
Stephen King o la camioneta maldita
En 1999, el escritor Stephen King fue atropellado por un vehículo mientras caminaba por la autopista. Su drama se parece demasiado a sus ficciones
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"¡Qué miedoso debe haber sido de chico Stephen King!", comentó uno de sus jóvenes lectores. Parece una observación atinada, puesto que no hay fantasma o superstición occidental y contemporánea que King no haya encarado en alguno de sus libros. Que, dicho sea de paso, son incontables.
Sin embargo, el hecho de haber conjurado por escrito los miedos y obsesiones de toda su generación no le impidió protagonizar una pesadilla personal que parece salida de uno de sus libros. El 19 de junio último lo atropelló una camioneta. Como todas las mañanas, Stephen King salió a hacer su caminata de unos siete kilómetros por el costado de una ruta en los alrededores de su casa, en un pequeño pueblo del Estado de Maine llamado Lovell (de 1200 almas), y una Dodge Caravan celeste se lo llevó por delante. El conductor de la camioneta, un tal Bryan Smith, había perdido el control del volante porque el perro que llevaba, un rottweiller, se volvió loco.
Todo está en sus libros. Cujo, una novela publicada en 1981, cuenta la historia de un enorme perro que se vuelve loco y aterroriza a un niño, pero es un San Bernardo. Misery habla de un escritor con las piernas destrozadas por un accidente automovilístico, secuestrado por una admiradora demente. También hay una novela llamada Christine, protagonizada por un auto maldito, pero ahí termina toda la semejanza. Christine es un Plymouth 58 lleno de refulgentes cromados, y su peligrosidad brota de un paradigma femenino de maldad deliberada. Una mirada literaria de este accidente enfatizaría algún oscuro designio en el rottweiller, pero lo cierto es que el tal Bryan Smith tenía un largo prontuario de imprudencias alcohólicas y otras felonías que le habían valido sanciones anteriores.
"Si hubiese caminado por el medio de la ruta habría salido ileso", comentó King con su habitual ironía. Lo cierto es que la camioneta lo hizo volar por el aire: se rompió la cadera y varias costillas, además de lastimarse severamente un pulmón. En la ambulancia le preguntó al paramédico "¿Voy a morir?" "No hoy, por lo menos", le contestó el hombre tranquilamente, aunque luego King se enteró de que ésa es la respuesta marcada por el manual de entrenamiento y a un moribundo le habrían dicho lo mismo.
Después de siete operaciones y con el pronóstico de una dolorosa y prolongada fisioterapia, mucho más delgado, canoso y desmejorado, Stephen King (de 52 años) salió del sanatorio en septiembre y lo primero que hizo fue comprar la Caravan celeste. El inmenso público admirador que lo sigue celebró este gesto: dijo a los medios que había comprado la camioneta para destruirla a mazazos. He ahí un King legítimo de humor y folklore. Cuenta la mitología americana que Lee Iacocca hizo lo mismo cuando fue contratado por Chrysler para recuperar esa marca, asolada por contratiempos gerenciales y, especialmente, por el florecimiento de la industria automotriz japonesa. Dicen que Iacocca puso un auto japonés en la puerta de la fábrica y los obreros podían agarrar una maza y moler a martillazos a su enemigo. Debe ser un extraordinario remedio contra el stress.
Lo cierto es que poco más tarde Stephen King dio la verdadera razón por la que había comprado (en $ 1500) la camioneta: quería evitar que fuera desmantelada por coleccionistas de souvenirs macabros. Mientras tanto, Bryan Smith está procesado por asalto agravado y por manejar peligrosamente. King se alegra de no haber quedado cuadripléjico y trata de no estar enojado con Smith para no perder energía.
"No sé si es un buen tipo o un mal tipo -comentó-, pero seguro es un pésimo conductor." No hizo declaraciones morales de ningún tipo. El mismo no se cansa de reconocer su propia naturaleza adictiva; es, de hecho, un alcohólico recuperado y según afirma, no hay droga o licor que (en su momento) no le hubieran gustado "enormemente". De Smith sólo quiere su licencia.
Stephen King es un escritor extraordinariamente prolífico, aunque en la industria editorial estadounidense esto no es una virtud infrecuente: el mercado no dejaría sobrevivir a nadie que no lo fuera. Varias de las novelas de King son protagonizadas por escritores, pero es en una de las últimas, Un saco de huesos, donde se describe cómo opera la industria. Un escritor muy parecido a él, Mike Noonan, publica un libro por año e invariablemente califica para la lista de best sellers.
Estas listas, en Estados Unidos, constan de quince títulos y Noonan siempre aparece entre el número diez y el quince. Si un año a Sidney Sheldon se le ocurre volver con un nuevo libro, el agente de Noonan le pide que entregue su original dos meses antes porque no puede correr el riesgo de ser pateado fuera de la lista.
El problema de Noonan es que perdió la capacidad de escribir al morir su esposa inesperadamente. Después de su accidente, Stephen King dijo que no podía escribir. Los lectores inundaron el correo de Internet desesperados de aprensión. El público de King también es adicto y paranoico. Pero parece que no hay nada que temer. Con una laptop y recostado, porque no puede sentarse del todo para trabajar en su escritorio, King recupera sus fuerzas: terminó una nouvelle llamada Riding the bullett , escribió un ensayo sobre la escritura y una miniserie para la televisión, Rose Red. También está en conversaciones con su colega Peter Straub para hacer una secuela de El talismán . Acaba de estrenarse en el cine El pasillo de la muerte , con Tom Hanks, sobre una novela que publicó por entregas, y en la televisión se estrenó la miniserie de horror Storm of the Century . Su último libro, Hearts in Atlantis , está, desde luego, en la lista de best sellers. En el puesto número diez.
Los deseos y el horror
Stephen King tiene un don para narrar historias y para echar mano de todos los trucos literarios, incluyendo la tipografía, para interpretar, como si fuera música, el sonido de la voz americana. Pero uno de sus grandes atributos es la manera casi indecente en que señala los deseos más ocultos o triviales de las personas y sus relaciones con el horror. En La maldición (Thinner) aparece la obsesión contemporánea por la delgadez; en Apocalipsis (The Stand) , una epidemia fulminante termina con prácticamente toda la población mundial. Los pocos que quedan con vida tienen el mundo entero para sí, pero lamentablemente su codicia ha desaparecido.
Con el mismo procedimiento, pero usado en sentido inverso, Stephen King toma elementos de la penuria cotidiana y les da el brillo mágico de una realidad alternativa. En Insomnia, un hombre viejo que cada día duerme menos, comienza a percibir que así como pierde el sueño gana un nuevo poder extrasensorial que le permite ver un mundo diferente y, además, lo rejuvenece. Hay momentos en que insensatamente el lector desea tener insomnio para poder ver esos prodigios... y rejuvenecer. En El talismán un niño de unos 12 años, hijo de una actriz de películas de clase B algo alcohólica, encuentra la manera de viajar a un mundo paralelo, más claro, más bello, más sano, un poco más pequeño, más humano y mejor. Al principio lo hace tomando una especie de vino muy fermentado, pero luego descubre que el vino es placebo y que puede saltar con sólo un ejercicio de la voluntad. Y el lector, que es candoroso y omnipotente, ensaya en su casa unos tontos ejercicios que no lo llevan a ninguna parte, pero por lo menos no tiene que contarle estas vergüenzas a nadie.
Un rey para el cine taquillero
Es difícil desconocer a Stephen King, aunque no se hayan leído sus libros. La mayoría de sus novelas y muchos de sus cuentos han sido llevados al cine y en ocasiones a la televisión. La película que lo llevó a la fama fue Carrie (1976), de Brian De Palma, con Sissy Spaceck y John Travolta. Luego hubo unas treinta más, entre otras: El resplandor (1980), de Stanley Kubrick, con Jack Nicholson; Cuenta conmigo (1986), de Rob Reiner, con un River Phoenix de 10 años; Christine (1983), de John Carpenter; Sueños de libertad (1994), de Frank Darabout, con Tim Robbins, y Misery, con James Caan y Cathy Bates. Además, Cujo, Eclipse total (Dolores Clairborne), La zona muerta, La mitad siniestra, y muchas otras.
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