
Tolerancia Razón humana
El Premio Nobel de Literatura 1995, un gran poeta de origen irlandés, reflexiona aquí acerca del papel que debe ocupar la poesía en particular, y el arte en general, en la lucha contra el racismo. Pensamientos que "fortalezcan el sentido moral y de justicia de los individuos". Nunca más oportuno
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Dublín.- Algunos versos de un poema llamado Conjuro, del poeta lituano Czeslaw Milosz, expresan las convicciones fundamentales sobre las que debe basarse la lucha contra el racismo.
La razón humana es bella e invencible, contra ella no pueden las rejas, ni el alambre de púas, ni la quema de libros, ni las sentencias ni el exilio. Pone lo que debería ser por encima de lo que es. No distingue griegos de judíos ni al amo del esclavo.
Resulta emocionante encontrar las posibilidades ideales de la vida humana expresadas de manera tan poco ambigua y sin vacilaciones. Por el momento, la historia parece haber hecho borrón y cuenta nueva. Los versos evocan la dicha primigenia del comienzo del mundo. Nos inducen a creer nuevamente en la libertad prometida por el Iluminismo y la armonía concebida por los escolásticos, a confiar en la profunda fuente de valores religiosos y humanistas, como si nunca se hubiera contaminado.
Y, sin embargo, en lo que los versos dicen también hay algo problemático. Tienen por cierto fuerza y originalidad, pero a ellos se opone la evidencia de muchos siglos. No es raro, entonces, enterarse de que en el original polaco, tanto en el metro como en el tono de este conjuro se asoma un tono casi cómico. La ironía salva al poema de Milosz de caer en la ilusión y el sentimentalismo; la trágica comprensión que coexiste con la aparente inocencia de su alegato lo vuelve aún más implacable e indispensable.
En el transcurso del siglo pasado, los escritores se tornaron cada vez más conscientes de los sombríos niveles a los que puede descender la humanidad y, sin embargo, sus obras siguieron respondiendo a lo que debería ser tanto como a lo que es. Y creo que el ejemplo de los escritores sirve para todos los que luchan contra el racismo en la actualidad. Los activistas tienen otras prioridades que los artistas, pero también se ven obligados a reconocer la existencia de las atrocidades, sin dejar de tener fe en la posibilidad de algo mejor. La última Conferencia contra el Racismo, de las Naciones Unidas, se realizó en agosto en Durban, Sudáfrica, y las voces de los artistas contribuyeron, sin duda, al diálogo. Los activistas no pueden menos que simpatizar con Milosz cuando este poeta pregunta: "¿Qué es la poesía si no salva a las naciones y los pueblos?" La pregunta alude al poder reparatorio de la poesía, que exige a los poetas ponerse del lado de quien ha sido injustamente dañado y reparar esa injusticia, y estar atentos a todas las miserias que azotan nuestro mundo. Es la pregunta que el poeta debe responder planteando otra: ¿Qué es la poesía que no se dirige a la conciencia, que no expresa una experiencia de exploración a nivel moral?
Por cierto, la lucha contra el racismo debe ser dirigida por los gobiernos, bajo la forma de un emprendimiento educativo y legislativo coordinado internacionalmente. Las naciones y los pueblos deben ser reconocidos y representados de manera igualitaria, deben estar protegidos por leyes justas y recibir un trato civilizado. No obstante, también contribuye a esa lucha cualquier medio que fortalezca el sentido moral y de justicia de los individuos, cada afirmación que vuelva a despertar el sentimiento de dignidad personal y promueva la confianza en la solidaridad humana.
Gran parte de la literatura del siglo último es una denuncia y una defensa de los desesperados y los sometidos, ya sea en los guetos, los campos de concentración, los gulag, pero a pesar de su desolador contenido, esa literatura ha ejercido una influencia positiva: ha tenido el paradójico efecto de levantar el espíritu y crear esperanza.
Sólo debemos recordar la obra de Alexandr Solzhenitsyn para tener presente que la integridad de un escritor puede promover toda una cultura de resistencia. Y también puede lograr un nuevo idioma, como el empleado en la declaración de las Naciones Unidas, titulada Tolerancia y diversidad: una visión para el siglo XXI.
El documento es directo: "Los horrores del racismo -desde la esclavitud hasta el Holocausto, desde el apartheid hasta la limpieza étnica- hieren profundamente a la víctima y degradan al perpetrador. Estos horrores aún persisten bajo diversas formas. Ya es hora de enfrentarlos y de tomar medidas definitivas contra ellos". El documento afirma, además, que "todos constituimos la familia humana", aseveración fundada en el reciente conocimiento científico del mapa del genoma humano. Sin embargo, el argumento científico sólo sirve de refuerzo: su fuerza principal proviene de fuentes morales y filosóficas, de la convicción de que la razón humana es bella e invencible.
Cuando vemos la firma de Nelson Mandela al pie de la declaración, ésta adquiere de inmediato cierto peso moral específico, porque el nombre Mandela -como el nombre Solzhenitsyn- es el equivalente de una reserva en oro, la garantía de que las palabras serán respaldadas por una acción heroica.
Así, al promover la conferencia de Durban, Mandela puede respaldarla con algunas palabras de su libro, La larga marcha hacia la libertad: "Fue durante esos largos y solitarios años que mi hambre de libertad para mi pueblo se convirtió en hambre de libertad para todos los pueblos, blancos y negros. Supe que el opresor debía ser liberado tanto como el oprimido. No soy libre si le quito a otro la libertad, como no soy libre si otro me quita la libertad a mí. Tanto el opresor como el oprimido son despojados de su humanidad".
Estas líneas, como los versos de Conjuro, tienen un brillo incrementado por el trágico saber que subyace en ellas. Mandela es un activista, pero también es un visionario que entiende lo que expresa el poema de Milosz, cuyos versos también podrían haber funcionado como lema inspirador de la Conferencia de Durban. No hay nada improbable en los versos finales de Conjuro:
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Entre ellas será gloriosa la amistad, no tendrá límite en el tiempo. Sus enemigos se han entregado a su propia destrucción
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