesos de la psiquis. El paciente nunca termina de saber qué pasó mientras estuvo dormido, es algo que no pudo vivir aunque uno se lo pueda contar. Esa falta, esa ausencia, a veces, genera una angustia que una persona no sabe cómo manejar.
-¿Qué te sigue atando a ejercer esta profesión?
-Voy cada vez menos a la clínica. Pero trabajar en el mismo lugar hace muchos años hace que me sienta muy bien, muy cómodo. Mi trabajo es muy riguroso, pero no me produce un estrés tan marcado como para no poder soportar ambas actividades. Además, tengo muchos amigos que son anestesiólogos. Cuesta dejarlo para siempre, aunque la decisión está cada vez más cerca.
-¿Hay una tradición familiar que pesa?
-Tengo muchos tíos y primos médicos. De chico, los especialistas que me atendían siempre eran familiares. Y era difícil verlos en el consultorio y después ir a jugar a la casa. Pero a mi familia siempre le pareció muy bien. Además, como nunca abandoné la medicina no dejaban de ver a la moda como algo secundario.
-¿Y ahora van a verte a los desfiles?
-Sí, cuando pueden van. Yo soy de Entre Ríos y también viajo mucho para verlos. Somos muy tanos, muy familieros.
-¿Te costó hacer amigos en el mundo de la moda?
-Por suerte, tengo muchos amigos. Soy muy agradecido porque caí en la moda casi de casualidad, y en todos estos años coseché buenas amistades y mucha gente que me quiere.
-Si el diseño fue el antídoto de la medicina, ¿con qué te desconectás ahora?
-De la moda es imposible [se ríe]. Cualquier cosa me lleva a pensar en un nuevo diseño. Un libro que leo, una exposición a la que voy, una película. Basta con que me imagine un lugar para que luego piense en una vestimenta y así me transporto nuevamente a mi trabajo. Pero me gusta salir mucho con amigos, leer novelas y libros de cocina.
-¿Sos buen cocinero?
-Me gusta mucho cocinar. Invento, mezclo ingredientes y pruebo distintas combinaciones con los alimentos. Es una buena forma de distenderme. La cocina me distrae. Pero no son grandes recetas, cosas más bien simples.
-¿Te cuidás con la dieta? ¿Comés sano?
-Más bien prefiero ir al gimnasio tres veces por semana [sonríe]. Hablando en serio, creo que el cuidado pasa por una cuestión médica y personal. Hago siempre actividad física y desde hace algunos años los alimentos que consumo son orgánicos.
-¿Qué opinás de la tendencia de llevar la moda a espacios culturales, como la muestra actual de Gino Bogani en el Centro Cultural Recoleta?
-Me parece que es un movimiento sociológico mundial, y me pone muy contento que por el Recoleta ya hayan pasado miles de personas. Durante los siglos XVII y XVIII las costureras ocupaban un lugar muy relegado en la sociedad. Ese concepto ha evolucionado y durante el siglo XX se produjo un movimiento muy fuerte dentro de la moda que le dio identidad, y que llevó a los diseñadores con una trayectoria a tener su exposición en un museo. El arte y la moda están muy emparentados, más unificados que nunca.
-¿Cuál es tu próximo objetivo?
-Estoy a punto de comercializar mi marca en Estados Unidos. Después de la participación en New York Fashion Week, en 2009, se dio un gran paso. Y haber quedado seleccionado nuevamente este año fue muy alentador. Quiero tener un showroom allá, es uno de mis objetivos más perseguidos en estos últimos tres años. Es un desfile determinante, y esta vez voy más armado y con mejores expectativas.
Un asiduo catador de vinos
Le gusta descorchar una botella tanto en las cenas hogareñas como en las salidas más gourmet. Y suele agasajar a sus invitados con alguna etiqueta de su propia bodega. El vino para Fabián Zitta es una de las bebidas preferidas para acompañar un plato. Debe elegir y piensa... "Siempre tinto, eso sí. Me quedo esta vez con un cabernet sauvignon, de la finca Terrazas, de Chandon."










