
María Soledad, la dueña de casa, es ingeniera. Tras vivir varios años fuera del país, compró este departamento porteño con la intención de renovarlo a fondo y transmitirle su personalidad
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Producción: Cristina Solanet | Fotos: Daniel Karp | Texto: Soledad Avaca Cuenca.
Por recomendación de su madre –que había remodelado con él un pequeño bar de su propiedad–, María Soledad contrató al arquitecto Valentín Picchiello. "Mi estrategia se basó en una buena combinación de materiales, colores y terminaciones para aplicar las ideas que María Soledad ya tenía en mente, y para poner en práctica mis consejos y sugerencias". Ella, que en sus tiempos libres también es maquilladora, explotó su costado más estético para ocuparse personalmente de la decoración. "El lugar era triste, lúgubre, y logró darle alegría con su impronta. De antemano, me pasó las medidas de los muebles que iba a traer, lo que fue clave para optimizar al máximo los recursos y las posibilidades que teníamos. En un departamento con tan pocos metros, resultó importantísimo para orientar el proyecto", añade el arquitecto.
Ingenio en acción
* Más allá del espacio reducido, la dueña de casa no tuvo que renunciar a su lavarropas de carga superior: se ideó una mesada con placa de mármol que se abre o se cierra de acuerdo a la necesidad. Sin restar espacio de apoyo ni de preparación de los alimentos, el lavarropas se oculta cuando no se usa.
* Cuando los metros no alcanzan, no siempre hay que renunciar a los espacios de guardado o exhibición. Al socavar una de las paredes del departamento se pudo agregar una biblioteca empotrada para libros y objetos de decoración.
* A modo de curiosidad, en el baño se usó una mesada continua que ingresa al sector de ducha como un espacio de apoyo práctico y funcional. La dueña de casa lo aprovecha con canastos de mimbre para tener a mano sus productos de belleza.






