
¿Puede existir un deporte de equipo sin árbitro? Con el Ultimate Frisbee–sin contacto, mixto y autoarbitrado– se pone en práctica, y de verdad, el fair playque tantas veces suena a eslogan. Acá, la honestidad y el diálogo son ley.
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Tiago tiene 14 años. Joe es estadounidense y tiene 50. Mercedes trabaja en una agencia de viajes. Sebastián y su hija llegaron de Uruguay. Ellos son algunos de los jugadores de los ocho equipos que competirán en el Torneo Puro Espíritu, un campeonato de Ultimate Frisbee: un deporte donde no hay contacto físico ni juez que interprete y haga cumplir las reglas. Son ellos mismos quienes tienen la responsabilidad de ser los guardianes del partido. Por eso se habla del Ultimate como "el deporte más limpio del mundo".
Son las ocho de la mañana de un sábado soleado y, para llegar a la Cancha 8 de Ciudad Universitaria, los jugadores deben pasar por canchas de rugby, fútbol y tenis.
-Ahí van los putos del disco -dice un futbolista por lo bajo.
Los ultimateros siguen de largo y caminan hasta la cancha más alejada. Hasta el día de hoy, cuando son alrededor de doscientas personas, a veces se siguen disputando el campo con los futbolistas. Los jugadores desparraman sus mochilas y bicicletas plegables en el pasto. Se cambian las zapatillas de lona por los botines y dejan botellas de agua y mandarinas a su alcance. No hay hinchada ni director técnico.
En este torneo se presentan Big Red, Cadillacs, Disco Stu y Sapukay, de Capital Federal; Espíritu de Fuego Ultimate Moreno (EFUM), el equipo de La Plata, los Petreles de Mar del Plata y Cimarrón, de Uruguay. Se trata de un torneo solidario; esta vez, la inscripción es una canasta de útiles por equipo para ser donada a las escuelas de Saldías, un barrio ferroviario de cien familias ubicado entre Recoleta y Palermo.
Se disponen a jugar por rondas. Siete jugadores se ponen en línea: cuatro hombres y tres mujeres. Enfrente hay el mismo número de jugadores. Los equipos están en una cancha de fútbol, pero podrían estar en un área rectangular con dimensiones similares y sin arcos, ya que no los usan. En el medio solo hay un frisbee.
El objetivo del Ultimate es anotar puntos haciendo pases con el disco entre los jugadores hasta llegar a la zona de gol del otro equipo. Si el disco cae al suelo, inmediatamente el otro equipo deberá reanudar el juego desde ese lugar. Generalmente, los partidos se juegan a diecisiete puntos y duran alrededor de cien minutos.
El deporte es similar al básquet porque los jugadores no pueden correr mientras tienen el disco en las manos y porque el juego es rápido y de gran continuidad. En ambas disciplinas, hay que atrapar pases altos o interceptar al equipo contrario, marcar al poseedor del disco y lanzar en menos de diez segundos. Al Ultimate también se lo compara con el fútbol americano porque se marca un punto cuando se recibe un pase dentro de la anotación del equipo contrario. Pero hay otras características que lo distinguen del resto de los deportes y que son las razones por las cuales la mayoría de sus jugadores lo han elegido como un deporte superador.
–Les pasa el trapo a todos los deportes tradicionales, sobre todo en la idea del espíritu de juego, del autoarbitraje, del juego mixto, de la resolución de conflictos sin violencia –dice Martín Gottschalk, capitán y fundador de Big Red, mientras gira un disco con el dedo índice.
–¡Somos, somos cimarrones! –cantan los uruguayos al ritmo del cancán al tiempo que, abrazados, tiran patadas altas antes de empezar.
Es el primer partido y les toca jugar con Cadillacs, uno de los mejores equipos de Buenos Aires. Los catorce jugadores tienen algunas certezas: no habrá golpes ni insultos. Cuando un jugador haga un gol, no lo refregará en la cara del contrario. Cuando alguien nuevo cometa una falta porque no sabía la regla, van a ser sus propios compañeros los que pararán el juego para explicarle la infracción. Y, cuando un jugador contrario haga una buena jugada, lo felicitarán. Ningún jugador hará una falta a propósito, y cuando una regla se rompa, los jugadores de ambos equipos se pondrán de acuerdo en cómo seguir el partido. Asumirán el diálogo como principal mediador y, si no se soluciona, volverán a la jugada anterior.
–Cualquiera es capaz de jugar al Ultimate, pero tiene que matar ese instinto, que se forma de niños, que es el que dice que ganar es lo más importante y a cualquier costo. Quizá por eso nos cuesta sumar gente –dice el estadounidense Alex Galarza, capitán de Sapukay, el equipo organizador del torneo.
Galarza habla del espíritu de juego, la regla máxima del Ultimate, que alienta la competitividad de alto nivel sin sacrificar el respeto mutuo entre los jugadores. Y dice que en este torneo, donde se jugarán dieciocho partidos durante dos días, los jugadores saben que, cualquiera sea el resultado final, todos volverán a sus casas sin odiar al equipo contrario.
<b> Todo por un pastel</b>
–¡Frisbeeee!–gritó con fuerza un joven luego de hacer un tiro largo en el campus de la Universidad de Yale, y evitó que un plato de hojalata golpeara la cabeza de su compañero. Era 1903 y en Bridgeport, Connecticut, un grupo de estudiantes se divertía tirándose los moldes de los pasteles que fabricaba la empresa Frisbie’s Pie Company. Pasaron los años y esta práctica se popularizó también entre los militares, que, después de la Segunda Guerra Mundial, jugaban a lanzarse estos moldes en los cuarteles. Walter F. Morrison, uno de esos soldados, decidió perfeccionar la lata de pastel y la convirtió en un producto comercial. Aprovechando la llegada del plástico, ideó un nuevo modelo: el Disco de Plutón. En 1965 la fábrica de juguetes Wham-O compró la patente, hizo frisbees más ligeros y exportó a varias partes del mundo.
Si bien el juego inicial consistía en hacer lanzamientos libremente durante horas en un campo abierto, fue en 1968 cuando el Ultimate nació como deporte. Ese mismo año, Bobby Kennedy y Martin Luther King eran asesinados y los hippies politizados comenzaban a alinearse con el movimiento de derechos civiles.
En ese contexto, un grupo de alumnos de secundaria de Maplewood, Nueva Jersey, adoptó las reglas de otros deportes y desarrolló uno nuevo. Se comprometieron a jugar sin agredirse.
–Se llamará Ultimate por ser la máxima experiencia deportiva. Algún día todas las personas del mundo lo jugarán –dijo el estudiante David Leiwant, de 13 años.
Casi medio siglo después, el Ultimate Frisbee se juega en ochenta países y se estima que siete millones de personas lo practican. A Sudamérica llegó por Venezuela y luego se expandió a Colombia. Muchas universidades y colegios practican el deporte y cuentan con programas del Estado que designan a ultimateros para que den clases a niños de barrios marginales. Así fomentan la resolución de conflictos por medio del diálogo. Muchos hablan del frisbee como "el disco maestro".
En la Argentina, los comienzos del Ultimate se remontan a 1997, cuando Demian Hodari, un estadounidense que vivía en Buenos Aires, decidió que quería continuar practicando el deporte que tanto amaba, y dejó la semilla del Ultimate a su sucesor, Scott. Él también, por cuestiones laborales, dejó el país, pero antes de irse les regaló un frisbee, con la leyenda "La buena onda", a los argentinos Daniel Prieto y Martín Muck, quienes se convirtieron en los abanderados del Ultimate argentino. Hoy desde ADDVRA, la Asociación de Deportes del Disco Volador de la República Argentina, se coordina la difusión y el crecimiento de los deportes con disco a partir de torneos, ligas, cursos y congresos.
<b> Todos ganan</b>
El último día del Torneo Solidario, el césped brilla intensamente bajo el sol del mediodía. Los Petreles de Mar del Plata avanzan hacia la cancha imitando el vuelo de las aves marinas. Los de Disco Stu, en círculo, extienden sus brazos hacia el centro, con una mano encima de la otra, y luego se sueltan gritando un fuerte "STUUUUU". Los jugadores de Cadillacs rugen como potentes motores. El equipo Sapukay lanza con fuerza el grito de la provincia de Corrientes, de liberación.
–Por ti seré, por ti seré, vamos Big Red –cantan al ritmo de "La bamba" los jugadores del equipo del oso verde. Una vez terminado el partido con La Plata, titulares y suplentes de ambos equipos se sientan en un gran círculo, intercalados. Es la hora de otro encuentro importante: el círculo de espíritu. Es el tiempo de desahogo, una manera de limpiar las posibles asperezas que hayan quedado.
En la ronda también se debate sobre el espíritu de juego, que se evalúa y se premia. Se reparten unas planillas de calificación con el objetivo de educar a los equipos y se examinan diversos aspectos: el conocimiento y el uso de las reglas, las faltas y el contacto cuerpo a cuerpo y la actitud positiva.
–En otros deportes, jugás un partido con desconocidos y te vas a tu casa sin saber ni siquiera los nombres. No te reís ni reflexionás con ellos –dice el colombiano Camilo Gómez, quien le dedica al frisbee 35 horas semanales.
Disco Stu será el campeón luego de jugar un partido muy peleado contra Big Red, en el que se definirá por "gol de oro", y EFUM no conseguirá estar ni siquiera en el podio. No les importará. El equipo de Moreno recibirá el premio más importante y festejado: el del Espíritu de Juego. Los jugadores volverán a sus casas eufóricos y con medallas de chocolate en las mochilas. Al pasar por las canchas de fútbol, se encontrarán con una escena caldeada: un tiro libre seguido de empujones.
–Se vienen las piñas –dirán los ultimateros, al paso.
El sol seguirá azotando la vista, pero unas nubes duras llegarán cuando el árbitro muestre la tarjeta roja.
MÁS INFORMACIÓN: Si es la primera vez que jugás, podés ir al Campo de Deportes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) los sábados a partir de las 16.30. Cancha 8, Ciudad Universitaria. Contacto: contacto@ultimateargentina.com.ar






