Susana Giménez: la dueña del glamour
La descubrió un fotógrafo en una discoteca cuando era casi una adolescente. Triunfó en cine y teatro, debutó en la conducción televisiva en 1987, y ya lleva 16 años de éxito en el programa diario más visto de la TV. Aquí, el retrato de una dama que logró lo que quería: ser la estrella más popular de la Argentina
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Si algo queda claro apenas se llega a la mansión de Susana Giménez en una esquina de Barrio Parque, es que no hay modo de caerle por sorpresa.
En el portal de acceso, un patrullero vigila atentamente los movimientos de uno de los vecindarios más exclusivos de Buenos Aires. Y cuando La Nacion, antes de darse a conocer, coteja el domicilio con el policía de guardia, el uniformado está bien al tanto de quien se trata.
En pocos minutos, ya en la sala de la planta baja, donde los objetos muestran una convivencia multifacética y hay por allí algún cenicero de dimensiones apreciables, Susana irrumpe, espléndida y sonriente, como sólo una diva sabe hacerlo aun después de una agotadora jornada de trabajo.
Son casi las 10 de la noche de un día de semana. La estrella acaba de llegar de los estudios de Telefé en Martínez, donde hace su programa diario, y su aspecto no delata cansancio.
Está muy guapa y, en su año fuera de la TV, su tour por el quirófano le ha devuelto un aspecto envidiable. Durante la entrevista, dijo una vez: "¿Viste?, no digo malas palabras porque la nota es para La Nacion?" Puso voluntad, está claro. Pero en los momentos que se apasionó para hablar, el verbo se le volvió coloquial.
Acto I. Susana pregunta a la cronista: "¿Qué tomás? ¿No querés un vinito? ¿Un champancito? Yo ya no tomo más champagne. Hasta llegué a comprar Cristal, pero igual te mata. Uno va dejando cada vez más cosas: el gin, el vodka. Pero al final te quedás con esto, el vino tinto, la bebida del pueblo sano".
Dice, todavía de pie, con una copa en la mano derecha mientras recoge del suelo al fiel Jazmín, de 11 años y dos dientes menos por el irremediable devenir de la cronología.
Acto II. Aparece Nancy, la asistente, con una tabla de fiambres y quesos para degustar durante la entrevista.
Hay un matiz imperceptiblemente distinto entre esta diva que aparece sonriente en su living y la que dejó la TV en 2001: se ha disipado de su rostro el contenido rictus de bronca. Despejada ya toda duda sobre su desempeño en la TV, Susana Giménez ahora se siente nuevamente cómoda en su programa y vuelve a ser la reina en el corazón de las masas. No ha deseado otra cosa en la vida que ser la estrella más popular del país. Después de más de tres décadas en el show business, parada en la proa de la Argentina, la estrella bien podría plagiar hoy a Amado Nervo: "Vida nada me debes, vida estamos en paz".
Acto III. Susana se sienta en un amplio foutón con algún almohadón atigrado, recoge las piernas, toma un trozo de queso y se dispone a responder.
-Cada noche, cuando volvés a esta casa que es tu refugio, ¿recordás alguna vez el departamentito de un ambiente donde criaste a Mecha, tu hija?
-Sí, muchas veces. Cuando estoy sola, muchas veces pienso en eso y digo: "Gracias Dios mío, porque nunca esperé tanto". Tengo una sensación de plenitud por haber comprado lo que tengo, hecho por mí.
-¿Cómo viviste el tiempo que estuviste fuera de la tele y del país?
-Lo viví con tristeza. Me encontraba por la calle con todos los argentinos que se iban a vivir afuera, que empezaban a los 50 años de nuevo. Y además a mí me pasaba lo que les ocurría a todos los argentinos, con el tema del corralito.
-¿Pero vos pudiste zafar, no?
-Noooo, yo no pude zafar. Me pasó como a todo el mundo. Yo después pude sacar lo que me había quedado y comprar un departamento, pero habiendo perdido una fortuna y al dólar que ellos impusieron. Yo estaba muy enojada con todo eso. Me pareció una injusticia. Era la segunda vez que me pasaba.
Jazmín entra correteando a la sala y pega ladridos dirigidos a la diva. Susana interrumpe el diálogo y se dirige a su perrito: "Hola, mi amor, ¿cómo estás mi vida?"
Cuando retoma la charla dice: "Ahora está un poco mayor y le cuesta saltar a los sillones". Para Jazmín, la casa de Barrio Parque no tiene secretos.
Y cuenta que, cuando volvió a la tele, "me di cuenta que la gente necesitaba humor, mucha esperanza y alegría.
Para dar esto me sirvió estar fuera de la Argentina, porque si lo hubiera hecho en 2002, yo también hubiera sido un dolor completo porque estaba con mucha rabia. ¡Una vez más los sacrificios los tuvo que hacer el pueblo, viejo! ¿Hasta cuándo?
-¿Estás defraudada con la clase política?
-¡Pero totalmente! Yo no siento diferente al pueblo, porque me considero una parte del pueblo y tengo un feeling impresionante con lo que les pasa. Es como un don que tengo. Y el que se vayan todos también lo decía yo. Quise salir con el primer cacerolazo, pero no me dejaron.
-Habituados como estamos a conectar tu glamour con Miami, fue raro verte en Tilcara y la Patagonia en la presentación de tu programa. ¿Qué te decidió?
-Todo, porque fue como un resurgimiento de lo argentino, de que tenemos un país fabuloso y estoy harta de que todo el mundo diga que este país es de mierda cuando la mierda son los tipos que lo han gobernado para enriquecerse y hacer negociados. Yo no sé qué ha pasado acá. Porque corrupción hay en casi todos los países, pero no de la manera como existe en la Argentina.
-¿Cómo te encuentra la llegada de Kirchner al poder, a vos que nunca ocultaste tu amistad con Carlos Menem?
-Debo confesar que no le tenía confianza en un principio. Pero en este momento, ¡qué sé yo! La parte económica es su flanco débil. No sé si está haciendo algo por la parte económica. Se ve que es un hombre recto, honesto, que tiene un ideal, que es bastante patriota y que quiere poner las cosas en su lugar. Puede ser que en los años 70 el tipo haya pensado otras cosas, pero ahora necesitamos que sea honesto y cierre todos los quioscos que se puedan cerrar. Y que le de al pueblo educación, salud y seguridad. Y que haya inversiones para que haya producción y la gente pueda laburar. Yo no estoy muy de acuerdo con los planes Trabajar porque fomentan esa cosa que tiene el argentino de que ¡no labura!
-¿Cómo se desinstala el asistencialismo cuando lleva décadas instalado culturalmente?
-Entiendo que a la gente hay que ayudarla, pero no sé si es bueno que el hijo de una familia crezca viendo que al padre lo ayudan con un subsidio y se queda tomando mate. En los países desarrollados hay subsidios, pero es diferente. Acá, esto es como una limosna.
Y como te alcanza para la yerba, te quedás todo el día en el patio, que debe ser bárbaro y divertidísimo. Los hijos crecen viendo eso. No sé si eso lo hubieran hecho nuestros abuelos, gallegos y tanos. Ellos se las ingeniaron para hacer cosas. Y eso de hombrear bolsas al puerto nació de una realidad. ¿Quién hombrea bolsas ahora?
-¿Qué te inspira saber que hay un millón de chicos en el país que ni estudia ni trabaja?
-Eso es terrible. ¿En manos de quién va a quedar este país? ¿En manos de los que revuelven la basura y viven de migajas? Me da mucho miedo por el futuro. El Gobierno tiene que empezar a educar ya. La mentalidad de la gente en este país es que todo el mundo quiere ser rico en un minuto. Y eso es muy difícil de cambiar. Tenemos que saber que el argentino no es un tipo trabajador. (Repite) No es un tipo trabajador. Tenemos que hablar con la verdad. La gente siempre está pensando en los feriados. Tenemos que saber cuáles son nuestros defectos para luchar contra eso.
-¿Cómo te sentís dando plata a la gente en tu programa, en un país con 20 millones de compatriotas en la pobreza?
-A mí me da alegría que una mujer se ponga a llorar porque se salva y gana el premio, cuando la estaban por echar de la casa. La gente quiere la plata para pagar las deudas. Me da mucho placer, me parece que es lo que hay que hacer. El canal o yo nos podríamos quedar con la plata, pero yo prefiero darla.
-¿Si tuvieras que hacer el balance afectivo de tu vida, dirías que triunfaste en el amor?
-Depende del punto de vista. ¿Qué es triunfar en el amor? Para alguna gente es tener un solo marido, una familia por el resto de su vida y comer perdices. Para otros no. Para mí tampoco. Nunca estuve sin amor y sin estar enamorada. Desde que tuve uso de razón, supe que el amor no es para siempre. Y eso también me marcó. Ahora estoy en una meseta. Estoy feliz, más grande y con las hormonas más calmas. Disfruto de los fines de semana, de mi marido, del sol, del campo, de los animales. Trato de ser feliz.
-Nunca le esquivaste el cuerpo al quirófano. ¿Qué porcentajes ocupan en tu vida lo físico y lo espiritual?
-Hace mucho que estoy con lo espiritual. Sólo que ahora lo dije y alguien empezó con que tengo un gurú. Nada que ver. Weiss es un psiquiatra del Hospital Mount Sinai. Lo físico siempre fue importante porque vivo de mi cuerpo. Ahora que estoy más grande tengo que ocuparme más que cuando era joven y nada se me caía. Con el programa en el aire no podía hacer nada. Cuando paré me hice de todo y estoy contenta. No me arrepiento para nada. Uno lo tiene que hacer. Como hay que hacer sacrificios con la comida para estar bien. Obviamente que es una guerra perdida. El tiempo siempre te gana, pero igual hay que luchar. En cuanto a lo espiritual, me encanta enterarme de cosas sobre la relajación, el más allá, la muerte, la reencarnación.
-¿Esposa, amante, madre, profesional independiente, abuelita?
-Profesional independiente. Ni hablar.
-¿Cómo te ves dentro de diez años?
(Se ríe) -No me veo conduciendo un programa en la televisión. No voy a tener ideas, se me van a acabar de tantos años de pensar. En el futuro siempre me aparece el campo y los animales. Plantar y estar con los perros en la cama. Es muy reiterativa esa idea en mi vida y en mi futuro. Es lo que hago cada vez que voy los fines de semana al campo. Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mis animales.
Para saber más
Producción: F. Argüello y B. Padilla
Vestuario: Marcela Amado, maquillaje: Juan Carlos López. Agradecimientos: Alfombras de Benedicts-Crayon, Arenales 1323; Muebles Fontela, Arenales 1149.
Una chica docil y amable
El fotógrafo Oscar Burriel, que hoy tiene 68 años, fue el responsable de la primera foto de tapa de Susana Giménez en la revista Gente, después de la publicidad del jabón Cadúm que -con el famoso shock- la lanzó a la fama.
"Era una jovencita muy dócil, amable para trabajar. Todavía no tenía el don de estrella. La recuerdo empeñosa. No era la típica modelo ñañosa. Hacía todo lo que le decían." Para esa primera tapa, a principios de los años 70, el fotógrafo fue al departamento de Susana. Llevó su cámara de formato grande y tal como le dijo su jefe de aquella época, un flash de alta velocidad para parar el movimiento del pelo en el aire.
Dice Burriel que Susana tenía "mucho gancho", una cara interesante, con nariz grande y pómulos pronunciados.
Diva expres
- Susana solidaria: aunque prefiere no contarlo, ayuda en forma anónima a hospitales y hogares para niños.Su preocupación principal son los chicos con enfermedades terminales. Envió a Santa Fe, durante la última catástrofe por las inundaciones de este año, toneladas de alimentos y ropa.
- Susana en problemas: cuando en la década del 90 se abrió la causa por la compra supuestamente fraudulenta de autos Mercedes Benz con franquicia para discapacitados, Susana decidió ocultar su coche en el granero de un campo bonaerense. El hecho fue descubierto y se convirtió en un escándalo. Otra de las circunstancias difíciles de su vida, que tomó estado público, fue su divorcio de Huberto Roviralta, en 1998: en una ardiente discusión que tuvo lugar en la mansión de Barrio Parque, Susana le arrojó un cenicero de regulares dimensiones por la cabeza. Por otra parte, a fines de los años 90, se vio comprometida en un escándalo por las donaciones a través de las lineas telefónicas 0600. El caso implicó un enfrentamiento entre su marido, Jorge Rodríguez (por la empresa Hard Communications), y la Fundación Felices los Niños, del padre Julio Grassi.
- Susana y los premios: en julio último, su programa entregó $ 523.750 en premios. A eso se le suma, cada mes, el juego del Bingo que realiza en su ciclo, que reparte entre $ 900.000 y $ 1.000.000. Además, se regalan electrodomésticos y automóviles.
- Susana exitosa: la ven, en promedio, 2,3 millones de personas por día en la Capital y el Gran Buenos Aires. En el interior, el rating del programa es variable, pero se estima en 40 puntos.






