Perseverancia. Luchó por conseguir un trabajo y hoy ayuda contra la pandemia
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"Yo no sé cómo estás parada con ese hematocrito y vos me decís que corriste 42k", le dijo el médico con voz firme y cara de pocos amigos. Sí, era cierto que los resultados de los estudios de sangre que se había hecho recientemente Anita Alonso no eran los mejores. Formaban parte de un test preocupacional para ingresar a un nuevo trabajo. También era cierto que Anita había corrido hacía pocos días su primera maratón de calle y que se había esforzado muchísimo para lograrlo. Y que el nivel de hematocrito bajo daba cuenta de una anemia que la acompañaba hacía ya un tiempo y la hacía sentirse cansada, con sueño y poca energía.
Pero lo que no era cierto era que la anemia -además de la celiaquía que también figuraba en los estudios y que se la habían detectado a los 3 años- eran argumentos válidos para no tomarla en el empleo que le habían ofrecido. "Siempre fui muy optimista. Y a los pocos días tuve la suerte de recibir otra oferta laboral. Estaba en tratamiento con vitaminas y hierro para la anemia y fui feliz cuando me notificaron que había quedado seleccionada para el puesto. Entendí que era el destino y que por algo no había quedado en el otro lugar".
Cumplió, una vez más, con los requisitos para poder ingresar y sacó un turno para realizarse una ergometría (una prueba que mide la capacidad del corazón para responder al estrés externo en un entorno clínico controlado). La mala experiencia se repitió. "Evidentemente no era el mejor día de la médica que me atendió. Eso, sumado a su mala predisposición y mal trato, los resultados no fueron para nada positivos. Y escuché de su boca algo que no estaba lista para procesar: vos no podés correr, tenés que tener mucho cuidado. Se me cayó el mundo en ese momento. Con poca paciencia, la doctora me explicó que como no había podido llegar al 100% de esfuerzo en la cinta, no me podía dar el ok para correr. Me fui de ese lugar sin entender nada y llena de miedo hasta para correr el colectivo".
Claro y prolijo

Anita se propuso ser prolija en sus hábitos y perseguir sus objetivos. Correr se había vuelvo una parte fundamental en su vida. Entonces se unió a un grupo de running donde le aconsejaron buscar una segunda opinión. Cuando llegó a la consulta con el cardiólogo el panorama fue completamente diferente. Si bien no le dieron la aprobación final para correr porque su anemia aún no estaba resuelta, el doctor le aclaró que, una vez que los valores se normalizaran, podía hacer actividad física sin problema.
"Saltaba de la emoción. De a poco empecé a sumar entrenamientos más variados y con diferentes intensidades. Pasaban los meses y yo me sentía cada vez más fuerte. Mi hierro en sangre estaba ya estable y yo descubriendo que podía ser más rápida y empezar a confiar en mis piernas y en mi corazón. Para 2016 ya me paraba en la largada del Maratón de Buenos Aires y esta vez todo iba a ser diferente. Mi gran amigo y entrenador Juan me escoltó junto con dos compañeras durante los últimos kilómetros y bajé una hora el tiempo que había hecho un año atrás".
Además de confirmar su nueva pasión, Anita descubrió que no habría imposibles en su vida de allí en más. "La vida nos pone frente a aquello que necesitamos para crecer. De no haber sido rechazada en el primer trabajo, yo no hubiera luchado por hacer valer mis derechos. Tampoco hubiera aprendido sobre la importancia de los chequeos médicos y la necesidad de cumplir sin peros con mi dieta sin gluten. En ese tiempo, la anemia era producto de que no estaba haciendo la dieta correctamente. Entonces mi absorción estaba disminuida y eso me llevó a un desequilibrio. Hoy soy una loca apasionada por las ultra distancia en montaña. Adoro pasar horas y horas entre bosques, filos, piedras, ramas, barro, senderos, lagos, montañas, en fin naturaleza pura".

El camino correcto
La vida de Anita cambió en todo sentido. Asegura que fue porque tomó varias decisiones que la llevaron a cumplir sus metas. Para contagiar su espíritu alegre y también ayudar a los demás, este año se unió con su amigo Martín Roldán de Miramar con el objetivo de correr las 100 millas solidarias de Patagonia Run (que fue reprogramada para el 27 y 28 de noviembre por el coronavirus). "El lema es nosotros ponemos las piernas y el corazón y te pedimos que vos aportes tu granito de arena. Vendemos el km a $250 y lo recaudado irá destinado a la compra de materiales para dos importante espacios en estos lugares. Martín ayuda a la Asociación Atlética General Alvarado y yo por mi parte colaboro con el Merendero Hijos del Corazón de Norma Ramos en Pilar Derqui". (Se puede pedir más información en su cuenta de IG: @ultrAnita)
Hoy trabaja en la Clínica Olivos, en el partido de Vicente López, en el área de Farmacia. "Es un lugar en el que me siento súper cómoda y contenida por todos mis compañeros. No fue un impedimento ser celíaca y mucho menos tener anemia cuando entré. Mi jefe siempre se interioriza sobre mi estado de salud y quiere saber todo acerca de las carreras en las que participo".
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Cuando empezó el ingreso a la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, supo que su deseo y destino iban a estar vinculados con una tarea que ayudara a los otros. "Quería aportar a la sociedad algo bueno, algo importante. Pero la verdad jamás imaginé que llegaría el día en el que podría cumplirlo. Me tocó enfrentar esta situación en mi trabajo actual. Hoy los días en la clínica son super intensos, cada vez aumenta más el número de pacientes con diagnóstico y/o sospecha de coronavirus y, sumado a eso, la exigencia de todos los sectores para con el nuestro, papel primordial el que realizamos, ya que proveemos de insumos fundamentales. Cada día me lo tomo como un desafío, encararlo con la mejor energía. Estoy orgullosa de poder estar a donde estoy, desempeñar un rol activo en esta crisis mundial, aunque creo que todos desde nuestro lugar tenemos un papel FUNDAMENTAL para salir de ésto, hay que quedarse en casa también".
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