Un muchacho todo terreno

A los 38 años, Diego Reinhold goza del privilegio de ser uno de esos pocos actores difíciles de encasillar. Es que lo hace todo y bien. Baila, canta, dirige, escribe y hasta protagoniza dos obras en la calle Corrientes: el unipersonal Yo (una historia de amor) y la ópera rock El pasajero
Fabiana Scherer
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10 de abril de 2011  

Yo me tuve que inventar." Lo dice serio, enérgico, esperando la reacción del otro. "Tuve que salir a inventarme -reafirma Diego Reinhold, el hombre al que nadie se anima a encasillar, el que parece poder hacerlo todo y bien-. Hoy tengo una cajita de herramientas muy importante. No se puede creer todo lo que hago dentro de la industria (es bailarín, actor, director, mimo, cantante, conductor, escritor, coreógrafo); todos los lugares que puedo abarcar."

Lejos de pecar de soberbia o de falsa modestia, Reinhold se sorprende de sus palabras, como si necesitase decir en voz alta lo que conquistó a sus 38 años."Mi oficio primario es el de actor, es lo que me permitió acceder a personajes tan disímiles. Empecé a estudiar teatro a los diez años (con maestros como Fernando Piernas y Hugo Midón), y no paré. A los 19 arranqué con danza. Trabajar como actor era difícil, en cambio como bailarín tenía más chances. Poco a poco pude ir haciendo las dos cosas. Hoy bailo porque lo disfruto y en Yo (una historia de amor) -el unipersonal que presenta en el Paseo La Plaza- me doy el gusto de hacer algunos numeritos, pero el cuerpo ya no me da como antes."

Versátil por sobre todo, Reinhold es uno de esos actores todoterreno que han sabido cómo dejar su marca en cada espectáculo en el que participaron, sin importar el medio. Por eso con él era frecuente escuchar el clásico ¿De dónde te tengo? Hasta que llegó Charly, el personaje que inmortalizó en Los exitosos Pells, con el que obtuvo el reconocimiento masivo. "Uf... Charly cambió mi manera de vivir -comenta-. Qué sé yo. Recién venía en el subte y no miré a nadie... Te juro que a nadie. No tengo idea de cómo eran, nada. Evité el cruce de miradas, no me atrevo a mirar a la gente porque no soporto que me devuelvan la mirada y pase algo. Voy como los caballos, con anteojeras."

-¿Llegaste al extremo de disfrazarte para que no te reconozcan?

-[Risas] No. Hoy me pasa esto de andar con anteojeras, pero hay momentos en los que me siento más extrovertido y si me saludan, saludo y hasta me saco la foto. Es raro esto de que te identifiquen, que te griten. En realidad, muchos me siguen llamando Charly. La verdad es que todavía estoy investigando todo esto. Ojo, quizá sólo se trate de un prejuicio personal, tal vez podría seguir con mi vida, ir a los lugares adonde iba siempre, descontrolarme y olvidarme de todo. Pero parece que en realidad me importa el qué dirán.

-Justamente en el unipersonal Yo (una historia de amor) hacés referencia a lo que viene pegado con la fama, la imagen y el ego de los actores.

-La imagen excede al actor, se desprende, empieza a circular por todos lados como si tuviera vida propia. Este no es un tema que me persiga demasiado. En cambio, la fama sí es algo que me perturba. Obviamente hay varios rollos míos en escena, pero no sólo es eso.

-¿Hacés terapia?

-Ya no me analizo, lo hice durante mucho tiempo, pero ya no.

Sin el diván pero frente a una gran pantalla de casi 10 metros, Diego se enfrenta con su imagen proyectada en una intensa sesión de psicoanálisis en la que "el yo interior" cobra voz propia. "Es una gran apuesta, te digo más, es una instalación artística", se ríe y hace referencia a ese recurso de actuar con su imagen y aquellas otras que pasean por la pantalla y recuerdan a clásicos del cine, gags animados y personajes inolvidables como Shirley Temple, Michael Jackson, Charles Chaplin y hasta la Pantera Rosa. En el medio de ese cuidadísimo trabajo coreográfico, el actor se permite monologar y sacar provecho del arte del stand up que tan bien conoce (integró las primeras tres ediciones del exitoso Cómico Stand Up) y así generar cierta complicidad con el público. "Hasta el año pasado no salía al escenario si no tenía todo calculadísimo, qué bárbaro, ¿no? Porque éste es el espectáculo donde más exposición tengo y me animo a salir, en esos momentos en los que hago el monólogo, a improvisar -confiesa-. Antes eso me provocaba un pavor que no podía soportar. Necesitaba saber lo que iba a decir, cada punto, cada coma; lo practicaba una y otra vez."

Inquieto e hiperactivo, Diego no detiene su mirada y observa todo lo que pasa a su alrededor. No para ni un segundo, es un auténtico workaholic. "ACV, ya se ve venir", dice y pone a prueba nuevamente su sentido del humor. "Es cierto, no paro, pero disfruto de todo lo que me está pasando."

-Como el reencuentro que tuviste con Elena Roger en Mina... che cosa sei?, el musical que reestrenaron este verano.

-Es como ir a masajes. Con Mina... che cosa sei? no hay riesgos. Hago chistes, toco el saxo -en qué otro lugar voy a tocarlo-, canto tres canciones y, de yapa, la escucho a ella. Elena es como un Rivotril.

No es frecuente que un actor tenga dos obras en cartel en la calle Corrientes. En el Paseo La Plaza lo hace con el unipersonal y en el teatro Tabarís con la ópera rock El pasajero (Passing Strange, de Mark Stewart), un innovador musical que el cineasta Spike Lee trasladó a la televisión y que acá cuenta con la dirección general de Ana Frenkel y la dirección artística de Florencia Peña y María Onetto.

"La obra es maravillosa. Lloré en todos los ensayos. Es un viaje de exploración, de escape, de reencuentro con uno mismo, una búsqueda hacia lo real en que se transita por un camino repleto de hipocresía, de drogas, sexo y amor", cuenta Reinhold, el protagonista de la historia que tiene como compañero de ruta a Javier Malosetti, quien toca en vivo y oficia de relator. "No paro de llorar y de reír. Paso de un estado a otro como con un simple... [chasquido de dedos]."

-Se cumple el sueño de llegar a ser como Sandrini.

-Sí, sí, sí. Mis viejos siempre decían: Mirá a Sandrini, te hace reír y te hace llorar, ése sí que es un actor. Una estupidez. Lo bueno de hacer reír y llorar es que como actor tocás todas las notas, las blancas y las negras también.

Extrasensorial

Seis meses fueron los que tardó para poder decir con palabras propias lo que estaba escrito en las pizarras de Demoliendo teles, el ciclo de El Trece que conduce junto a Luis Rubio. "Seis meses, parezco un tarado, pero no es nada fácil. Me trababa muy seguido -reconoce-. Pero, qué le voy a hacer, me fascinan los desafíos."

Dicen que a los de Piscis les gusta el misterio, el ridículo, perderse y, por sobre todo, soñar. Y Reinhold es pisciano hasta la médula (nació un 28 de febrero). "Me identifico con muchas cosas. Entiendo a la astrología como una ciencia, pero no soy de los que están pendientes del horóscopo día a día -asegura-. Lo que sí sé es que Neptuno entró en Piscis el 4 de abril, después de 180 años. O sea, que lo voy a sentir cabalmente. Este es mi año. El otro día se lo decía a un amigo y me puse a llorar. Va más allá de Neptuno, este año me están pasando cosas maravillosas. Comencé con el unipersonal, ahora estoy con la ópera rock, sigo con la tele y estoy pasándolo muy bien. Toda acción tiene su reacción."

Por más de tres años y medio, Diego estuvo metido en una escuela de magia espiritual que respondía a la cábala Rosacruz. "Entendí cosas de la vida y del teatro a partir de lo que vi ahí."

-¿Por ejemplo?

-En el teatro pasan cosas que la ciencia no puede explicar. Qué sé yo, pienso en algo gracioso, sólo lo pienso, no lo digo, y la gente se ríe porque existe una transmisión, algo que la ciencia no reconoce. Me fascinan la cábala, el tarot.

-También te interesa todo lo relacionado con los ovnis.

-No soy Fabio Zerpa, pero tuve mis experiencias, leves, pero las tuve. Hoy estamos más abiertos en este terreno, no por nada se dijo que la ONU iba a designar a una embajadora para posibles contactos con alienígenas (se pensó en la astrofísica malasia Mazlan Othman; luego se desmintió la información). Sospecho que alguien sabe más que nosotros, tengo la sensación de que ya saben cuándo se hará el contacto.

"Quiero creer", decía Fox Mulder (David Duchovny) en Los expedientes secretos X. "Yo creo -dice Reinhold- y además soy optimista porque el mundo es maravilloso y lo que se viene es aún mejor."

En internet: www.diegoreinhold.com.ar

Agradecimiento: Indumentaria Los Blanco

¿DE DONDE TE TENGO?

Nació el 28 de febrero de 1973.

Se formó en actuación, canto y baile.

Entre sus interpretaciones inolvidables en el teatro se encuentran: Cocorito, en Huesito caracú, el clásico de Hugo Midón; Peter Pan, La Fiaca y Mina... che cosa sei?, ambas junto a Elena Roger; las tres primeras ediciones de Cómico Stand Up e Incomparable, junto a Miguel Angel Cherutti y Carmen Barbieri.

En televisión fue Charly en Los exitosos Pells y se quedó con el Martín Fierro Revelación en 2009; participó en Nico trasnochado, Botineras, Sos mi vida, Amor mío, La niñera y los infantiles Mandarina y Hora libre.

El cine no le fue ajeno. Recientemente participó en Miss Tacuarembó, donde también realizó las coreografías. Colaboró en el guión del film animado Plumíferos y participó en El día que me amen, La entrega, Bajo bandera y La suerte está echada.

En la actualidad protagoniza Yo (una historia de amor), unipersonal que escribió, dirige y actúa en el Paseo La Plaza; El pasajero, en el teatro Tabarís y Demoliendo teles, con Luis Rubio en El Trece.

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