
Todos los días, orquídeas
Dueñas de un exotismo cautivante, tienen fama de ser plantas complicadas, sobre todo para que nos regalen sus preciadas flores. Pero una vez que conozca sus secretos, comprenderá que son tan fáciles de cultivar como cualquier otra especie
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Quizá sea el aura enigmática que rodea a las orquídeas lo que haya impedido que sean tan populares como se merecen. Al aficionado le alegrará saber que el clima de Buenos Aires es apto para muchas de ellas. Podrá disfrutarlas tanto en jardines, terrazas y balcones como en interiores.
Para empezar, conviene elegir los géneros que mejor se adaptan a nuestro clima y que, por esa razón, son los más fáciles de conseguir.
Sorprendentemente, la orquídea tolera un sinnúmero de maltratos, con excepción del frío. Es cierto que, como a cualquier planta, no le gusta la falta de aire ni la sequía. Pero hasta sus pestes son limitadas: hongos y cochinillas principalmente, ambas tratables.
A grandes rasgos podemos dividirlas en dos grupos: las terrestres y las epífitas. Estas últimas, que se adhieren a los árboles por medio de sus raíces gruesas y absorbentes, no hay que confundirlas con las especies parásitas, ya que toman agua y nutrientes del aire, la lluvia y las sustancias orgánicas que se escurren por la corteza donde habitan. Siempre hay que recordar que la mayoría sólo necesita un medio sobre el cual sostenerse: musgo, carbón, piedra partida, perlita o trozos de corteza, solos o combinados. La clave del éxito está en atarlas muy firmes. De lo contrario, sencillamente no crecerán. Utilice un hilo que no se pudra, en especial, grueso de nylon.
En maceta hay que brindarles un suelo suelto que no las aprisione, además de tutorarlas para favorecer el enraizamiento y asegurar un crecimiento erguido. Una buena idea es colocarlas en las características canastas de madera, que contribuyen a la tan necesaria aireación de las raíces.
Si bien la iluminación cumple un papel importante en su desarrollo (cuanto más horas-luz reciba la planta por día, mejor), las orquídeas no soportan los rayos de sol directo durante largos períodos. En cambio, prefieren la media sombra, que variará entre un 50 y un 70% de penumbra, según el género y la especie.
Los riegos, aunque profundos, no deben inundar las macetas. Las orquídeas sólo deben regarse en lo posible con agua de lluvia cuando su medio esté completamente seco, ya que toleran mejor las sequías que largos períodos de lluvia o riegos constantes. Recuerde además que para florecer necesitan un período sin agua o de descanso en los momentos más fríos del invierno.
JARDIN sugiere
- Hasta que adquiera confianza, experimente con las más sencillas: Dendrobium y Cymbidium. También con Onicidium (flor de patito, que crece en forma silvestre sobre la costa del Río de la Plata).
- Use abonos específicos para estas plantas. No improvise con recetas caseras.
- Nunca coloque la maceta sobre un plato con agua.
(Esta nota es una producción especial de la revista Jardín para LA NACION)
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