
Con textos que mantienen un halo de misterio, encanto y profundidad, este poeta mendocino sabe cómo inquietar a sus lectores.
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Por Walter Lezcano / Foto de Sol Santarsiero
¿Cómo es que un ser humano común y corriente decide de un día para el otro convertirse en algo tan extraño y extravagante como un poeta? En el caso del mendocino Tomás Fadel empezó, como todo lo trascendente, en la infancia. "En mi casa no se leía poesía, casi que no se leía literatura. Mi hermano mayor fue el que arrancó a leer y a pasarme algunos libros", recuerda. De esta manera, un niño de 9 años tuvo entre sus manos a Salinger y a Cheever, y comenzó un camino. Al poco tiempo, Fadel asistió a un taller literario en su Tunuyán natal y surgieron, en simultáneo, los primeros textos y las primeras lecturas poéticas. Fue una época febril. "Ahí empecé a escribir, un montón. A los 14 años imprimí lo que entonces consideré mi primer libro en un negocio cerca de mi casa, donde también lo guillotinaron y anillaron", cuenta Fadel.
En 2009, Tomás realizó un desplazamiento vital para su futuro como escritor: se mudó a Buenos Aires y conoció el taller literario del extraordinario poeta Daniel Durand, donde practicó diversas técnicas de escritura y aprendió a desarrollar los mecanismos necesarios para montar una editorial. Cuenta Fadel: "Pasé de vivir en Tunuyán, un pequeño pueblo nevado de montaña, a ir de acá para allá en la metrópoli de Buenos Aires, intentando comprender qué era en verdad esta cuestión de la poesía, divirtiéndome, emborrachándome y esas cosas". Ese mismo año publicó, dentro de Colección Chapita, Finca, su primer libro. "No me acuerdo de nada de la noche en que lo escribí, pero quien vivía conmigo en ese momento me dijo que me senté en el sillón a eso de la medianoche y que cuando se levantó yo todavía estaba ahí, con el trabajo terminado".
La poesía de Fadel, básicamente, respira independencia y autonomía de cualquier normativa: ya sea desde la forma o la temática. Puede reflejar cuestiones descriptivas, emociones violentas o pasar por etapas crípticas, pero siempre mantiene un halo de misterio, encanto y profundidad que hacen de sus textos momentos que inquietan a los lectores. "Trato de escribir sobre lo que conozco, porque es sobre lo que tengo algo que decir. Aunque en los primeros libros que publiqué se repite el tema de la montaña, el paisaje cuyano, me sirve como punto de partida para algo que necesito decir".
Y, además de traducir y diseñar libros para otras editoriales, ha decidido montar su propio proyecto, llamado Fadel & Fadel. "En principio, trato de publicar textos con un valor especial para mí y que considero que pueden tenerlo para otros. Se relacionan con el carácter poético de la escritura, pero no necesariamente están escritos en verso", explica. Mientras termina dos libros de poesía que saldrán este año, solo tiene un deseo para su futuro: "Ojalá pueda seguir haciendo esto mucho tiempo más, no pido demasiado".
<b>SEÑAS PARTICULARES / MINIBIO </b>
Nació en Tunuyán, Mendoza, en 1990. Traductor y editor, publicó Finca (Colección Chapita, 2010), Miniaturas (Neutrinos, 2013), El recital de Ashbery (Hoja de trabajo, 2014), La montaña (Fadel & Fadel, 2014) y Traducciones de Su Tung P’o , Baudelaire y Louis Zukofsky (Fadel & Fadel, 2015). Participó de la antología 30.30 (Emr, 2013). Codirigió la editorial Colección Chapita junto a Daniel Durand y Matías Heer, y formó parte de la curaduría de Embalse, gimnasio de poesía. Actualmente, desarrolla su propio proyecto editorial, Fadel & Fadel, además de trabajar como traductor y diseñador para distintos medios gráficos.
<b>Cuatro poetas contemporáneos</b>
Mariano Blatt
Martín Dubini
Matías Heer
Aldo Giacometti
<b>Cuatro poetas clásicos</b>
Dante Alighieri
Arnaut Daniel
Louis Zukofsky
John Ashbery
<b>Cuatro editoriales argentinas</b>
Gigante
Barba de abejas
Caja negra
Fadel & Fadel
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