
Somos lo que elegimos
Señor Sinay: Nuestra identidad, única e intransferible, se forja desde que nacemos con la materia prima de nuestro cuerpo. La moldean los afectos cercanos (o la falta de ellos), nuestras vivencias y sufrimientos. ¿Esa identidad es inmutable? ¿Es posible cambiar o somos como somos, sin más remedio para nosotros ni para los demás?
Martín Legorburu
RE: No elegimos respirar. Respiramos. No elegimos que nuestro corazón lata. Late. No elegimos envejecer. Envejecemos. No elegimos morir. Morimos. No hemos elegido nacer. Nacimos y vivimos. En todos esos aspectos, y muchos más, estamos predeterminados. A partir de allí actuamos y, munidos de la conciencia, entramos en el plano de la libertad. Somos libres de elegir ante las circunstancias que la vida nos propone. Esas circunstancias se presentan ante nosotros como interrogantes existenciales. Y las decisiones y cursos de acción que tomamos ante ellos son las letras con que escribimos nuestra historia personal, expresamos nuestros valores y nuestros sentimientos y, al cabo, construimos nuestra identidad. Esta será el fruto de lo que hacemos con nuestra libertad. Y responderemos por ese hacer.
Somos, mientras dura nuestra vida, seres en construcción. Nadie es. Estamos siendo. Sólo tras el punto final se podrá decir lo que fuimos. Mientras tanto, creamos una identidad oficial para estar en el mundo. El ego. Para configurarlo elegimos (no siempre de modo consciente) algunos atributos y desechamos otros que constituirán nuestra sombra. Pero más allá del ego esta el sí mismo (así lo llamaba Carl Jung), la esencia única de cada individuo. Acaso a ella se refiere nuestro amigo Martín. ¿Llegaremos a conocerla? Según Jung, no alcanza una vida para eso. Pero la intención de hacerlo y las actitudes, elecciones y acciones que nos guían en ese propósito le dan sentido a la vida.
Para Emmanuel Kant, sólo el mundo de los fenómenos (cosas, objetos) es causal. El mundo de las personas es moral, según afirmaba. En él hay libertad, se elige y, por lo tanto, hay responsabilidad. La libertad es fundamento de la moral y la moral es condición de la libertad. Como dice Viktor Frankl en El hombre doliente: "Ser hombre significa decidir lo que hago de mí mismo y asumir la responsabilidad".




