
"Soy medio loquito como todos los surfistas"
Se crió en Brasil, pero representa a la Argentina en los torneos más prestigiosos, como los Trials del US Open que acaba de ganar ante la mirada del mundo
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Siempre le digo a la gente que mi trabajo es el mejor del mundo porque amo lo que hago. El surf es un deporte increíble porque necesitamos viajar para ir a competir, a Australia, Europa, los Estados Unidos, México, todos los lugares del mundo", cuenta con pasión Santiago Muñiz, que con 21 años es el actual campeón nacional y acaba de ganar los Trials del US Open de Surfing, el torneo más visto y más importante en el mundo del surf, en el Pier de Huntington Beach, California.
Su tonada se la debe a que vive en Brasil desde los cuatro meses. Es casi brasileño, aunque nació en Mar del Plata. Se crió en Bombinhas, una ciudad playera del Estado de Santa Catarina. Ahí fue al colegio primario y secundario. A los 8 conoció a su novia actual, Giovanna; compartieron las aulas desde los primeros años. "Estamos juntos, hace casi tres años, pero nos conocemos de toda la vida. Siempre estuvimos juntos aunque nunca lo supimos", dice con algo de poesía.
Cuando está en su casa –unos cincuenta días al año– vive a una cuadra de la playa con sus padres y sus tres hermanos: Alejo, de 24 años; Bruna, de 18, y Daniel, de 11. El mayor es también un gran surfista, pero eligió representar a Brasil. Para Santiago fue toda una decisión definir a qué país representaría. Pero su familia desde acá reclamaba que al menos uno de los hermanos surfeara como argentino. Con sólo 15 años, la balanza se había inclinado hacia sus raíces. Y como la sangre tira y el lugar de nacimiento también, tomó la decisión. Pero necesitaba confirmar que sus amigos de toda la vida –brasileños, claro– no se ofenderían con él.
Una vez que estuvo todo resuelto fue campeón mundial en el torneo de Panamá, en 2011. Un sueño cumplido, difícil de imaginar cuando corrió su primer torneo a los 9 años en Bombinhas, con un resultado no muy bueno. "Ahí empezó toda la historia de los campeonatos. Veíamos que ganar un torneo tiene un sabor distinto que nada más surfear y ahí vino la pasión de la competición, en ese torneíto que hubo en nuestra ciudad chica", recuerda.
Batiendo récords
Santiago no solamente fue el primer argentino y el primer latino en ganar los Trials. También fue el más joven de la historia en ganar el circuito ISA (por las siglas en inglés de Asociación Internacional de Surf), el torneo mundial por equipos que este año lo espera en Perú. Con 18 años se convirtió en el más joven de la historia en lograr ese título; le quitó el honor a un surfista sudafricano, por sólo tres meses de edad.
Después de Perú volverá a Brasil, aunque esta vez a San Pablo, y luego vendrán cincuenta días en Hawai, destino que visita todos los años desde que tiene 10.
"A cada torneo llevo un cofre con muchas tablas. En Hawai, como es un lugar donde rompés muchas tablas, tengo más de treinta que las voy usando y las dejo allá para el año siguiente. Pero cada torneo llevo entre cinco o seis tablas, porque cada una es para un mar distinto. Se te puede romper y necesitás tener una de reserva, hay que estar muy equipado", explica.
Su vida es de playa en playa. Y cumplió el sueño de su papá, que por una foto en una revista se enamoró de este deporte cuando era apenas un adolescente. Y de más grande, siempre quiso que sus hijos surfearan y organizó su propia escuela de surf en Brasil.
Hay que prestarle atención a Santiago cuando recomienda las mejores playas del planeta, aunque sin olvidar que lo más importante para él son las olas. "Hawai e Indonesia son las mejores olas del mundo. Es como ir a Disney. Son olas perfectas. El clima es caliente. El agua es transparente, es como agarrar una pintura de un cuadro. Se pueden ver las islas, no hay nadie. La calidad de la ola es de las mejores del mundo."
¿Qué hay de difícil en esta vida de viajes y playas? Por un lado, la soledad. Los viajes no siempre incluyen compañía. Y los múltiples lugares que visitan cada año cuentan con su presencia durante los pocos días de la competición. Pero cualquier dificultad parece un detalle al lado de tanta pasión.
Los posibles golpes y hasta incluso el peligro de los tiburones blancos quedan en un relegado segundo plano. "Miedo siempre tenemos porque la naturaleza es así. Hay olas muy chicas y otras gigantes, y el fondo no es sólo de arena. Hay fondos de piedras, de corales. Siempre le tengo respeto al mar, más que miedo. Porque sé que me voy a lastimar, es un deporte radical, entonces ya no vale la pena tener miedo." Y recuerda que a los 15 terminó tres días internado en Hawai porque se golpeó surfeando. "Soy medio loquito como todos los surfistas, porque amamos tanto lo que hacemos que no nos importa lo que nos pueda pasar, si nos lastimamos, si nos pegamos una ahogadita, no pasa nada."
Lo que pesa más es su profundo sentimiento por este deporte. "Uno piensa: me voy al agua y agarro una ola común, pero esa ola viene navegando un mes o dos meses y justo vos la agarrás. Es muy especial el surf, estar arriba de una tabla en una ola es un sentimiento muy individual, porque sos vos y la tabla, y la ola que viene, y vos que te tenés que ir."






