
Soledad Villamil, el secreto de sus ojos
Tras un excelente año, la actriz y cantante comparte su tiempo con su pareja, Federico Olivera, y sus dos hijas, Violeta y Clara. En febrero volverá con un show de canciones y en julio filmará un thriller con Viggo Mortensen
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Tengo curiosidad por ver la cara que Dios tiene reservada para mi vejez." La frase de Liv Ullmann, la musa inspiradora de Ingmar Bergman, encontró eco en Soledad Villamil, la mujer que está dispuesta a dejar que el imponderable la sorprenda con el paso del tiempo. "Intento amigarme lo más que puedo con esta situación -reconoce la actriz que el 19 de junio próximo cumplirá 42 años-. Resulta necio pensar que lo único bueno fue lo anterior y sólo aferrarme a esa idea, perdiéndome la oportunidad de vivir el presente y mirar hacia el futuro. Estoy segura de que no volvería a ningún estadio anterior, porque no sólo pasaron los años, sino también las experiencias. Disfruto de esta sensación de finitud."
En el camino recorrido supo definirse como actriz y cantante. "Siempre hubo un intento de búsquedas, de revalorar lo artístico, de hacer frente a los desafíos -enumera-, así como también me di la oportunidad de equivocarme para aprender de ello."
Super positivo, ése fue el saldo que dejó 2010 para Villamil. Y no hay duda del balance. Como actriz protagonizó la película ganadora del Oscar, El secreto de sus ojos, que le valió, además, un Goya como actriz revelación: "No voy a negar que recibirlo me rejuveneció", sonríe. Como cantante se afianzó con Morir de amor, disco con el que se animó a presentar dos canciones escritas de puño y letra, y con el que sumó un Gardel como mejor álbum artista femenina de Tango.
"Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo", escribió Jorge Luis Borges en El amenazado, poema que Soledad encontró como disparador para La medida, una de las canciones de su autoría junto a Santa Rita. "El poema de Borges es maravilloso -reconoce-. Pero son tantos los estímulos, las imágenes, las impresiones, las sensaciones de la vida que te llevan a escribir, a tararear. Soy muy novata en esto, pero siempre me he sentido muy devota de aquellos autores que tienen la capacidad de sintetizar en tres minutos emociones tan vívidas." Como lo hizo Alfredo Zitarrosa con letra de Idea Vilariño en la canción y el poema que dio nombre al disco ("Quisiera morir, ahora, de amor, para que supieras cómo y cuánto te quería…") y el inolvidable Qué te importa que te llore, tango de Miguel Caló y Osmar Maderna: "Qué te importa lo que sufro, qué te importa lo que lloro, si no puede ser aquel ayer de la ilusión, déjame así llorando nuestro amor".
Al repasar las canciones que integran Morir de amor uno podría pensar que Soledad está pasando por una etapa de mal de amores. "[Risas] No, no -aclara-. Lo maravilloso de cantar, al igual que la actuación, es la capacidad interpretativa, el poder vivir situaciones tan distintas de las de uno. Se trata de puro travestismo emocional", confiesa la mujer que comparte la vida con el también actor Federico Olivera y las hijas de ambos, Clara y Violeta.
-¿Se puede morir de amor?
-Me gusta pensar en esas pequeñas muertes que se producen cuando uno sufre por amor. Porque en ese instante uno cree que se muere, que es imposible vivir sin él, sin ella. No hay otra cosa que nos conecte tanto con la idea de la muerte, esa especie de petite mort con la que los franceses denominan el orgasmo.
Súperpoderosa
De vez en cuando Soledad necesita ponerse en perspectiva para volver a tener el control sobre su vida. "Lo hago de diferentes maneras, es una forma de bajar dos cambios", reconoce y, al igual que James Stewart en ¡Qué bello es vivir!, el clásico film de Frank Capra, vuelve a tomar contacto con su propio mundo para revalorizarlo. "Como en esa escena en la que Stewart besa la esfera que siempre se sale del pasamanos de la escalera, la misma bola que otros días detestó y que ahora reconoce como parte de su vida. Es maravilloso ver cómo poniéndonos en perspectiva cambia todo. Esa imagen me pone la piel de gallina y muchas veces que me viene a la cabeza. Porque uno está todo el tiempo diciendo lo que le molesta, pero ¿qué pasa si lo vemos de otra manera?"
Lejos de la imagen de esa mujer que lo puede todo, Villamil necesita de esas micropausas, de esos momentos en los que se reconecta con ella misma. "Es necesario despegarse de los mandatos, esos que dicen que debés actuar como una superpoderosa: ser una profesional exitosa, una excelente esposa y una madre genial. Por eso al desconectarse, al detener el tiempo, uno puede preguntarse: ¿qué quiero?, ¿cómo me siento?" No hay que dormirse en los laureles, pero eso pasa con todo, ya sea en la profesión en la pareja, con los hijos.
-Muchos aseguran que los hijos nos enfrentan con nosotros mismos
-No hay duda, en ese sentido la experiencia de la maternidad y de la paternidad es un encuentro intensísimo con uno mismo, con esas zonas insospechadas de uno, con todos los miedos, las inseguridades, los malestares. Te encontrás con 40 millones de cosas en las que decís: ¡Uf, cuánto que tengo que trabajar! Si antes la venías piloteando, cuando tenés un niño no te queda otra que pilotear aún más y está buenísimo porque es un viaje introspectivo y de análisis. Ser madre me abrió puertas con relación a mí misma a las que no creo que hubiera podido acceder de otra manera. Se trata de una experiencia vital tan fuerte y maravillosa. Bueno, a mí me llevó a psicoanalizarme, a trabajar otras necesidades.
-Tu infancia transcurrió en los años 70 y en tu casa la política tuvo un peso importante [su papá era militante de izquierda]. ¿Qué lugar ocupa la política hoy en tu vida?
-Soy una persona muy interesada y conectada con la realidad político-social de mi país y del mundo, porque hoy es imposible pensar en un país aislado del resto. Estoy informada. Me preocupan cuestiones en el nivel ecológico; pienso en el futuro, en mis hijos. Y ser consciente de lo que ocurre, de lo que nos ocurre, hace que uno no sea del todo feliz. Hay mucha carencia, el hombre está tan alejado del aspecto humano. No tengo una militancia política activa, pero creo que desde el arte uno hacer su aporte.
Tras unas merecidas vacaciones en familia, Villamil está lista para comenzar el nuevo año con un ciclo de conciertos en el Torcuato Tasso (viernes y sábados de febrero, a las 22), donde repasará buena parte del repertorio de sus dos discos y presentará, además, algunas canciones nuevas propias y de otros, como la que inmortalizó Violeta Parra, Maldigo del alto cielo. "En abril partiremos a Chile y en mayo volveré a España, a Madrid y otras ciudades -adelanta-. Por primera vez voy a cantar en Roma, me da mucha ilusión. También haremos una gira por varias provincias nuestras."
Entre julio y agosto volverá al set de filmación junto a Viggo Mortensen (El señor de los anillos) con el thriller Todos tenemos un plan, de la debutante Ana Pitterbarg. "Me gusta cómo poco a poco se va armando el año -confiesa-. Hay un poco de todo."
Y allí está la Soledad que canta y actúa, que actúa y canta. "Soy la misma persona haciendo cosas diferentes."
En internet www.soledadvillamil.com
MUY PERSONAL
Nació el 19 de junio de 1969. Los primeros seis años los pasó en La Plata.
Desde muy chica se relacionó con la música. Estudió iniciación musical, toca algo de piano e hizo flauta traversa durante varios años.
A los 15 comenzó a estudiar teatro en el colegio. Al terminar el secundario cursó en la Escuela Municipal de Teatro. También tomó clases con Ricardo Bartís. Con sólo 20 años interpretó a Ofelia de Hamlet en el Teatro San Martín. También hizo Es necesario entender un poco, de Griselda Gambaro; Monólogos de la vagina, con dirección de Lía Jelín; Matar el pensamiento, con dirección de su pareja, Federico Olivera, y Ella en mi cabeza, dirigida por Oscar Martínez.
En el 1993 debutó en la televisión con Zona de riesgo. Le siguieron Nueve lunas, De poeta y de loco, Vulnerables, Culpables y Locas de amor, entre otros ciclos.
En cine hizo Vivir mata, de Bebe Kamín; Un muro de silencio, de Lita Stantic; La vida según Muriel, de Eduardo Milewicz; El sueño de los héroes, de Sergio Renán; El mismo amor, la misma lluvia, de Juan José Campanella; Un oso rojo, de Adrián Caetano; No sos vos, soy yo, de Juan Taratuto, y El secreto de sus ojos, de Campanella.
La Clarita Taboada en la obra Glorias porteñas (1998) fue una revelación, allí se reencontró con su yo cantante. En 2007 dio a conocer el disco Soledad Villamil canta y se consagró con el Premio Gardel en la categoría Mejor Album Nuevo de Tango. En 2010 lanzó Morir de amor, que le valió el Gardel a Mejor Intérprete femenina de Tango.
"Sigo con las mismas costumbres", asegura esta mujer que practica yoga y mantiene su dieta vegetariana. "Uno descubre lo que le hace bien y continúa en ese camino."





